“Dignidad y la resistencia”, la bandita zapatista que prendió el Encuentro de Mujeres

1521250159318-292765454.jpg

CIMACFoto: Hazel Zamora Mendieta

*Compartieron su arte con sus letras de resistencia

Por: Anayeli García Martínez, enviada

Cimacnoticias/Chiapas, Méx. 16 de marzo de 2018 .- El sonido de las cuerdas del bajo estremeció a todas las mujeres. Un dum, dum, dum se escuchó y rápidamente las notas fueron tomando ritmo, luego le siguió el acordeón y de fondo se comenzó a escuchar el tono de la guitarra.

En el escenario tres mujeres de faldas abultadas y blusas bordadas, todas protegiendo sus rostros tras un pasamontañas, movieron sus manos dando vida a los instrumentos mientras  una más tomó el micrófono y empezó a cantar. 

La vocalista comenzó y al ritmo de la música fue sosteniendo las sílabas: “Voy a cantar un co-rri-do… el valor de las mu-je-res. Les digo que sí podemos… hacer también los tra-ba-jos… que necesita nuestro pue-blo…”.

Desde el público se veía a cuatro jóvenes moviéndose, bailando, dando ritmo a las cuerdas; y desde el escenario se observaba un gentío de mujeres entregadas con gritos, alzando los brazos, haciendo sonidos con los labios. 

Durante esos minutos ellas fueron las protagonistas, fueron fotografiadas y grabadas en video, recibieron aplausos y alaridos; y después de inundar el aire y los montes de corridos y rancheras las cuatro mujeres, en realidad niñas, concluyeron su presentación.

La escena se repitió durante los tres días que duró el “Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan” que se realizó en el Carol de Morelia, en el sureste Chiapaneco, del 8 al 10 de marzo.

TRAS LOS PASAMONTAÑAS

No usan Whatsapp ni tienen Facebook, no se sienten cómodas dando entrevistas y tampoco les gusta decir sus nombres lo único que dan a saber es que su grupo musical se llama “Dignidad y la resistencia” y que mejor nombre, piensan, para una bandita zapatista.

Aunque bajo el escenario son tímidas reciben contentas a todas las que se acercan a tomarse fotos con ellas.

–“Me dan ganas de llegar a la casa y poner el disco”, les dijo una chica que tras la presentación corrió al templete para saludarlas.

–“Ahorita no hay disco”, le respondió la vocalista con la misma voz cálida que dejó salir en su canto y con la misma amabilidad con la que se disculpó por no seguir cantando cuando las peticiones de “otra, otra, otra” fueron incesantes.

La mirada inocente de las niñas deja notar que tal vez bajo el pasamontañas sonríen, se divierten. En las cámaras de los teléfonos celulares aparecen abrazando sus instrumentos, una carga su acordeón, otra cuida su guitarra y la última protege su bajo.

“NO TENEMOS MAESTRO”

La vocalista es mayor de edad, tiene 22 años; las otras son unas niñas, la de la guitarra tiene 13; la del acordeón tiene 15 y la pequeña que toca el bajo apenas 14 años; aún así es la más risueña cuando le dicen que el bajo estimuló a las invitadas de todo el mundo que llegaron a ese encuentro.

Las integrantes del grupo son originarias del Caracol de Oventik, una de las cinco regiones autónomas recuperadas por el movimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional después del levantamiento armado de 1994.

Su participación en el Caracol de Morelia fue particular, quizás podrían considerarlo uno de sus primeros conciertos masivos porque estuvieron ante unas cinco mil mujeres de otras nacionalidades y frente a unas dos mil zapatistas.

El año pasado “Dignidad y la resistencia” se presentó en el “CompArte por la Humanidad”, un festival cultural que se realizó en Oventik y en el Centro Indígena de Capacitación Integral (Cideci) para dar espacio a las expresiones artísticas y compartirlas con las comunidades zapatistas.

Poco a poco las jóvenes han tomado experiencia. Desde hace dos años integraron su grupo y aunque no todas viven cerca y no tienen a alguien que las oriente musicalmente tratan de ensayar una vez a la semana. Ellas dicen que aún les falta afinar la voz y los sonidos.

“Hace dos años empezamos a practicar, sin maestro, sin nada, tocamos cuando escuchamos las canciones”, explica la vocalista.

“NOS EMOCIONA”

Ninguna de las cuatro vivió el proceso organizativo que preparó el levantamiento armado de 1994; sin embargo su historia indígena está marcada por la filosofía zapatista: Obedecer y no mandar; representar y no suplantar; bajar y no subir; servir y no servirse; convencer y no vencer; construir y no destruir, y proponer y no imponer.

En el Encuentro de Mujeres que Luchan el grupo presentó gran parte de su pequeño repertorio, tocaron desde “Las mañanitas” hasta “La del moño colorado”, pasando por canciones de su propia autoría como “Capacidad de las mujeres”, dedicada a todas las asistentes, zapatistas y concejalas del Concejo Indígena de Gobierno (CIG).

Sus interpretaciones revolucionarias se inspiran en la historia de las indígenas como la de María de Jesús Patricio, Marichuy, vocera del Congreso Nacional Indígena (CNI) y del CIG que este año buscó una candidatura independiente a la Presidencia de la República con el único fin de llevar la voz de las comunidades indígenas al proceso electoral.

Historias como las de Marichuy o los relatos de las mujeres de su pueblo las inspiran. Ellas bailan, se divierten y enseña por qué la necesidad de la resistencia.

Hace unos años sus padres no querían que tocaran pero poco a poco los convencieron. Esta vez no pudieron asistir para verlas, primero porque el Encuentro estaba reservado para las mujeres y segundo porque su madre se quedó en casa a cuidar a los hermanos más pequeños. 

Si hoy las vieran, vistiendo sus ropas típicas, las mismas que se usan para hacer las tortillas, si las observaran con su micrófono de diadema sobre el pasamontañas, moviendo la cabeza al ritmo de la música, tal vez estarían orgullos de ellas.

“Empezamos jugando”, dice la vocalista. Hace unos años los dedos de sus manos intentaban arrancar sonidos a un acordeón de juguete y un pequeño teclado, de esos de plástico con que la niñez se entretiene. Hoy tratan de combinar a la perfección cada nota musical y quizás en un futuro acompañarlas de letras en su lengua materna, el tzotzil.

“A veces fallamos por la emoción del público, nos emociona bastante cuando vemos a la gente bailando, gritando…”, dice una de ellas.

Anuncios

Un comentario

Deja un comentario en movimiento

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s