fbpx
10 abril, 2021

Reporteros en Movimiento

Información sin Censura

Reflexiones de una investigadora ante el nuevo reglamento del Sistema Nacional de Investigadores – Conacyt

Imagen retomada del blog Mujeres y ciencia.

Por. Elsa Pérez Paredes

El origen de mi charla pendiente con el Estado Mexicano.

Cuando inicié el doctorado en el Instituto Politécnico Nacional (2012- 2016), mi hija tenía un año. El programa doctoral no estaba en el Programa Nacional de Posgrados de Calidad, por lo que solo tenía una beca institucional que siempre estaba desfasada. En mi último trayecto decidí tener a mi segundo hijo.

Después de haber hecho mi examen predoctoral a mediados de 2014 (con 7 meses de embarazo), se me “informó” que procedía la baja temporal; esta decisión me causó una gran molestia por cómo se formuló, y además por el hecho de no seguir contando con mi beca, ya que el reglamento de posgrado del IPN no considera que se pueda “ir a parir becada”.

Pese a ello, a mi regreso, fui lo suficientemente productiva académicamente para poder mantener mi desempeño en el último trayecto de mi doctorado egresando en el tiempo establecido (2016), y concursar (y ser aceptada) al año siguiente para estancias posdoctorales Conacyt, ingresar al Sistema Nacional de Investigadores y desempeñarme como docente de manera permanente. Estas emociones y recuerdos recurrentemente aparecen como relojito “cada año, ahora cada seis o tres meses” cuando tengo que estar elaborando proyectos, conformando expedientes para concursar a plazas de oposición, haciendo gestiones para aprobaciones de adscripciones institucionales y apelando dictaminaciones para “demostrarle a no sé quién” que cuento con los criterios necesarios para ser investigadora.

Aunque todo este tiempo he tenido a mi lado un compañero cómplice para el co-dirigir el barco de crianza e ingreso familiar, así como su apoyo para la consolidación de escritos y proyectos, solo una sabe lo que “esos productos científicos” cuestan y significan.

La precariedad laboral, el confinamiento y el dictamen del SNI
El confinamiento lo hemos tenido que reinventar conciliando nuestro quehacer científico con el de la crianza, el trabajo doméstico y las jornadas y horarios que ahora requieren las “escuelas virtuales” de nuestras hijas e hijos: “mamá, necesito unas tijeras…mamá, no entiendo”.

En la pandemia, a finales del año 2020, recibí el dictamen de mi permanencia al Sistema Nacional de Investigadores (cita textual): “Al considerar que la producción de investigación de la solicitante es insuficiente, en términos cuantitativos y cualitativos, conforme a los criterios estatutarios y los correspondientes al área de Ciencias Sociales, se recomienda no aceptar la solicitud de ingreso al SNI”.

Esta resolución -que después apelé y logré la reconsideración de un año- es la que hizo que mi charla pendiente que tenía con el Estado desde hace 10 años se reactivara: logré argumentar las evaluaciones mal realizadas sobre mi desempeño comprobado, pero sobre todo las argumentaciones alrededor de las condiciones de género y de precariedad laboral que he tenido que sortear como investigadora y científica en estos años.

No quiero omitir los pensamientos inmediatos que tuve y en el que la culpa y la responsabilidad se centraron en mí: “Llegué tarde a la ciencia, mi espacio no está en la academia. No sirvo para esto. Mis productos no fueron “suficientes” y de buena calidad, no le eché ganas, dormí demasiado” y en el que, llorando, dudé de mí ,y cuestioné mis resultados que había postulado, como “merecedores” de dicha distinción, y que tanto me han costado tanto estos años.

Las redes sociales como reflejo de la “comunidad científica”
Ante la indignación del dictamen sobre mi permanencia en el SNI compartí mi reflexión en las redes sociales de miembros del SNI y obtuve respuestas como estas: “Tomar de bandera la equidad de género, debería ser evidente un acto donde se favorece a alguien por su género”. “O sea que por ser madre ¿hay que dar otro trato? Es como si dijéramos que por ser hombres y tener que mantener a una familia, nos dieran el SNI automático. Eso no es equidad…eso es favoritismo”.

Este debate en redes se parecía mucho en su discurso al dictamen negativo de la primera comisión que evaluó mi permanencia al SNI, lo que me permitió aceitar mis argumentos para la siguiente comisión que revisaría mi reconsideración, y la cual aceptó mis argumentos y me dio la extensión.

Sin embargo, me pregunto, ¿realmente las comisiones de evaluación cuentan con los instrumentos de evaluación necesarios para medir la labor científica desde la complejidad y condiciones que como investigadoras nos encontramos?

Conclusiones de mi charla pendiente con el Estado Mexicano
Por primera vez “me atreví” y pude argumentarle al Estado las condicionantes estructurales alrededor de mi trabajo como investigadora, madre y soporte de familia, y simultáneamente vivir la realidad de la precariedad laboral combinando mis esfuerzos científicos.

El confinamiento es un escenario de fondo que ha visibilizado las realidades de nuestras carreras como científicas en esta época, lo que debiera ser aprovechado para diseñar indicadores de desempeño y de productividad científica y tecnológica en el SNI desde una perspectiva interseccional y en la que el respeto, la empatía, la visibilización de las condiciones distintas y desiguales, no centren al “echaleganismo”, ni a la “voluntad”, ni limiten nuestras vocaciones científicas combinadas, con nuestras elecciones reproductivas y de cuidado.

Ahora con el nuevo reglamento tenemos la oportunidad de marcar un punto de partida para reflexionar colectivamente sobre lo que esperamos de la ciencia para el país, de tal manera que las nuevas comisiones evaluadoras, resignifiquen el sentido y el quehacer de la ciencia, tanto para nosotras que hemos optado por este camino, pero sobre todo, para las científicas mexicanas que vienen en camino.

11 de marzo de 2021 Cimac/México.

A %d blogueros les gusta esto: