
Por. Diana Hernández.
15:25 hrs.
Ciudad de México/ Cimac. 15 junio del 2022.- Dos de los elementos que caracterizan al feminismo son su carácter crítico y amplitud para abordar las luchas de las mujeres desde diferentes espacios. Esta amplitud incluye, por ejemplo, a las mujeres racializadas y a aquellas que combaten desde la decolonialidad.
Pero si de diversidad hablamos, hay otro tipo de feminismo que intenta radicalizar la crítica y, con ello, incluir a más personas de lucha.
Al escuchar sobre transfeminismo, es común pensar que es un movimiento creado por y para las mujeres transgénero. No obstante, como expuso la teórica feminista Sayak Valencia, el sujeto de esta lucha es mucho más amplio.
¿De dónde viene el transfeminismo?
Durante el conversatorio “Transfeminismos, corpopolíticas y antiesencialismos” organizado por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) el pasado 9 de junio, Valencia explicó que el transfeminismo se abrió paso desde la segunda ola del feminismo, después de la Segunda Guerra Mundial.
Antes de este evento en la primera ola del siglo XIX, las mujeres comenzaron a luchar por derechos sociales y civiles. Un ejemplo ampliamente difundido por la academia –de acuerdo con Valencia– es la lucha de las mujeres sufragistas en Estados Unidos. Esta exigencia, como otras similares, puso sobre la mesa una pregunta cuya respuesta evoluciona constantemente: ¿a quiénes defiende el feminismo?
Mientras las sufragistas buscaban el derecho al voto para una mayoría blanca de clase media, las mujeres afrodescendientes seguían sujetas a condiciones esclavizantes. Y, al mismo tiempo, las mujeres de la clase obrera estaban sujetas a condiciones precarias en sus lugares de trabajo.
Con esto, el feminismo empezó a adoptar un enfoque que ahora denominamos interseccional, el cual consiste en visibilizar y considerar las diferentes condiciones sociales que atraviesan a las mujeres dependiendo de sus contextos particulares. Sin embargo, en el siglo XX el feminismo dio otro giro importante que ahora nos permite hablar de transfeminismo.
Como expuso Sayak Valencia, después de la Segunda Guerra Mundial (y una vez avanzado el camino en el reconocimiento de los derechos de las mujeres), el feminismo se centró en hacer a un lado los roles de género impuestos históricamente. Así, la pregunta ¿quién es el sujeto del feminismo? se convirtió en un cuestionamiento radical sobre el sistema heterosexual dominante en las sociedades.
“Hay una fuerza contracultural en esto, una fuerza que pone en cuestión las hegemonías dentro del feminismo”.
Sayak Valencia
Un matiz donde cabemos más
Para Felipe Osornio Panini, artista visual no binarie reconocide como Lechedevirgen Trimegisto, las y los sujetos del transfeminismo enfrentan luchas de diferentes índoles; luchas como las que elle ha tenido que encarar, por ejemplo, al verse forzade a tener que encajar en algún rol de género socialmente establecido. La también artista visual Alejandra, “La Bala” Rodríguez opina que otra lucha constante es la de los cuerpos que no entran en los cánones hegemónicos, aunque no necesariamente sean disidentes de género.
Sayak Valencia denomina a todas estas construcciones sociales limitantes como “esencialismos”, los cuales –según “La Bala” Rodríguez– llenan a las personas de exigencias mutilantes sin importar si son mujeres, hombres, no binaries o su orientación sexual es lesbianas, heterosexuales, bisexuales, etcétera.
Para Valencia, los esencialismos están relacionados con un sistema capitalista cuya agenda económica no tiene respeto por la vida en cualquiera de sus formas. De ahí que, para la teórica, sea sumamente importante ponerlos en cuestión, pues normalizarlos puede poner en peligro incluso la vida de quienes deciden no encajar en ellos.
De acuerdo con la filósofa, esto ha llevado a muchas personas a pensar que el transfeminismo borra la especificidad de las luchas de las mujeres. No obstante, para ella, esta rama del movimiento visibiliza esas luchas de manera particular; además, lleva a generar alianzas desde distintos campos para poder reforzarlas.
Los tres participantes del conversatorio opinaron que estas labores de resistencia van más allá. La sociedad debe comenzar a plantearse nuevas formas de educar
que no sean esencialistas y que, por el contrario, lleven a reflexiones críticas sobre el género, el sexo y las diferentes expresiones de corporalidad de las personas.
Además, estas nuevas formas de educación necesitan sobrepasar los bordes de la academia, de sus estructuras y aulas. Solo así –concluyó Sayak Valencia– podremos alcanzar una radicalidad verdadera: “La radicalidad de escapar al género como lo hacemos en nuestra intimidad”, sin quedar excluidos, excluidas, ni excluides de la defensa por la vida.

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