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14 abril, 2021

Reporteros en Movimiento

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Los Sonámbulos/Porfirio Díaz y el albañil de Carlyle

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Por Jesús Delgado Guerrero
“El Verdadero Díaz es la esencia del Verdadero Régimen”. A esa conclusión se llega, sin ningún problema, tras una somera revisión de tiempos pasados y actuales, ahora que el todavía exiliado José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, es parte de una trama reivindicatoria que va contra más de un siglo de doctrina iconoclasta.
Ese odioso juego de odiar a los villanos, parodiado por Jack London en los albores de la Revolución de 1910 en el “El Mexicano”, ha sido la historia oficial de la “familia revolucionaria”, supuesta heredera de los liberales del Siglo XIX de los que Díaz Mori fue parte vital (alumno de Benito Juárez en la asignatura de derecho civil en el Instituto de Ciencias y Artes en Oaxaca, a pesar del tono despechado de un Jesús Reyes Heroles)
«El monstruo del mal, de la crueldad y de la hipocresía”, como lo llamó Filomeno Mata; «el más colosal de los criminales de nuestro tiempo… pilar central del sistema de esclavitud y autocracia”, como lo describió John Kenneth Turner en “México Bárbaro”, intenta ser visto ahora con las anteojeras examinadoras del heroísmo (las de Tomás Carlyle), esas que aseguran que no hay albañil capaz de levantar una pared perfectamente perpendicular, pero que si olvida el plomo y el nivel, terminará aplastado por los ladrillos.
¿Héroe sin gloria, sin plomo ni cuchara, o un villano cruel sin castigo? Díaz Mori privatizó bienes nacionales, fomentó monopolios y realizó reforma tras reforma hasta entregar el petróleo a extranjeros. Los poderosos no pagaban totalmente impuestos. Aplastó a estudiantes y a obreros insurrectos (Río Blanco y Cananea) y durante sus 35 años en el poder también se explotó y despojó de sus tierras a campesinos e indígenas.
¿Que el héroe de Puebla le dio chamba a sus familiares y amigos?, ¿que hizo negocios de obra pública con ellos?, ¿que su apego al poder era como el del ostión al agua salada, según Bulnes?). ¿Que el “chancletismo intelectual” (Bulnes, dixtit) de políticos y periodistas daba forma al: “ese gallo quiere maíz”, con cargos públicos y sobornos?
Aclaro: no es esto parte de la historia de este siglo, aunque el parecido (incluido el autodesmentido “sufragio efectivo no, reelección”) alimente la sospecha de una promoción reivindicatoria a partir del apego a valores comunes.
“Los mexicanos están contentos con comer desordenadamente antojitos, levantarse tarde, ser empleados públicos con padrinos de influencia, asistir a su trabajo sin puntualidad, enfermarse con frecuencia y obtener licencias con goce de sueldo… divertirse sin cesar…”, decía Díaz Mori, y se ufanaba de que las clases directivas no le tuvieran miedo a la opresión o a la tiranía, sino a la miseria y a la falta de pan, de casa y vestido, a no comer “o sacrificar su pereza”. En otros tonos y en otras formas el viejo-nuevo régimen lo replica.

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