PARA HECHOS 14 DE OCTUBRE DE 2014.

Lorenzo Delfín Ruiz
Es frecuente (“harto frecuente”, como declamara Nicolás Guillén) que en su repaso por las economías globales y sus efectos sobre la población mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) le lance dardos certeros a México sobre su realidad en aspectos sensibles que, como en este caso, impactan en la esperanza de vida, educación, salarios y seguridad personal de las familias.
Las recientes conclusiones del organismo mundial encabezado por el mismo José Ángel Gurría que como secretario de Hacienda, al término del sexenio de Ernesto Zedillo, le fueran colgados varios pecadillos capitales, como presuntamente haberle perdonado al entonces “maseco” Roberto González Barrera un pago millonario de impuestos, pueden no discrepar de las estadísticas locales del INEGI, pero resaltan porque de sus comparativos con los 34 países miembros, el nuestro se alza con resultados negativos entre los factores que permiten medir el bienestar de las familias. Ninguno para envidiar.
Sin sutilezas, ni con trampas como las usadas en México para hacer de los desastres en las finanzas públicas éxitos rotundos solamente cuajados en los febriles sesos de secretarios de Hacienda siempre arribistas, la OCDE de Gurría ubica a México en el PRIMER lugar en desigualdad de ingresos y en bajos salarios, con una caída acumulada del 40 por ciento en los últimos 30 años.
La cosa se pone color de insecto himenóptero (como dicen que se le dice a la hormiga), porque en comparación con los de los otros 33 países, los empleados mexicanos se soban el lomo 50 horas a la semana.
El ÚLTIMO lugar se lo ganó en el rubro de salario bruto de los mexicanos (ingresos anuales promedio de los empleados que trabajan en todos los sectores de la economía y en todo tipo de empleo dependiente, y se expresan como equivalentes a un trabajo de tiempo completo en un año), que bajó un 3 por ciento de 2009 a 2013.
De la población infantil, la radiografía concluye que uno de cada siete niños mexicanos vive en condiciones de pobreza.
En Educación, alcanzó el ÚLTIMO lugar en lectura, matemáticas y ciencias entre alumnos de 15 años, en tanto que en muertes por agresión (expresión fatídica de la pobreza), ocupa el SEGUNDO lugar, con uno de cada ocho mexicanos victimizados por robo o agresión, apenas debajo de Brasil.
En salud, el dato es ilustrativo de un retroceso: de 80 años de esperanza de vida promedio que tiene la mayoría de los países de la OCDE, la expectativa mexicana de vida está por debajo de los 77 años. En cuanto a vivienda, México va a la cola en el acceso a infraestructura para garantizar abrigo, seguridad y espacio personal a las familias.
Es de reconocerse el ejercicio regular de la OCDE, de recordarle con estadísticas a la mayor parte de los habitantes de México su precaria condición social, como si ese mexicano mayoritario necesitara cifras para corroborar que en ese instante no tiene trabajo, ni un peso “pa´l camión” y mucho menos para la comida de la prole.
Ante esta lluvia de información deprimente, es necesario clarificar dos aspectos de ese porfiado ejercicio de la OCDE: 1.- Nunca antes ni ahora, ni la OCDE u otros organismos parecidos han logrado sensibilizar a las instituciones públicas para empujar verdaderas políticas radicales de rescate social y así modificar el estado de cosas de las familias, y 2.- En este su último balance de 2015, utiliza cifras de 2012 y hasta de 2013 para ilustrar la desigualdad de ingresos y calidad de vida por países.
En esos dos y tres años que la OCDE deja en la nebulosa, pudieron haberse modificado a la alza o a la baja las condiciones en que se desarrollan las familias mexicanas, mientras la burocracia hacendaria, de desarrollo social y presupuestaria se afana en descifrar (sin poder) la enigmática consigna: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos”.
Y es así que traen al país a los bandazos.

Te puede interesar
MUERE EL ESCRITOR GASTÓN GARCÍA CANTU
Gobernadora Delfina Gómez respalda a Gobierno Verde de Villa Guerrero
Movilidad, tradición y agenda verde: señales del nuevo momento mexiquense