1 septiembre, 2026

Reporteros en Movimiento

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Para Hechos….
Lorenzo Delfín Ruiz
Ecatepec, estado de México a 29 de diciembre del 2016.- Ni siquiera el mexicano que igual se extasía con imbecilidades como “los XV años de Rubí” o se asusta debidamente manipulado por el gobierno aterrador que se prevé ejercerá Donald Trump en Estados Unidos, deja de percibir que Enrique Peña Nieto más que presidente es un bribón de siete suelas que sigue atizando la hoguera nacional con embustes, transas… y gasolinazos.
Para aquilatar en su mediana dimensión la clase de desbarajuste en que Peña Nieto ha convertido la administración federal, cómo remata al país y presume su depravación por usar el crimen y el terror policiaco para controlar a una sociedad entre indigente y también mentalmente sometida por la televisión, baste decir que hasta esa parte del mexicano frívolo y enajenado añora a Vicente Fox y a Felipe Calderón con sus respectivos disparates, asesinatos y corruptelas.
El sentimiento popular sobre el gobierno federal (incluidos en algunos casos los gobiernos locales) se ha modificado con la misma celeridad con que el peñismo desafía la congruencia y aplica con furor medidas hacendarias poco antes negadas y que vuelven famélica la economía de las familias. Antes se le medía la popularidad. Ahora, la intensidad del odio en su contra.
El anunciado gasolinazo de año nuevo, con un aumento del 20 por ciento a combustibles, ha despertado ya a una parte del México bronco y continuamente fastidiado por el gobierno, a tal grado que le organiza una movilización generalizada en enero.
Las protestas incluirán, sin duda, la exhibición de un peñismo que, como vulgar ladrón de escritorio, infla a su antojo el monto de consumo de servicios básicos (como la electricidad), pero al mismo tiempo le permitirá  a la población poder saborear la variedad de estilos que para reprimir renuevan las policías constitucionales y las ilegítimas, los fementidos grupos de supuestos anarquistas que lanza a la calle la Secretaría de Gobernación y que no son otra cosa que golpeadores profesionales con perfil asesino, confundidos entre los narcos “oficiales” tirados a las calles para atemorizar, atacar… y matar.
Quien en este momento no sienta repugnancia por un presidente de México insensible y degenerado que le hurga con especial indecencia la herida a la población, es porque no es mexicano… o porque forma parte de la élite política, burocrática y empresarial marrullera que destaza al país y devora la carroña nacional.
También ahora como antes, frente al sometimiento por la barbarie peñista de seguirle cargando a la población ya menesterosa el costo de sus despilfarros y corruptelas, predomina el cuestionamiento colectivo: ¿por qué lo permitimos? ¿Por qué no hacemos nada para derrotar al verdugo nacional y sus lacayos? ¿Por qué no hacemos algo?
Las propias respuestas populares son tan variadas como certeras, empezando porque una movilización colectiva implica riesgos ante la amenaza viva de que el gobierno intensifique represiones de todo tipo y en cuyo centro de sus ataques está la familia desarmada. Ante la vejación y los toletazos y balazos gubernamentales no hay, en resumen, más arma de defensa que el cuerpo mismo.
De igual modo, el cerco que los poderes constitucionales le han impuesto a la población, creando, aprobando y avalando leyes represivas y tramposas, promete ser más sólido con la pretensión de Peña Nieto de legalizar la intromisión del Ejército en tareas policiacas, a las que el propio secretario del ramo supuestamente se negó a seguir desempeñando sin fundamento legal.
En resumen, un Estado policiaco en forma, primo hermano de un Estado fascista que el mundo acredita que ejercerá Donald Trump… sin advertir que Peña Nieto se le adelantó y desde hace cuatro años ha creado el suyo (y de su guía moral Carlos Salinas de Gortari) en territorio mexicano.
La ciudadanía que pone en duda todo lo que huela a peñismo, influida por las devastadoras mentiras presidenciales sobre las “bondades” de las reformas estructurales (la energética, en primer lugar) y por los continuos traspiés y ridiculeces en que se revuelca el mandatario debido a su probada ignorancia y eficacia para los cochupos, se cuestiona con el sarcasmo propio de Polo Polo: “¿en qué cantina habrá estudiado este cabrón la primaria?”
La respuesta probable es que en ninguna, porque al menos en esos centros de libación no se aceptan imposiciones como las que las mafias energéticas mundiales le encajaron a Peña Nieto pagándole moches, cobrándole el patrocinio de su campaña presidencial, y que se traduce en una reforma energética que en su vida el presidente priísta y mexiquense  pudo haber medio ideado siquiera.
Con estos “atributos” presidenciales, los “fundamentos” para el gasolinazo de 2017, así como el anuncio de continuos ajustes mensuales y la misma zonificación de precios de gasolina y diesel, huelen a manufactura extranjera y no es otra cosa que liberar los precios para asegurarle una ganancia efectiva y leonina a los más de tres mil gasolineros gringos que como vil franelero acomoda Peña Nieto en territorio nacional.
La furia popular arrecia cuando, en conclusión, sabe que el gasolinazo ha provocado el acaparamiento y la especulación de los gasolineros protegidos por Pemex en espera de los nuevos precios del combustible; asimismo, porque acentuará la escalada de precios de todos los productos de consumo y servicios… y porque el gobierno se quedará con 200 pesos del automovilista que llena de gasolina el tanque de 40 litros…
… equivale a engordar al enemigo de generosa perfidia.

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