
JUAN LÁZARO SANTIAGO
Ahí va la «bola», decían en la Revolución Mexicana cuando los campesinos, obreros y profesionistas de diversos niveles se iban a la cargada, a la guerra sin cuartel entre los que buscaban el cambio político en México, en contra de la tiranía de Porfirio Díaz, quién controló el poder del país durante 35 años.
Porfirio Díaz es antecesor del PRI, de Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto, del Grupo Atlacomulco (o Atracamucho, como lo definía el ex líder del PRI mexiquense, Mauricio Valdés Rodríguez).
A nivel nacional, el PRI fue vencido por el PAN en el año 2000 y posteriormente en el 2006; sin embargo, los presidentes emanados del partido blanquiazul fracasaron en su intento de cambiar este país. Pura política de botas vaqueras y sacos militares.
El PRI recuperó la presidencia de la República con el Grupo Atlacomulco y Enrique Peña Nieto, que al igual que su antecesor Porfirio Díaz, dieron entrada a las empresas extranjeras para hacer negocios, puros negocios.
Sí Porfirio Díaz introdujo el ferrocarril por todo el país para beneficiar a empresarios extranjeros, Peña entregó las concesiones a empresas extranjeras para explotar económicamente a los usuarios, como el caso del Circuito Exterior Mexiquense, una de las autopistas más caras del país.
Y para la gente empobrecida, la que vive en ciudades como Ecatepec, Chimalhuacán, Nezahualcóyotl, Valle de Chalco, Naucalpan o Tlalnepantla puro programa social para controlar los votos.
Don Porfirio Díaz utilizaba las llamadas «tiendas de raya» para el control político del campesinado y la clase obrera; el PRI utiliza las tarjetas Soriana, La Efectiva y ahora la del «salario rosa» para el control del voto (también se puede llamar compra).
Díaz controló así el país durante largos 30 años. El PRI, usted lo sabe.
El Estado de México es uno de los ejemplos del control político del PRI, es uno de los pocos en el que ningún partido ha triunfado; actualmente, el grupo Atlacomulco es el que tiene el control, pues impuso a Eruviel en la gubernatura, para poder llegar Peña a la presidencia de la República.
Ahora, en Edomex hay una «bola», una nueva «bola» que empezó a generar Andrés Manuel López Obrador y Delfina Gómez, una «bola» pacífica y electoral, para primero ganar el Estado de México y luego la presidencia de la República en el 2018.
A esta nueva «bola» se suman campesinos, obreros, profesionistas de todos los niveles, maestros, estudiantes, entre otros que quieren que Delfina Gómez Álvarez gane la gubernatura mexiquense, que desean que se le arranque el poder al grupo Atlacomulco.
Pero triunfará está nueva «bola»? El grupo Atlacomulco se dejará fácilmente?
El PRI tiene la elección a su modo: dividió a los partidos políticos, financió a candidatos, tiene bajo control a una candidata independiente y a otro casi lo encarcela por supuestos delitos electorales; además, influye en el IEEM.
El PRI pulverizó el voto, evitó las alianzas y cuenta con el apoyo indirecto de uno o dos candidatos de los llamados partidos de izquierda.
Además, desató una de las «guerras más sucias» en contra de la candidata puntera de Andrés Manuel López Obrador, para bajarle puntos electorales.
Las encuestas marcan un empate técnico entre Alfredo del Mazo, del grupo «Atracamucho» y Delfina Gómez, del grupo de AMLO.
Y es aquí donde entran la llamada tarjeta del «salario rosa» es decir la compra directa del voto. ¿Qué mujer, ama de casa, con hijos, cuyo marido gana un sueldo miserable, no aceptaría votar por el PRI por recibir 20 pesos diarios?
En el Estado de México contamos con millones de mujeres en esas condiciones y a la mayoría no le importa la política, ni los candidatos, sino tener algunas monedas para llevar algo de comer a la casa.
En la época de Porfirio Díaz, las campesinas y sus maridos estaban atadas a las «tiendas de raya» de por vida, obvio, tenían que hacer lo que le dictaban sus amos y patrones.
Las tarjetas del «salario rosa» será un control férreo del voto electoral en estas elecciones del 2017 y sí tienen éxito se trasladará a las del 2018.
Por ello, AMLO convocó a los partidos de izquierda, PRD y PT, a declinar por Delfina Gómez, y a «ir juntos al 2018», pero su petición no fue nada amable, fue considerada grosera e impositiva.
Obvio, lo mandaron a la goma (no a la Gómez), ya que desde antes que iniciaran la campañas los partidos de izquierda, le pidieron esa alianza y su «dedito» dijo que ni a la esquina con el PRD, por ejemplo.
Si Gómez y AMLO quieren ganar la elección del 2017, tendrán que impulsar esa «bola» electoral y pacífica que impulse el voto el próximo 4 de junio. De lo contrario, tendremos Grupo Atlacomulco para rato.
PARA EL ARCHIVO…
Si una gran mayoría del padrón electoral sale a votar, entonces se derrumbara la estrategia de la tarjeta del «salario rosa», pero, a pesar de los millones y millones derrochados en estos casi dos meses de campaña electoral, el abstencionismo puede ser el verdadero vencedor el 4 de junio.
Pero recuerde usted amigo lector que hace 6 años, AMLO «transó» con la mafia del poder» para evitar la alianza en ese entonces con el PRD-PAN, con lo que podrían derrotar al grupo Atlacomulco. Esa anécdota pesa.

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