Lorenzo Delfín Ruiz

Para medir en vivo el grado de sensibilidad en que se debaten el actual gobierno federal, el Congreso y los grupos de poder económico de este país, bastaba con acudir a los funerales de doña Angélica Miner de la Concha, quien fuera esposa de Emilio Gamboa Patrón, actual senador yucateco y quien desde que fue secretario cierra-puertas de Miguel de la Madrid no ha soltado la aptitud de servicio que –dicen de él-, sólo él transforma en servilismo blindado.
La galería de fotos, autoría de Cuartoscuro, la agencia de imágenes fijas que cifra su reputación en la claridad y puntualidad de cada uno de sus flashazos, facilitó la tarea para el análisis y que da lugar hasta a interpretaciones mafufas: el evento de consternación lo dejó transformar el legislador peninsular en una especie de aquelarre de zopilotes afligidos más por hacerse notar, que por parecer afligidos ante el luto.
Para los mexicanos que han cultivado resentimientos de los sembradíos de traiciones institucionales y sentimientos de decepción de la burocracia que consume el presupuesto nacional sin retribuir nada a cambio, la sucesión de imágenes genera nuevos resabios.
La ojeriza puede que sea producida no solamente por el cinismo que implica convertir un acto luctuoso en una feria político-empresarial-mercantil, sino porque la fiesta de zopilotes potentados y soberbios ocurre en el clímax de una crisis económica que discrimina a más de 60 millones de individuos (“e individuas”, agregarían los amantísimos y foxísticos promotores de la equidad de género) orillados al empleo de la mendicidad para agenciarse alimento, o al asalto a sus vecinos en condiciones semejantes de miseria, mientras le retumban ofensivas solicitudes de perdón convertidas en llorosa farsa oficial.
El sofisticado desfile, que conforme fluye se hace repulsivo a grado vomitivo para aquella bola de ciudadanos (“y ciudadanas”, agregarían ya saben quiénes) rebosantes de resentimiento cercano al odio, puso en primera línea a quienes se les carga, sin margen de error, la autoría de la desgracia nacional, ora aquí por la acumulación de capitales ociosos logrados a través de cochupos con el gobierno, ora allá por quienes desde las estructuras de poder político alejan las posibilidades de recomposición social y económica, y de que México siga siendo de los mexicanos.
La elitista reunión, a la que de manera circunstancial convocó una pérdida en verdad irreparable como lo es siempre la muerte de un familiar, debió producir en muchos de los asistentes sentimientos encontrados… festivos por encontrarse ahí, aún en el momento más incómodo.
Sin variar, esa minoría funesta llegó y caminó de la mano de Carlos Salinas como rapada cabeza de la cofradía illuminati que en su versión naca decide la suerte del país, y que eclipsó a su mismísimo discípulo, el Presidente de la República y a su consorte, atrapada ésta en un nuevo escándalo por su afición a acumular propiedades de origen oscuro.
El séquito, de grotesca pluralidad, derribó el muro de la consternación y construyó un escenario de felices emociones.
Manlio, rebautizado por sus adversarios y amigos como el “Beltrones de la comedia blanca”, consternado hasta los callos… por la tragedia electoral que como el 2 de octubre no se olvida, reafirmada ahí por la presencia cargada de comicidad de Ochoa Reza, su sustituto en esa tarea de administrar al PRI.
Videgaray, comedido guardavallas de la pareja presidencial consumida por la fiebre inmobiliaria, conforme porque la nación debe agradecerle no haber aumentado en $1.50 el litro de gasolina, como fue que mandó decir en el Senado.
Fernández de Cevallos, factura en mano por aquello de los cobros de favores y trácalas gubernamentales. Refundido, el chucho menor Zambrano Grijalva que de no ser presidente en obligado turno de la Cámara de Diputados, bien pudo y puede ser fácilmente confundido con priísta de gastado abolengo.
Azcárraga Jean, realmente compungido… por el entripado que le produjo Carlos Slim al dejar a Televisa fuera de la jugada olímpica… o porque el festejo de su centenario americanista huele a tragedia. Igual, porque sus utilidades supuestamente bajaron por los pantalones de anunciantes, pero que nivela porque nadie obliga al gobierno cerrarle la llave de la que ha mamado siempre el presupuesto nacional destinado a la comunicación y de otros “piquitos” convertidos en miles de millones de pesos salidos de secretarías de Estado.
Osorio Chong, asediado más por la riqueza política que significa un saludo que por la cara de funeral que intentó sin éxito.
Autores de viejas complicidades salidas a la luz pública cuando existe la sana distancia impuesta por una celda de reclusorio, el ex incómodo Raúl Salinas y Carlos Peralta, reverenciados por Penchyna y Olvera; Téllez y Guajardo; Romero Deschamps y Escobar, ambos cargados de expedientes negros en el sindicato petrolero y el PVEM… Caravaneados todos por periodistas de lustre artificial y aduladores de profesión.
Pasarela de la maldad personificada.

Te puede interesar
OPDAPAS DOTARÁ DE AGUA POTABLE A MÁS DE 10 MIL HABITANTES DE LOMAS DE SAN SEBASTIÁN
“Policía municipal de Toluca es procesado por secuestro exprés con fines de extorsión”
Detenidos en Huehuetoca son vinculados a proceso por feminicidio en Tultitlán