Apología de lo acrítico reflejado en las crónicas de la vida pública, empero los no tan viejos filósofos observaron a mediados del siglo pasado que la mentira, alguna vez medio liberal de comunicación, había perdido “su limpia función de burlar lo real”.
“Nadie cree en nadie, todos están enterados. Se miente sólo para dar a entender al otro que a uno nada le importa de él, que no necesita de él, que le es indiferente.” (Adorno, “Mínima Moralia”, Taurus, p.27)
Con ello la mentira no se torna inmoral por atentar contra la sacrosanta verdad; no, el pecado está en su “excesiva sinceridad”, que la rebaja a una simple técnica de la desvergüenza para amparar “prosperidades”, según el pensador alemán (del algún modo precursor de la teoría de la razón cínica)
Que hoy queden al descubierto parte de los pormenores de la fuga de un delincuente (El Chapo) con la complicidad oficial no es una acometida contra las instituciones ni una raya más al desprestigio, sino sólo un ladrillo de la estructura organizacional de la falsedad, no apta para estrafalarios. La filtración, persecución y supuestas heridas son lo mismo.
“No soy en absoluto cínico, sólo tengo experiencia”, decía Wilde, deudor del realismo balzaquiano e, involuntariamente, inspiración de la democracia moderna donde, al viejo estilo romano que hizo emperador a Claudio, el único requisito es haber cumplido con el perfil a la hora del parto, es decir, ser hijo, hija, hermano, prima o primo, incluso cuñado, de ex alcaldes, ex gobernadores, ex diputados, etc.
En esos linderos de la “honestidad extrema” ya ni siquiera cabe preguntar por qué alguien que se auto-pensionó a los 40 años (José Ángel Gurría, en Nafin), ahora como dirigente de la OCDE propone reducir las pensiones y afectar a casi 26 millones de mexicanos, mientras las Afores cargan las pérdidas a sus forzados clientes con sus apuestas especulativas y los directivos se rellenan las bolsas con ésas y las elevadas comisiones.
Ya es un avance que la OCDE reconozca el retroceso en el combate a la pobreza, pero sugerir nuevas “reformas estructurales” para revertir la tendencia a la indigencia coloca al borde de la radical deshumorización a la teología del capitalismo vigente, propensa al chiste.
Nótese aquí la sencillez exagerada de los tripulantes del barco neoliberal al refrendar su preocupación por la estabilidad económica en medio de un entorno de incertidumbre, cuando desde hace mucho se observó que lo primero no se consigue si no se elimina lo segundo, ello mediante controles e intervenciones.
Pero como la pobreza se mide por la cantidad de automóviles que compran los ciudadanos (aunque en ello quede hipotecado el trabajo hasta de cinco años) y burlar la realidad ya no es suficiente, lo que queda es la práctica de la integridad al límite: ahora hay que desaparecerla.


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