“APRENDE EN CASA II”, ESTRATEGIA ERRADA QUE TENDRÁ MALOS RESULTADOS Y NULOS APRENDIZAJES

Educación en Tiempos de la Pandemia:  

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(SEGUNDA DE TRES PARTES) 

Por JUAN CARLOS ROJAS IBARRA 

Coincidimos plenamente con Luis Hernández Navarro, cuando dice que “…la impartición de clases a través de la televisión privada es el espejo donde se refleja la derrota de nuestro sistema educativo”. Más claro no se puede decir.

Esa claudicación del Estado ante la televisión, decisión ya tomada y puesta en marcha, pareciera más una forma de apoyar a las empresas televisoras con ingresos que ya no contaban y que debe ser absolutamente transitoria porque no puede, de ninguna manera substituir a la escuela ni a los procesos de enseñanza-aprendizaje, ni a los docentes, porque lleva en sí misma un alto contenido de alienación que vuelve a los alumnos simples espectadores acríticos, consumidores de supuestos contenidos educativos, falsos aprendizajes. 

La televisión para los estudiantes y para la población en general, es sinónimo de entretenimiento y contenidos vacuos, superficiales, desarrolla un proceso comunicativo unidireccional que no tiene posibilidad de retroalimentación y que resulta incapaz de generar pensamiento crítico.  

Con ello el Estado pierde el control del proceso y lo deja en manos de quien por décadas ha sido Casandra, destejiendo por la noche lo que durante el día se teje en las escuelas. No podemos dejar la educación en manos de los pervertidores de contenidos televisivos. El especialista Gustavo Esteva dice que “el modelo de educación híbrida asociada a la televisión, es como las semillas híbridas: un producto estéril”. 

Por añadidura no entendemos la necesidad de remunerar a las empresas televisoras con 450 millones de pesos, pues están obligadas por el régimen de concesiones a que están sometidas, a proporcionar los tiempos oficiales y los tiempos fiscales para la difusión de contenidos del Estado. Por increíble que parezca, se sabe ya que una empresa privada de Grupo Azteca será la que elaborará los “contenidos educativos”. “Al ladrón las llaves” diría el famoso dicho popular.  

Con las clases por televisión, la SEP comete el error de pretender que un niño soporte varias horas sentado frente al aparato. Un elemento importante que hay que señalar, es que luego de tres meses de confinamiento, los niños, adolescentes y adultos están cansados ver tanta televisión. Si sumamos el hecho de que los docentes encargamos a nuestros alumnos, por inexperiencia ante el inédito hecho de la pandemia, toneladas de tareas y miles de actividades, la situación se tornará caótica y muy pesada para los alumnos como para los maestros.  

Otro error, grave desde luego, es que la SEP legitima a las televisoras como portadoras de la mejor educación, olvidando que fueron ellas mismas las que durante una muy larga temporada, se encargaron de difamar y desprestigiar a los maestros, mostrándonos ante el pueblo de México como holgazanes, impreparados e ineptos. Ahora los docentes seremos apéndices, auxiliares de quien indebida e interesadamente nos vilipendió y expuso ante la sociedad para lograr la fracasada y mal llamada “Reforma Educativa” de Peña Nieto que tenía el claro objetivo de la privatización en este rubro tan sensible. 

Por añadidura, los maestros no tenemos la capacitación para adecuar los contenidos televisivos a la realidad de nuestros educandos, ni para generar actividades o encargar tareas, no se nos ha preparado para eso, como si es el caso de los “maestros monitores” de Telesecundaria, cuya Dirección General de Educación Audiovisual si los capacita y ha desarrollado millones de contenidos para televisar, a lo largo de cincuenta años. 

La televisión servirá para hacer llegar contenidos a la mayor parte de los hogares mexicanos, pero pedagógicamente es inoperante, didácticamente es inadecuado y objetivamente será un fracaso. ¿Cómo se podrían garantizar los aprendizajes, por lo menos esenciales?  

Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Investigación, nos dice que el 17.2 % de los hogares en México cuenta solamente con televisión analógica, es decir, son 5.7 millones de mexicanos que no cuentan con televisión digital y mucho menos SmartTv; de ellos 4.2 millones viven en zonas urbanas.  

Es claro que los estudiantes de preescolar, de primaria, secundaria o bachillerato no tienen por qué aprender lo mismo en la educación a distancia que en la educación presencial, asistiendo a la escuela y trabajando con sus maestros y eso deben entenderlo perfectamente las autoridades educativas. 

La Secretaria de Educación Pública no está reconociendo las capacidades de los maestros, forjada en décadas de trabajo frente a grupo y nos está sustituyendo por uno de los peores actores sociales, la televisión. Al desperdiciar todo ese talento del magisterio mexicano, también está haciendo a un lado la experiencia desarrollada en el proceso de enseñanza-aprendizaje a distancia, desde que inició la pandemia. 

Desde el comienzo de la pandemia, los docentes a lo largo y ancho del país logramos la hazaña de mantener el contacto y también la conectividad con la mayoría de nuestros alumnos, trabajando con ellos y rescatamos a los que no podían acceder a la tecnología y mantuvimos un estrecho contacto con todos ellos. 

No obstante, la desigualdad económica repercutiría en la desigualdad educativa, provocando la deserción o el mal aprendizaje de los estudiantes que no cuentan con las condiciones mínimas para educarse en casa por internet. La brecha tecnológica se está haciendo más grande y afecta gravemente a la población estudiantil de escasos recursos, quienes presentarán más deficiencias académicas 

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