11 junio, 2026

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imageECATEPEC, Méx. 14 de febrero 2016.- “Con el diablo no se negocia, porque nos va a ganar siempre” consignó el papa Francisco, durante su homilía en la misa Que ofreció a más de 300 mil feligreses en un predio del fraccionamiento, Las Americas, donde destacó las tres tentaciones que “nos quieren degradar”.

Mencionó que entre ellas está la riqueza, la vanidad y la tentación. Las “tres tentaciones de Cristo”.

Ante una multitud que lo escuchaba, el papa argentino estableció: que el hombre crea “una sociedad de pocos y para pocos”.

Francisco recordó que el miércoles pasado se inició la Cuaresma en la que “la Iglesia nos invita a prepararnos para celebrar la gran fiesta de la Pascua”.

Dijo que este momento de Cuaresma es para recuperar la alegría y la esperanza que “hace sentirnos hijos amados del Padre”.

“Este Padre que nos espera para sacarnos las ropas del cansancio, de la apatía, de la desconfianza y así vestirnos con la dignidad que solo el verdadero padre o madre sabe darle a sus hijos, las vestimentas que nacen de la ternura y del amor”.

Dijo que la Cuaresma es tiempo de conversación porque a diario hacemos experiencias en nuestras vidas y como ese sueño se vuelve continuamente amenazado por el padre de la mentira, por aquel que busca separarnos, generando una sociedad dividida y enfrentada.

“Una sociedad de pocos y para pocos. Cuántas veces hemos tenido que llorar y arrepentirnos por darnos cuenta que no hemos reconocido esa dignidad en otros”.

Agregó: “Cuántas veces -y con dolor lo digo- somos ciegos e inmunes ante la falta del reconocimiento de la dignidad propia y ajena”.

Dijo que la Cuaresma, es tiempo para ajustar los sentidos, abrir los ojos frente a tantas injusticias que atentan directamente contra el suelo y proyecto de Dios.

“Tiempo para desenmascarar esas tres grandes formas de tentaciones que rompen, dividen la imagen que Dios ha querido plasmar”.

Estableció que en nuestra sociedad hay tres tentaciones , tres tentaciones del cristiano que intentan arruinar la verdad a la que hemos sido llamados, tres tentaciones que buscan degradar y degradarnos.

Enumeró en primer lugar a la riqueza, adueñándonos de bienes que han sido dados para todos y utilizándonos tan solo para mí o para los míos. “Es tener el pan a base del sudor del otro, o hasta de su propia vida. Esa riqueza que es el pan con sabor a dolor, amargura a sufrimiento. En una familia o en una sociedad corrupta es el pan que se le da de comer a sus propios hijos”

Luego, se enfrascó en la vanidad, esa búsqueda de prestigio en base a la descalificación continúa y constante de los que “no son como uno”. La búsqueda exacerbada de esos cinco minutos de fama.

Asimismo, dijo que el orgullo o sea “ponerse en un plano de superioridad del tipo que fuese, sintiendo que no se comparte la común vida de los mortales”.

Dijo que hemos optados por Jesús y no por el demonio, queremos seguir sus huellas pero sabemos que no es fácil. Sabemos lo que significa ser seducidos por el dinero , la fama y el poder.

 

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