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2 julio, 2022

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A 30 años de aportes en estudios de género del CIEG, la UNAM aún no ha priorizado su institucionalización

Por. Diana Hernández.

13:25 hrs.
Ciudad de México/ Cimac. 23 de junio del 2022 .- Este 2022, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) está celebrando 30 años de la creación del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG). En estas tres décadas, el CIEG se ha posicionado como un referente sobre el tema, incluso a pesar de que todavía no se le ha otorgado el carácter de instituto. También, a pesar de la violencia de género que sigue transitando los pasillos de la UNAM.

La necesidad de académicas y universitarias de tener una institución como el CIEG nació en 1979. Ese año, en la Facultad de Psicología se presentó el Grupo Autónomo de Mujeres Universitarias (GAMU). Este grupo, conformado por estudiantes y académicas, tenía el objetivo de generar una conciencia feminista al interior de la UNAM, sus facultades y preparatorias.

Más adelante, en 1984, nació el Centro de Estudios de la Mujer (CEM), y en 1992 nació el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG). Este último concretó un compromiso firmado por la UNAM en 1990 para continuar realizando estudios de género.
Años más tarde, el programa finalmente se convirtió en el CIEG. Dicho centro tiene por objetivo hacer aportes desde lo teórico y lo práctico en materia de género. Por medio de estas contribuciones se pueden ofrecer respuestas a problemáticas complejas –como la violencia y las desigualdades hacia las mujeres– desde una mirada interdisciplinaria. Pero ¿qué tanto se ha avanzado en el tema dentro de la institución?

La UNAM: sin un instituto y con violencia de género en sus aulas
A lo largo de los años, el CIEG ha convocado a diferentes activistas y teóricas feministas en su labor investigativa. Mujeres como Rosa Campoalegre y Marcela Lagarde han dictado conferencias en sus aulas y publicado bajo el sello editorial del CIEG. Además, somos miles quienes recurrimos a esta fuente al hablar sobre feminismo o los fenómenos sociales que afectan a las mujeres en México.

Pese a esto, la UNAM no ha priorizado la institucionalización del centro de investigaciones. Esto lo convertiría en un organismo permanente dentro de la universidad y le brindaría la posibilidad de ampliar sus actividades en la docencia y y en el campo de la investigación. De igual forma, el CIEG dejaría de depender de la Coordinación de Humanidades.

Esta ampliación es sumamente importante al pensar en el contexto de violencia de género que permea a la sociedad mexicana actualmente. Además, hay que considerar que la UNAM no está exenta de este tipo de violencia, pese a sus grandes aportes teóricos sobre el tema.

En años recientes, diferentes instituciones de la máxima casa de estudios en México han enfrentado casos y señalamientos por violencia contra las mujeres. Quizás el más grave ha sido el feminicidio de Lesvy Berlín Osorio en los alrededores de la Facultad de Ingeniería.

Sin embargo, en la universidad también ha habido señalamientos de violencia en contra de diversos académicos. En 2020, por ejemplo, la Facultad de Química expulsó a los profesores Mario Chin y Arturo Zentella por haber realizado comentarios misóginos e insinuaciones sexuales a las alumnas durante sus clases.

Además de esto, en escuelas como la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), colectivas feministas se han unido a movimientos como #MeToo para exponer a otros profesores e investigadores por agresiones que van desde acoso hasta el mansplaining. También han protestado por la falta de apoyo institucional en el caso de Mariela Vanessa Díaz Valverde, una joven estudiante de Letras Hispánicas desaparecida desde abril de 2018.
Urgente llevar la teoría a la praxis
Durante el foro “Triangulaciones activistas y académicas: (re)pensando al feminismo contemporáneo”, celebrado este 28 de abril en el marco de las celebraciones por los 30 años del CIEG, Gisel Tovar Cervantes, profesora de la FFyL e integrante del centro, afirmó que es necesario que el arte, el activismo y la academia dejen de pensarse como esferas separadas y pasen a formar parte de una misma acción contra la violencia de género.

La doctora María Isabel Belausteguigoitia Rius, directora del CIEG, comparte la opinión de Tovar Cervantes. Para ella, es importante recordar que cientos de activistas y defensoras de mujeres se han formado en las aulas de la UNAM. En este sentido, la pregunta central para la investigadora es: ¿cómo unir, dentro de las mismas aulas, la formación académica con una práctica política en materia de género?

Solo al saltar las fronteras que suelen dividir las dos dimensiones, de la mano de instituciones sólidas dentro y fuera de la academia, habrá avances visibles para las mujeres mexicanas hacia un camino libre de violencia y pleno en derechos y respeto a la diversidad.

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