25 mayo, 2026

Reporteros en Movimiento

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* Popo Park se entingue entre el abandono y la indiferencia.
* Existe un limbo legal.
* Los vecinos intentan rescatar lo que queda de esta arquitectura.

Por: Lina González/Juan Lázaro/ reporteros en movimiento.com.
14:20 hrs.
Atlautla, Estado de México. 25 de Mayo de 2026.- En las faldas de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, donde el aire aún conserva el aroma a pino y la quietud de la montaña, resisten los vestigios de un capricho aristocrático que el tiempo y las leyes parecen haber condenado al olvido.

Popo Park, una apacible delegación del municipio de Atlautla que hoy alberga a poco más de 1,200 habitantes, fue a finales del siglo XIX el epicentro del lujo, la exclusividad y el refinamiento de la alta sociedad porfiriana.

Sin embargo, hoy sus imponentes chalets suizos y casonas de piedra volcánica sufren un lento e implacable deterioro ante los ojos de una comunidad que lucha sola por preservar su memoria.
El origen de este singular rincón boscoso se remonta a la década de 1890, cuando un inversionista norteamericano, recordado como Mr. Hall, quedó prendado del paisaje y obtuvo el beneplácito del entonces presidente Porfirio Díaz para fundar un fraccionamiento de élite.

El nombre mismo —una amalgama entre la primera sílaba del coloso «Popo» y el vocablo inglés Park— nació con la intención de proyectar un estatus internacional.

Durante dos décadas (1890-1910), el lugar vivió una auténtica época de oro. Conectado de forma directa por el Ferrocarril Interoceánico y las vías del tren México-San Rafael-Atlixco, Popo Park recibía cada fin de semana a la crema y nata de la política, la ciencia y la economía del país.
El pasaje de tren, con un costo de $2.30 pesos de la época —una fortuna inaccesible para las comunidades locales de Atlautla u Ozumba—, era el boleto de entrada a un «resort» de montaña que competía con los paisajes alpinos de Europa.

Los Ilustres Huéspedes de la Piedra Volcánica

Entre los frondosos senderos de Popo Park se paseaba el círculo íntimo del poder.
El propio presidente Porfirio Díaz Mori y su esposa, Carmen Romero Rubio, contaban con una imponente residencia de descanso hecha de piedra volcánica para evadir el bullicio de la capital.

A ellos se sumaban sus hijos, Porfirio Díaz Ortega y Amada Díaz, junto a su esposo Ignacio de la Torre y Mier.
También distinguidos miembros de «Los Científicos» y el Dr. Eduardo Liceaga, pionero de la salud pública en México, construyeron en este punto sofisticadas quintas donde las tardes de té frente a la chimenea y las galas en el fastuoso Hotel Casino dictaban el ritmo de la vida aristocrática.

El estallido de la Revolución Mexicana en 1910 sepultó abruptamente la bonanza.
Al ser un símbolo de la cúpula porfiriana y del capital extranjero, el fraccionamiento se convirtió en un blanco vulnerable.
El Hotel Casino fue incendiado y las familias acaudaladas huyeron, dejando atrás una infraestructura que jamás recuperaría su brillo original.

El Vacío Legal y la Impotencia de las Dependencias Federales

La gran preocupación que hoy embarga a los cronistas locales y a los habitantes de Atlautla es el evidente deterioro de este patrimonio arquitectónico civil, el cual se encuentra atrapado en un complejo laberinto legal y burocrático que impide su rescate institucional.
A pesar de las constantes quejas y solicitudes de la comunidad, ni el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ni el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) han podido intervenir para proteger estas joyas de finales del siglo XIX y principios del XX.

Esta parálisis institucional responde a tres severos candados.

El «Candado» Cronológico de la Ley

La Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos establece una frontera rígida.
El INAH tiene competencia exclusiva sobre los monumentos históricos construidos desde el siglo XVI hasta el 31 de diciembre de 1899.
Por su parte, el INBAL atiende los monumentos artísticos edificados a partir del 1 de enero de 1900. Dado que Popo Park se desarrolló justo en la frontera del cambio de siglo (1890-1910), la mayoría de sus inmuebles caen en un limbo temporal, quedando relegados de las prioridades de conservación centralizadas, las cuales suelen enfocarse en el patrimonio prehispánico o colonial.

El Régimen de Propiedad Privada y Litigios

Al no ser una «zona fantasma», la gran mayoría de los antiguos chalets y los restos del Hotel Casino tienen dueños legítimos. Muchas casonas lucen abandonadas o en ruinas debido a complejos juicios sucesorios (intestados) con múltiples herederos que ya no viven en el país, o bien por el altísimo costo que representa el mantenimiento de la piedra volcánica.
Al tratarse de propiedad privada, el INAH y el INBAL tienen prohibido por ley destinar recursos públicos para su restauración, a menos que se ejecutara una expropiación cultural que las finanzas públicas actuales no contemplan.

Asfixia Presupuestal

Las delegaciones federales del centro del país padecen severos recortes, por lo que priorizan zonas arqueológicas de alto impacto turístico o templos religiosos antiguos que aún prestan servicio a la comunidad, dejando la arquitectura civil porfiriana al final de la lista.

El Despertar de la Comunidad frente a la Inacción

La muestra más fehaciente de este desamparo institucional ocurrió recientemente, cuando el histórico arco de entrada de la antigua estación de ferrocarril, con más de 130 años de antigüedad, fue derribado por un conductor en estado de ebriedad.
Pese a los desesperados llamados vecinales exigiendo apoyo técnico y financiero al INAH y al municipio de Atlautla, las autoridades hicieron oídos sordos.
Fueron los propios habitantes de Popo Park quienes, de manera organizada, cooperaron económicamente, contrataron mano de obra especializada y levantaron el arco con sus propios recursos para evitar que un pedazo crucial de su identidad se convirtiera en escombro.

Hoy, Popo Park resiste entre el orgullo de su gastronomía local, como sus tradicionales tlacoyos de maíz azul, el misticismo de sus fiestas patronales a San Francisco de Asís y el mudo testimonio de sus casonas de piedra.
Mientras los letreros de «Propiedad Privada» resguardan los vestigios del que fuera el resort más lujoso de México, la falta de una declaratoria oficial como «Zona de Monumentos Históricos» amenaza con desaparecer, ladrillo a ladrillo, una de las épocas más doradas de la historia arquitectónica nacional.

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