
JUAN CARLOS ROJAS
EN MEMORIA DEL COMANDANTE FIDEL CASTRO: “HAY MUERTES QUE PESAN MENOS QUE UNA PLUMA Y MUERTES QUE PESAN COMO UNA MONTAÑA”, dijo el filósofo y político, dirigente de la revolución china Mao Tsé Tung. El caso es que mientras la denominada “gusanera” de Miami, Florida, se cansó de bailotear grotescamente por las calles, el mundo entero estuvo llorando la muerte de nuestro comandante revolucionario Fidel Castro Ruz.
A cada calumnia, a cada mentira del imperialismo y sus palafreneros, su imagen colosal se agiganta y cobra sus verdaderos relieves históricos, como uno de los más grandes líderes mundiales del proletariado y de las clases populares. Demiurgo de una revolución triunfante, la cubana, tuvo la virtud de resistir a pie firme los embates del imperialismo norteamericano, guiando por la senda de la dignidad a todo un pueblo que junto con él se atrevió a decir NO y desafiar al país más poderoso de la tierra, una potencia agresiva y militarista a la que no ha importado llenar de horror y sangre a todos los países pobres de África, Asia o Latinoamérica.
50 AÑOS DE BLOQUEO Y GUERRA ECONÓMICA FUERON RESISTIDOS HEROICAMENTE por el pueblo cubano que careció hasta de lo más elemental. Faltaron los alimentos, la ropa, los insumos para la industria, la agricultura y el comercio. Los gringos querían derrotar a los cubanos por hambre, pero no lo consiguieron porque al frente de ellos había una figura paternal, firme en sus convicciones. Solamente los más débiles cedieron ante el canto de las sirenas y abandonaron la isla con espíritu mezquino, lleno de ese individualismo egoísta que prefiere el sacrificio de la colectividad antes que perder sus privilegios o sus intereses. Se aliaron al imperialismo y se hicieron cómplices de tantas atrocidades cometidas contra sus hermanos cubanos. A lo largo de 60 años, Fidel sufrió 637 atentados contra su vida, perpetrados por encargo de los 11 presidentes norteamericanos que intentaron derrocarlo, organizando invasiones y conjuras internacionales. Pero solamente líderes de la talla de Carlos Marx, Vladimir Ilich Lenin, Mao Tsé Tung, El Che y el comandante Fidel, entre muchísimos otros, rompen el estado de cosas y pasan incólumes por la puerta grande de la historia.
EN EL ESTADO DE MÉXICO TUVIMOS EL HONOR DE SER LA CUNA DE LA REVOLUCIÓN CUBANA. En el Rancho Santa Rosa, en el pueblo de Santa Catarina Ayotzingo, del municipio de Chalco, comenzaron los entrenamientos de una guerrilla voluntariosa e idealista, dispuesta a ofrendar su vida para expulsar de Cuba al dictador Fulgencio Batista y reinvindicar los derechos del pueblo. Fidel nos guio con mano firme desde que inició el movimiento revolucionario en las montañas de la Sierra Maestra, allá en la Cuba del poeta José Martí. Luego del triunfo siguió la epopeya de abatir el analfabetismo en tan solo un año y logró el 100 por ciento de cobertura escolar, ningún niño quedó fuera de la escuela; cosa única en América Latina, en Cuba el nivel de escolaridad es de licenciatura y la batalla por reducir la desnutrición y la mortalidad infantil ha sido ganada también y al mismo tiempo se dedicó a formar miles de médicos para brindar salud a la población más necesitada.
CUBA ERRADICÓ EL TRÁFICO Y CONSUMO DE DROGAS Y ENVÍA MÁS DE 30 MIL MÉDICOS A TRABAJAR EN MÁS DE 68 PAÍSES del mundo. En su Facultad de Medicina cada año se gradúan mil 500 médicos extranjeros, llegando a la cifra de 25 mil doctores graduados de 84 naciones. Es el único país que disputa medallas a las grandes potencias en los juegos deportivos y olimpiadas. Para las jóvenes generaciones de mexicanos y de todo el mundo es de suma importancia abordar este tema. Tener la información a la mano, razonarla, vincularla con el conocimiento de la sociedad actual es la tarea urgente. Solamente el conocimiento preciso de los hechos nos puede llevar a la comprensión de los mismos. Para recordar a tan histórico líder, Fidel Castro Ruz, quiero citar las palabras de otro gran líder mundial, Mao Tsé Tung: “El homenaje que todos rendimos a su memoria demuestra cuán hondamente su espíritu inspira a cada uno de nosotros. Todos debemos aprender de su desinterés absoluto. Quien posea este espíritu puede ser muy útil al pueblo. La capacidad de un hombre puede ser grande o pequeña, pero basta con que tenga este espíritu para que sea hombre de elevados sentimientos, hombre íntegro y virtuoso, hombre exento de intereses triviales, hombre de provecho para el pueblo”.
Fidel: gracias por darnos tantas lecciones de dignidad ¡gracias por darnos tantas lecciones de humanidad!

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