16 abril, 2026

Reporteros en Movimiento

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María Heriberta Martínez

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Se dice que en política la capacidad para aprender de los cambios y las nuevas circunstancias, por parte de las clases y los grupos, está directamente en función de su papel histórico. Esto quiere decir que las clases y grupos en ascenso, aquellos llamados a desempeñar un papel en el futuro, son los únicos realmente capacitados para dicho aprendizaje; en cambio, las clases caducas, aquellas cuyo papel principal pertenece ya al pasado viven en vano los nuevos fenómenos. Nada les dicen éstos, nada les advierten. Han perdido completamente su capacidad de aprender.
Como un hecho histórico bien conocido que vendría a corroborar esta tesis, se acostumbra citar el caso de la familia real francesa, desterrada y derrocada por la Gran Revolución de 1789. Se dice que cuando, a la muerte de Napoleón, vino la restauración y dicha familia volvió al trono y al poder por una corta temporada, no solamente no dio muestras de estar arrepentida por sus pasados errores y abusos, sino que, por el contrario, se mostró más soberbia y prepotente que nunca, declarando sin ningún rubor que había vuelto para tomar venganza de aquellos que en el pasado inmediato, habían tomado partido y actuado en su contra.
Para la familia real, pues, la Revolución francesa no había significado nada, igual que si no hubiera existido. Estaba completamente ciega, y por tanto perdida, ante la historia. Su fin definitivo estaba sellado.
Y si esto es válido en la historia universal, mucho más lo es, por supuesto, en ámbitos de menor calado. Como aquí en el municipio de La Paz, que, hoy por hoy, es el municipio con mayor rezago de todo el oriente mexiquense, incluso, de todas las entidades que integran la zona metropolitana del Valle de México, esto según datos de INEGI 2015.
De acuerdo con este amargo dato, ¿cómo entonces podríamos explicarnos el hecho de que el priismo pacense siga en su obsesión de detener a como dé lugar la labor que el Movimiento Antorchista despliega en este municipio, siendo que dicha labor se centra en favor del desarrollo social y humano?
O sea, lo que para los habitantes de nuestro municipio, La Paz, resulta una labor no solamente necesaria sino de suma urgencia, en cambio, para los priistas locales es una labor intolerable (y que hay que parar a cualquier costo, según ellos).
Y es que ciertos personajes de nuestro municipio no dejan de ver a la política como el arte del engaño, el arte de dar al pueblo atole con el dedo (y en ocasiones le quitan el atole) hablándole de justicia y democracia, pero sin jamás explicarle cómo es que La Paz sigue sumido en el rezago social y la marginación y sus gobernantes cada vez más ricos.
Por eso intentan bloquear la iniciativa del Movimiento Antorchista, porque el antorchismo sin estar en el gobierno está trayendo más obra social que el propio gobierno municipal y está abriendo los ojos a la gente educándola en el conocimiento de sus derechos y, lo más importante, en el modo de exigirlos. ¡Esto es inadmisible para un político tradicional!
Sin embargo, lejos de recapacitar y tratar de emular la forma de trabajo del antorchismo, en lugar de dejar de hacer mal uso del presupuesto y de ese modo ganarse el reconocimiento del pueblo, los señores del poder municipal han convertido en su obsesión desterrar o, de plano, destruir al antorchismo, no sólo en La Paz, sino de todo el territorio mexiquense.
Es el motivo por el que últimamente el propio Rolando Castellanos Hernández, “jefe político” en nuestro municipio, ha dicho expresamente que las organizaciones priistas tienen en mente una agresión para parar a Antorcha.
Ahora bien, de acuerdo con lo dicho al inicio del presente escrito. Tal parece que nuestros “ilustres” políticos ya olvidaron la suerte que corrió Guadalupe Buendía, la tristemente célebre “Loba”, cuando, en su desesperación e impotencia, enloquecida ordenó el asesinato de diez antorchistas el día de la toma de posesión del candidato ganador, un antorchista que había logrado, mediante trabajo permanente a favor del desarrollo social y humano en Chimalhuacán, el reconocimiento de las mayorías, que le dieron su voto en las urnas, y se convertía así en el primer presidente municipal puesto por el pueblo y no por “La Loba”, esta cacique que tenía a Chimalhuacán como el municipio urbano más rezagado a nivel nacional. Hoy, por no recapacitar, esta tenebrosa mujer se encuentra purgando una condena de más de cien años por sus múltiples delitos.
Un ejemplo más. No recuerdan los políticos pacenses tampoco, pese a ser más reciente, el caso de Armando Corona, ex presidente municipal y ex diputado local, cabeza visible de la mafia política que controla el oriente mexiquense y quien es señalado por el pueblo de Ixtapaluca como el autor intelectual del secuestro y asesinato de Manuel Serrano, padre de la luchadora social antorchista Maricela Serrano Hernández.
El siniestro político Armando Corona es hoy un cero a la izquierda gracias a la perseverante acción del pueblo, que no ha dejado, ni dejará, de clamar y exigir justicia. Y que nadie se sorprenda si el pueblo organizado logra, como en el caso de La Loba, que Armando Corona sea juzgado y pague sus también múltiples delitos como debe ser, con cárcel.
Finalmente, como siempre, el antorchismo de ningún modo renunciará a su labor social. Hoy reiteramos, una vez más, que Antorcha nació para educar al pueblo en el conocimiento de sus derechos y en la importancia de su unión y organización para lograr la fuerza que lo hará llevar por un nuevo rumbo al país entero. Los antorchistas, amigo lector, tenemos la seguridad de que esto es posible. Nosotros sí vamos a heredar un municipio con mejores condiciones y mucha calidad de vida para todos los habitantes de La Paz, se acabó la acumulación de riqueza a costa del erario municipal ¡Estamos seguros de ello!

 

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