9 abril, 2026

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Lorenzo Delfín Ruiz

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Sin el poder absoluto que ahora tiene sobre la economía de las familias, a las que frecuentemente les fabrica crisis con ardorosa velocidad e impudicia, el secretario de Hacienda Luis Videgaray Caso le cuestionó en junio de 2010 al entonces presidente de alto contenido etílico Felipe Calderón Hinojosa, el porqué en lugar de subsidiar autos nuevos de 250 mil pesos mejor dejara de subir la gasolina cada mes.
En el tuit de lucimiento que dejó ir para todo aquel que quisiera cacharlo y evaluara su vigorosa creatividad, obviamente Videgaray Caso se refería a terminar con los “gasolinazos”, traducidos en aumentos mensuales de precio a los combustibles, de amargo origen y arbitraria aplicación para “nivelar” las finanzas públicas con la excusa de ubicar el precio real en el contexto del mercado mundial.
Ya dentro del gabinete del presidente Enrique Peña Nieto como secretario de Hacienda, con una abierta intención presidencia-dos-mil-dieciocho-arribista y con ánimos de darle aunque sea un poco de lustre populachero a la administración federal, anunció en 2014 que en 2015 los gasolinazos serían definitivamente enterrados…
… sólo que el sepelio debió ser al estilo Joaquín Pardavé, actor de gratos recuerdos y a quien la leyenda popular le asigna el horrendo final de haber sido sepultado vivo.
Por aquellos mismos tiempos de 2014 y con el actual gobierno borracho de desaciertos matutinos e infectado de calamidades vespertinas y nocturnas –tal como se mantiene hasta ahora, sin dar pie con bola al menos para provecho de los millones de menesterosos que produce el sistema-, el Videgaray de todos los moles mexiquenses se sacó de la chistera otro anuncio que, a su entender, lo pondría si no en la antesala de Los Pinos, al menos en el cuadro de los sabios que necesita el país: también bajarían en 2015 las tarifas eléctricas.
¿A qué viene tanto cuento? Pues que al señor don Luis Videgaray Caso su escupitajo lanzado al cielo en 2010, seis años después le cayó de lleno en su denigrada figura: desenterró los gasolinazos a razón de cuatro pesos por litro calculados para todo 2016 y, de paso, la Comisión Federal de Electricidad relanzó este 3 de julio el incremento tarifario-eléctrico con el otro ardid de que es una reacción por el aumento de los precios de combustible para generar energía eléctrica.
En medio de una galopante crisis que consume al país, principalmente por la creciente oposición magisterial a la reforma educativa, que se agudiza simultáneamente a la devaluación del peso, a la sanguinaria horda delictiva que corroe a la población y a las instituciones públicas, y por la exasperante falta de empleos, a nombre del gobierno de la República el secretario de Hacienda se encarga de aplicar más vueltas a las tuercas de la opresión. Y justifica de sobra a quienes tachan de embusteros a él y a su jefe.
En todo este entramado, Videgaray pudiera anteponer que le tocó zapatear con la más fea en el bailongo del desastre gubernamental, al tener que recular en las fantasiosas proyecciones tarifarias. Sólo que a juzgar por sus maniobras, al funcionario le viene más que guango el desprestigio que, se supone, le acarrearía a su arribismo andar haciendo anuncios fatalistas para la población.
Es así que al secretario de Hacienda habrá que reconocerle una buena dosis de audacia para no ser sepultado como Pardavé, porque mientras su principal adversario en la carrera presidencialista, el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong completaba a su vez la aniquilación del secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, al atraer la “solución” que éste no le puede dar al conflicto magisterial, Videgaray recuperó terreno, se lanzó con todo sobre las canicas y le arrebató a todo el priísmo carnicero una pieza fundamental para 2018.
Ese elemento se llama dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional.
¿De dónde sacó Videgaray Caso a Enrique Ochoa Reza para enquistarlo como dirigente nacional del PRI? Pues de la Comisión Federal de Electricidad, pero desde antes como su obediente discípulo y operador en la fábrica de neoliberales que ostenta el actual secretario de Hacienda.
Confiar en que Ochoa Reza actuará en el PRI por cuenta propia, es como apostarle a la inocencia de Javier Duarte de Ochoa de todas las barbaridades ocurridas en Veracruz.
Gris como se pone a la vista, Ochoa Reza se anticipa como el operador incondicional de Videgaray dentro del PRI. Y éste lo convertirá en estrella refulgente porque desde su nueva guarida deberá diseñar las listas de candidatos priístas al Senado, a la Cámara de Diputados y para elecciones regionales…
Nada mal para edificar una candidatura presidencial a modo, pero nada bien para un PRI que pretende refrendar el poder sexenal y mucho menos para millones de mexicanos empachados de mercenarios y caníbales políticos.

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