• En muchas democracias contemporáneas, los partidos políticos deberían ser el reflejo de la voluntad ciudadana, espacios de participación y representación auténtica de los intereses sociales, no empresas familiares con ánimo de lucro.15:00 hrs.Gente Audaz/Ángel Martín Yépez
Es evidente cómo eventos como el que hoy protagonizó la militancia del Partido Verde en Valle de Chalco, liderada por Juan Carlos Soto Ibarra y respaldada por el líder estatal José Alberto Couttolenc Buentello, evidencian un patrón recurrente, la transformación de los partidos políticos en verdaderas empresas familiares dominadas por el nepotismo.
La historia nos ha enseñado que, en estas circunstancias, los partidos dejan de ser espacios de participación ciudadana para convertirse en plataformas de privilegios y favores personales, una realidad que quienes están dentro del municipio conocen bien y que, lamentablemente, sigue perpetuándose sin que haya una verdadera voluntad de cambio.
Desde hace varios años, la estrategia de Juan Carlos Soto ha consistido en acumular seguidores para sus proyectos, los cuales, en la práctica, benefician principalmente a él mismo y a su familia.
La población y la clase política vallechalquense han sido testigos de cómo los partidos en los que ha participado se han transformado en verdaderas empresas familiares, en las que unos pocos controlan las candidaturas y los cargos de elección popular siempre vinculados de manera personal a él, ya sean hermanos o cuñados. Algunos que ya ocuparon puestos públicos y otros en funciones, José Guadalupe Ibarra Soto (regidor), Luis Martín Saldaña López (regidor por dos ocasiones, actualmente en funciones, Maribel Soto Ibarra (regidora activa en San Miguel de las Pirámides), o familiares que presuntamente están como aviadores en la Secretaría del Medio Ambiente del gobierno del Estado de México.
Este comportamiento socava los principios fundamentales de pluralidad y transparencia que deberían guiar la política, evidenciando una práctica elitista y clientelista que perpetúa la corrupción y limita la participación democrática real.
Si no hay que preguntarles como les fue en la feria a personajes como Eladio Romero Meza, Jovanni Jair López Peñaloza, Samuel Reyes Ortiz, Moisés López Moreno, María Esther Bravo, Alelí Arcadio Castillo, Francisco Díaz Correa, Armando Meza, Ángel Magdaleno, Miguel Pérez, Gustavo Ladinos, Miguel Hernández y Efraín Caballero entre otros, quienes durante algún tiempo fueron personajes cercanos a Soto Ibarra, líderes y políticos que fueron utilizados de escalón.
Y la evidente fractura del Partido Verde en Valle de Chalco que tiene con su cuñado Luis Martín Saldaña López, que hasta dónde nos quedamos era el Delegado Municipal de este instituto político.
Al interior del propio partido, algunos señalan que el verdadero negocio de Soto Ibarra no radica en los cargos públicos o en el supuesto mal manejo de programas sociales como el de emprendedores que manejó hace unos años. La exigencia de que los regidores que coloca en diversos municipios le entreguen la mitad de su sueldo parece ser simplemente una forma de obtener recursos para sus “chicles”, más que un acto de corrupción institucional. Su objetivo real, señalan, es negociar obra pública para beneficiar a su constructora, un negocio millonario que le permite acumular riqueza. Además, invierte en bienes raíces, y aunque presume ser de Valle de Chalco, ya ni siquiera reside allí; solo mantiene negocios y propiedades en esa zona, evidenciando una desconexión con su comunidad y una orientación centrada en el lucro personal.
Ahora conocemos el desenlace de la historia y el destino que aguarda a estos nuevos liderazgos que se han sumado al proyecto en Valle de Chalco, impulsados por la esperanza de ser reconocidos y tomados en cuenta. Sin embargo, muchos de ellos no son novatos en estas lides políticas; han atravesado ya experiencias de traición y desilusión en el pasado. La pregunta clave es si podrán confiar en un sistema que, una vez más, parece condenarlos a la misma incertidumbre y a la misma traición, o si esta vez lograrán abrirse paso en medio de las viejas dinámicas de poder que parecen condenar a los nuevos actores a un destino ya conocido, estar eternamente trabajando y esperando en la banca o un puesto en el ayuntamiento para salir a barrer calles

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