
Alex Sanciprián
12:06 horas
He recibido una grata respuesta de un lector que ha sabido de cómo es esto de habitar y convivir con la violencia cotidiana a cuestas en el oriente mexiquense.
Se trata de un gentil lector que fue policía acá en Chicoloapan y conoció de cerca la espiral de violencia cotidiana en el rumbo, en especial en Santa Rosa. Ahora, por razones de índole particular, vive en Chicago, Estados Unidos, y desde allá apunta su beneplácito de leer materiales como el mío donde se da cuenta de cómo se las gastan las ratas desalmadas y asesinas.
Coincide en destacar que este asunto de la inseguridad pública se intensificó cuando empezaron a poblarse las Unidades Habitacionales. Revela, inclusive, que la sesgada aplicación de la normatividad jurídica en cuanto a los Derechos Humanos ha sido un lastre para erradicar el actuar de las ratas porque, lamentablemente, es común que esa herramienta legal favorece a los ladrones, y de manera paradójica está en contra de los representantes de la fuerza pública, los policías, quienes a menudo son ellos los que resultan afectados por hacer su trabajo, y también por el daño físico que les suceda a los rateros en el proceso de su captura.
El amable lector reafirma su orgullo por haber pertenecido a la policía del entonces Distrito federal. Y además apunta: “… yo viví en Santa Rosa, Chicoloapan, y sé cómo se mueve toda esa porquería llamada impunidad. Hay que resaltar que la delincuencia se disparó al 200% cuando se empezó a poblar por las Unidades Habitacionales”.
Luego indica su deseo de que yo tenga éxito en mi labor periodística, “ojalá pueda expresar todo lo que pasa en Chicoloapan. Seguiré al pendiente de sus notas. Tuve que pedir asilo político en Estados Unidos por lo mismo de la situación que se vive en Chicoloapan. Saludos y que Dios lo bendiga”.
Agradezco profundamente sus palabras. Yo también vivo en Chicoloapan aunque por mi labor periodística ando mucho por los municipios circunvecinos.
Y ciertamente la violencia cotidiana es uno de los rasgos que distinguen a las Unidades Habitacionales de Chicoloapan. Desde siempre se escuchan disparos nocturnos, corretizas, y ahora sí eventuales operativos de vigilancia por parte de la Guardia Nacional. No es suficiente.
Sin embargo, es evidente que la espiral de atracos está al alza porque no se aplica trabajo de inteligencia policiaca. En todo caso, de sí realizarse han dado mínimos resultados. Los asaltos prosiguen, literalmente, a toda hora.
Personalmente he sentido y padecido la presencia de las ratas desalmadas. Me han asaltado en el camión, en la combi, en taxi, y también en las calles cercanas a la Avenida San Carlos, en las inmediaciones del Parque de las Nubes.
Drogadictos y malosos se pasean desde temprano. Se ponen en las esquinas en espera de víctimas, y también merodean el vecindario de Came y Ara en bicicletas y motocicletas.
Numerosos vecinos tienen historias similares. Estamos en el proceso de hacer labor común en contra de las ratas.
Debo decir que muchos en el vecindario están por la tendencia de armar vigilantes ciudadanos, y sin piedad atrapar a las ratas, lincharles, matarles y erradicar la presencia de las ratas asesinas, y de raterillos de poca monta también.

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