15 mayo, 2026

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Pobreza_Alimentaria4Por Julisa Mejía Guardado*

Marginación y desigualdad siguen siendo lo cotidiano en las familias mexicanas, toda vez que los programas asistenciales con fines electorales que el gobierno federal implementa, no ayudan a los mexicanos a superar los niveles de pobreza en que viven millones de compatriotas en todos los rincones del país, al grado de que en vez de disminuir el número de pobres, estos aumentan de manera proporcional a la entrega del país que realiza la clase gobernante que cada día privatiza las actividades del gobierno, dejándolo solo como administrador de los empresarios que no pagan impuestos y se les premia con la medalla Belisario Domínguez.
Los seis derechos para alcanzar un nivel de bienestar y que la Sedesol reconoce son: salud, educación, alimentación, empleo, vivienda y servicios básicos, mismos que deben contar todos los mexicanos y que ahora en muchos casos son más de 50 millones los que tienen alguna carencia en muchos de estos rubros olvidados por las políticas del gobierno.
En salud, avanza la privatización de la seguridad social de los trabajadores del Estado, de los trabajadores en general, con lo aprobado recientemente en el Congreso, y de los servicios que recibe la población en su conjunto. Se olvidan de la rectoría que el Estado debe tener en materia de salud para garantizar que estos servicios lleguen con calidad y oportunamente a todos.
En educación, las cosas no son mejores, el mismo titular de la Sedesol reconoce que hay 22.3 millones de mexicanos con rezago educativo sobre todo entre menores de tres a 15 años de edad que no asisten a la escuela, aunque el reto más importante esté entre los niños de tres y siete años. La privatización del sector continúa al reconocer el titular de la SEP que la infraestructura escolar está de lo peor y que los padres de familias “pueden cooperar para mejorar los planteles”, esto es que el Estado se olvida de la rectoría de la Educación y de cumplir sus responsabilidades e inventa bonos de deuda con lo que hipotecará el futuro de las generaciones.
Mientras tanto sigue con su política punitiva contra los docentes que no aceptan la reforma laboral para despedir a cientos de ellos, como ya se ven en las escuelas del país, donde maestros son retirados de sus grupos y se deja a los estudiantes sin quienes les imparta clase, los salones sin maestros.
En materia de alimentación, derecho humano de todos los mexicanos, sigue sin cumplirse con la alimentación adecuada, al dejar abandonado al campo mexicano productor de los alimentos, y con la comercialización de los productos del campo en manos de los intermediarios que los encarecen de manera constante, y que, ante el creciente desempleo, no cuentan con recursos para comprarlos.
Del sexenio del “empleo azul”, pasamos al sexenio del “desempleo tricolor”, donde cada día se maquillan las cifras con la afiliación al IMSS de empresas diversas que antes no lo hacían, pero cuyos empleos ya estaban vigentes, sin que se trate de nuevos puestos de trabajo. Otro derecho incumplido.
El derecho a la vivienda el titular de Sedesol lo sintetiza así: “seguimos teniendo una realidad de hacinamiento que vulnera y lastima, donde se genera violencia por la incapacidad de utilizar ese espacio”.
Es decir, no se cumple con una vivienda digna y decorosa donde las familias puedan habitar de manera amplia con estructuras, pisos, techos y muros de calidad, donde sus integrantes puedan ejercer sus actividades sin estar hacinados como ocurre en la actualidad.
El derecho a los servicios básicos tampoco se cumple para millones de mexicanos que no tienen acceso al agua, electricidad y drenaje.
El titular de la Sedesol dijo que “todavía hay muchos mexicanos que utilizan leña para cocinar o calentar, y por tanto no tienen acceso a una matriz energética barata; siguen teniendo inseguridad en la alimentación, y eso refleja incapacidad de proveerse alimentos”.
El gobierno federal incumple con garantizar los derechos para que las familias mexicanas alcancemos un nivel de bienestar básico que nos permita contar con una calidad de vida mínima garantizada por el Estado.
Y es que mientras los gobiernos que México ha tenido en este siglo XXI sigan rematando los bienes de todos los mexicanos y entregando los recursos naturales al extranjero no puede esperarse bienestar alguno, ni mejoras en la calidad de vida de las familias, a quienes se nos ve como simple mano de obra para aumentar la riqueza de las pocas familias que a costa de nuestro trabajo amasan grandes fortunas, léase Carlos Slim o Alberto Bailléres, premiados ambos con políticas y empresas, que los convirtieron en los dos principales ricos que contrastan con los millones de pobres que hay en el país.
Uno en el área de las telecomunicaciones crece su fortuna y otro, desde la época porfirista, explota a los mineros, no paga impuestos por el mineral que saca del subsuelo, ya que los repecos pagaban más que el propio empresario y lo premian con la medalla Belisario Domínguez como si saquear el país, explotar a los trabajadores y ser “totalmente Palacio”, sean méritos para recibirla. A menos que ahora los legisladores que aprobaron su designación vistan trajes de esa empresa.
Es tiempo de organizarnos para evitar la desaparición de México en manos de este gobierno.
*Dirigente social

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