EL ANDARIEGO: LA CASA AZUL DE COYOACÁN

POR EL ANDARIEGO

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Ahí tienen a El Andariego, por las calles de Coyoacán, en la casa Azul, en la que vivieron Frida Kahlo y Diego Rivera; donde también se encarnaron las pasiones, el tormento, los sueños, los pleitos y el arte de dos iconos de la cultura Mexicana, de nuestro país post revolucionario.

Frida, la Gran Frida, la niña que a los 7 años sufrió de polio; la que a los 17 años la embistió un tranvía cuando iba en un camión. La mujer que llevaría siempre la marca del sufrimiento. Nunca tuvo una vida normal.

Ella nació en el 1907, antes de la Revolución Mexicana; su padre realizó el trabajo de tomar fotos de los monumentos y la arquitectura de aquella época por órdenes de Porfirio Díaz.

Luego, como adolescente fue una de las tres únicas mujeres que pudo asistir a una preparatoria, ya que quería estudiar medicina, pero por azares de la vida, ella siempre estuvo en manos de los médicos.
Y ahí está la Casa Azul de Coyoacán, donde Frida niña, hija del fotógrafo alemán, Guillermo Kahlo y de su madre, Matilde Calderón, mestiza Mexicana, la criaron y crecieron.

Ahí, en la Casa Azul, la mujer, la esposa Frida compartió su vida con el muralista, Diego Rivera, desde 1929 a 1954 cuando falleció.

¿Qué tantos secretos guarda esa Casa Azul de Coyoacán? No solo fue la casa paterna de Frida, sino también de su vida conyugal, de las infidelidades de ella y Diego.

Ahí, estuvo León Trotsky, el ruso exiliado de su país y aceptado en México por el entonces presidente Lázaro Cárdenas, en 1936, a petición de Diego Rivera y de otros intelectuales mexicanos y comunistas.

Ahí, en el interior de la Casa Azul, durmió Trotsky como refugiado pero también como amante de Frida. ¿Qué más sabe la casa Azul?

Ahora, es un museo, el museo de Frida; la casa de Frida, el recuerdo de la esposa de Diego Rivera, el muralista-comunista; es la casa de los recuerdos de Diego y Frida, la de un México y un Coyoacán, que ya se fue.

A la entrada de la casa hay un jardín con algunas fotos de la pareja; así como una pirámide con ídolos prehispánicos -la pasión de Diego-, así como la sala, comedor, recámara y la cocina donde se movía Frida.

La Casa Azul de Coyoacán siempre estuvo llena; Frida y Diego, tenían constantemente invitados: bohemios e intelectuales; hoy tiene miles de visitantes, la mayoría extranjeros.

Pero ¿quién fue Frida? ¿La niña sola, la mujer bisexual, la artista, la maestra, la comunista? ¿Quién? El Andariego no lo sabe, solo ella en su tiempo.

Aunque es claro que Frida quería vivir intensamente pese a su enfermedad de columna, inclusivo, en uno de sus últimos cuadros, pinto sobre una sandia: “Viva la Vida”.

Ella la vivió intensamente a pesar de las adversidades.

 

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