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RECONOCEN TRAYECTORIA DEL PADRE SOLALINDE EN SU TIERRA NATAL, POR SU TRABAJO HUMANISTA

TEXCOCO, Edomex. 11 de diciembre del 2018.- Demostrando que sí se puede ser profeta en su tierra, el padre José Alejandro Solalinde Guerra, recibo en Texcoco el Galardón Municipal de Derechos Humanos, en reconocimiento a su trayectoria y trabajo humanista a favor de los migrantes.

 

“Es un ceremonia muy sencilla, como lo esperaba como todo lo grande, no hubo grandes discurso no hubo actos oficiales, creo que fue un dialogo sincero y bonito, yo me siento muy contento que es mi tierra”, expresó Alejandro Solalinde, quien dijo que el gobierno de la república lo invitó a la misma hora a recibir un reconocimiento, “pero yo preferí venir con quien me invitó primero, a mi tierra, a Texcoco”, expresó.

 

Y como muestra de su humildad, señaló que: “el único Doctorado Honoris Causa que he aceptado, es el del Estado de México, me han ofrecido otros no los he aceptado, porque no soy colegiado, con uno que me hayan dado es bastante, no necesito otro doctorado”, afirma.
Y agregó: “pero además me siento contento porque yo nací aquí desde hace muchos años, pero le tengo también cariño al Estado de México y este reconocimiento para mi fue muy estimulante”.

El padre Solalinde, desde la diócesis de San Cristobal ha abrazado la causa de los migrantes, su sufrimiento y humildad.

“Hay migrantes centroamericanos y hay migrantes mexicanos, que están regresando, por ejemplo acabo de ir a Tijuana penas llegue hoy, y veo un lugar llamado el Mapa, lleno de mexicanos que retornaron y es una pena, lastima ver a las personas tan precarias”, dice el padre Solalinde, al referirse a los mexicanos que están siendo regresados del país del norte.
Y otra parte, “ también veo hermanos centroamericanos que también están sufriendo una mala condición”.
Sin embargo con entusiasmo, pide a los mexicanos que sigamos dándole nuestro amor, “Tijuana al menos los días que yo estuve allá. Se volcó la gente, llevó comida, llevó cobijas, no se porque dicen que no los quieren, es un momento de confusión, pero lo que yo vi fue mucha solidaridad”, asegura el presbítero texcocano.

Señalando que la gente migrante estuvo muy bien, estuvieron muy agradecidos, mientras que el pueblo de Tijuana, es un ejemplo de la solidaridad del pueblo, “esta presencia de personas migrantes es una oportunidad de ser solidarios con ellos”.

El padre de los migrantes, hablo del muro, con una sonrisa de indulgencia: “el muro no va a servir para nada, eso da risa, eso no va a servir para nada, si a caso para calmar un poquito la paranoia de algunos que tienen miedo de los migrantes, pero los migrantes ya están adentro, que les van a hacer, ya están adentro”, expresa sin dejar de sonreir.
PASO DE PEREGRINOS.

Solalinde Guerra, ve a los lejos a los peregrinos guadalupanos, conmovido ante la fe a la virgen del Tepeyac.
“A mi me conmueve muchos estás peregrinaciones guadalupanas, me conmueve mucho esta fe guadalupana, me conmueve muchísimo el evento en si, el evento guadalupano en si, yo soy gran admirador de la virgen de Guadalupe, y alguien que esta sumamente impresionado con la narración de Nican MOpohua”

“Me gusta que los peregrinos pasen porque de esa manera, nos recuerdan quienes somos, ¡También nosotros, somos peregrinos!.

Pero, además de los peregrinos, también reconoce a las personas que ofrecen ayuda a los peregrinos, “es el pueblo de México solidario, que hemos visto donde quiera, yo creo en el pueblo mexicano, las mujeres y los hombres son muy generosos y siempre están viendo la manera de ayudar, hay algunos que no, pero la mayoría si lo hace”.

El padre José Alejandro Solalinde Guerra, originario de Texcoco, ha abrazo la causa de los migrantes, y con humildad a pedido por ellos, sostiene que “Los obispos y altos mandos de la igles, no deben ser príncipes, si no pobres, empáticos, solidarios con la gente de abajo, deben dejar su personaje privilegiado de estatus social número uno para convertirse en peregrinos que acompañan a la gente.

El sacerdote regresó a Texcoco, a recibir un reconocimiento por su labor a favor de los derechos humanos, demostrando que sin estar en su tierra si se puede ser profeta, “pero con humildad, solidaridad y amor a nuestros semejantes”.

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