
Mtro. Salvador López Santiago
El 11 de junio 2026 comenzó la vigésima tercera edición de la Copa Mundial de la FIFA, la primera en contar con 48 equipos y tres países anfitriones: Canadá, México y Estados Unidos. En el caso de nuestro país, nuevamente hicimos historia al convertirse en el primero en ser anfitrión de tres ediciones de la Copa Mundial de la FIFA; a su vez, el Estadio Azteca —Estadio Ciudad de México—, el único en recibir el partido inaugural en igual número de veces (no recibiremos la final), donde la Selección Nacional se impuso 2 a 0 contra Sudáfrica.

Desde entonces, México se apoderó del Mundial a pesar de que solamente recibimos 13 de los 104 partidos; a pesar de los elevados costos de los boletos; a pesar de que la FIFA se ha empeñado en hacer del fútbol un producto de élite: a pesar de eso y más, la afición mexicana ha demostrado que la esencia del mundial está en la gente porque este evento deportivo rebasa por mucho lo que pasa en los estadios y en el terreno de juego, para muestra los festejos que hemos visto en distintas plazas públicas o en expresiones que se han grabado en el imaginario colectivo, como el popular: ¿Y si sí?

Esta expresión compuesta por tres palabras es muy poderosa porque invita a soñar a partir del optimismo racional. A México no le puedes decir que no, nunca. Con ese mantra de vida, desde 1994, cada cuatro años me resulta inevitable emocionarme con el Mundial y obviamente, siempre estoy con la selección y está ocasión no es la excepción. La diferencia es que, en años anteriores, mi apoyo fue desde la esperanza e ilusión, ahora lo hago a partir de la confianza y entusiasmo por el buen desempeño que ha demostrado la Selección Nacional, por eso estoy seguro de que el domingo eliminamos a Inglaterra.

A través del tiempo, una y otra vez hemos demostrado que un mexicano no abandona a otro mexicano. Además, las mejores actuaciones de la Selección Nacional han sido en nuestro país, al quedar en sexto lugar en los mundiales de México 1970 y México 1986. ¿No sé ustedes?, pero yo elijo creer, porque bien dice la cultura popular: en mi casa y con mi gente se me respeta. Hace cuarenta años llegamos al famoso quinto partido.
Hoy, estamos de regreso en territorio azteca y nuestra selección tiene todo para lograr una participación histórica, de hecho, ya lo está haciendo. Junto a Francia y Argentina, la Selección Nacional fue de las pocas escuadras en ganar sus tres partidos durante la fase de grupos; luego de cuatro partidos, sigue sin recibir gol; y después de cuatro décadas se volvió a ganar un partido de eliminación directa. Todos estos ingredientes amalgamados por la expresión: ¿Y si sí?, han despertado una euforia que literal y figurativamente ha cimbrado la tierra durante las celebraciones.

Además, el territorio nacional parece estar predestinado a recibir momentos mágicos en la historia del deporte más popular y maravilloso del mundo. En México se consagraron Pelé en 1970 y Maradona en 1986; en México se jugó el llamado partido del siglo entre Alemania e Italia en 1970. En 2026, se han superado aquellos logros que parecían imposibles, para empezar, Guillermo Ochoa acude a su sexta Copa, récord que compartirá solo con Cristiano Ronaldo y con Lionel Messi (obvio que el papel del mejor de la historia y el del portugués es mucho más destacado que el del arquero mexicano, pero el solo estar vigente 20 años, tiene un gran mérito).
Otro dato que enorgullece y despierta el nacionalismo en su esencia más pura, es el hecho de que el jugador más joven del Mundial 2026 es el mexicano Gilberto Mora, quien llegó al torneo con 17 años y 240 días. Guardadas proporciones, su caso se compara con leyendas como Pelé y Ronaldo Nazario, quienes debutaron en Mundiales siendo adolescentes. Parecen datos anecdóticos, pero en realidad son grandes momentos y coincidencias de la historia mundial del fútbol que eran muy improbables; y ¿saben algo?, era todavía menos probable que México volviera a ser elegido como sede.
Lo que quiero decir con esto es que existen todas las condiciones para que ocurran cosas fantásticas. Entonces, soñemos en grande, porque al final del día, serán 11 guerreros en la cancha que sabrán defender el verde, blanco y rojo que le pertenece al pueblo de México. En este mundial vamos a pasar del “ya merito”; del “no era penal”; del “jugamos como nunca y perdimos como siempre”; al “sí se pudo”, porque los mexicanos somos herederos de una fuerza combativa que no se sabe rendir y ahí vuelve a retumbar un deseo sintetizado en la expresión: ¿Y si sí?
*Orgullosamente mexiquense.

Licenciado en Derecho, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Maestro en Ciencia Política, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).
Maestro en Derecho Electoral, Escuela Judicial Electoral (EJE) del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Coordinador de Innovación Gubernamental del H. Ayuntamiento de La Paz, Estado de México 2025-2027.

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