Por Julisa Mejía Guardado*
205 años después del inicio de la Revolución de Independencia en México, guardadas las épocas, las condiciones en que se encuentra nuestra Nación son similares a las del inicio del siglo XIX, donde sólo unos cuantos, como ahora, poseían la riqueza del país, en tanto que millones se debatían y debaten en la pobreza, con lo que los ideales de la Independencia y después de la Revolución, siguen sin cumplirse pese al sacrificio de miles de mexicanos que en estas gestas perdieron la vida.
La situación económica del virreinato era tal que había un grupo muy pequeño de personas que controlaban la mayor parte de la riqueza, mientras que la gran parte de la población era pobre recuerdan las crónicas de la época y ahora en pleno siglo XXI, las cosas no parecen haber cambiado más que en los nombres de los personajes y familias que detentan la riqueza y los millones de mexicanos sumidos en extrema pobreza por las políticas neoliberales del gobierno.
Tenemos una economía en bancarrota que solo en estadísticas genera empleos, porque en el número de mexicanos sumidos en el desempleo crece y con ello la informalidad en la economía como única forma de sobrevivir al saqueo que el gobierno y sus empresas favoritas realizan de nuestros recursos naturales y presupuestales de manera indiscriminada, como es conocido por la vox populi.
A esto se suma la impunidad con que actúa la clase política en el poder, que sirve de ejemplo para que otros hagan lo mismo y la corrupción en sus filas, sea el mejor catalizador de la violencia e inseguridad en que vivimos todos los mexicanos. Mientras la impunidad no se combata la corrupción y la violencia serán cosas de todos los días, como ocurre ahora.
Por si fuera poco, delincuentes electorales de los partidos aliados al gobierno que en su momento denunciamos ante la misma Fiscalía Especial Contra Delitos Electorales, por la forma en que promovían y compraban votos de los ciudadanos, regalando tarjetas a familias no afiliadas a su organización, lejos de ser castigadas conforme a la ley, hoy son los responsables de la prevención del delito, en una clara burla del gobierno a los mexicanos, con lo que ponen en entredicho a las instituciones del país.
¿A quién se le puede ocurrir que un violador de las normas constitucionales, prevendrá los delitos en México? Es sólo un pago a sus favores, porque al gobierno no le interesa combatir el delito.
Unas cuantas familias poseen la riqueza nacional, siendo el gobierno el impulsor de estas grandes fortunas con la privatización de las empresas mexicanas, que primero dicen que no son rentables y las venden al mejor postor, y sus nuevos dueños se convierten en millonarios del mundo de la noche a la mañana, ejemplo Teléfonos de México, y el remate que hacen ahora de nuestros recursos naturales.
Por estas razones miles de mexicanos dejaron de acudir a las celebraciones del tradicional grito de independencia en las principales plazas del país, al grado de que la siempre llena Plaza de la Constitución del Zócalo de la Ciudad de México, de acuerdo a informe de la policía del DF, tuvo una afluencia de solo 40 mil personas, en un sitio donde caben 100 mil mexicanos, de ahí que las televisoras afines al gobierno no panearan panorámicas del lugar, sino solo tomas cercanas de las personas al frente del Palacio Nacional, todas ellas por cierto acarreadas en 140 camiones del Estado de México, que llegaron numerados y con el municipio de procedencia, informó la autoridad de la capital.
Lo que no previeron las televisoras de la que ahora el presidente es soldado de sus intereses, es que durante el paneo de frente a los asistentes apareciera un lema pintado en playera, acusando a Peña de Asesino, que los mexicanos vimos en cadena nacional, en tanto que los elementos del Estado Mayor Presidencial, como en las épocas de Don Porfirio y los grandes dictadores de América, iniciaban la persecución de los que hacían uso de su libertad de expresión, derecho que para el actual gobierno no es válido si no es un frase halagadora del sistema y su gobierno.
Y es que la situación no está para menos, como hace más de dos siglos, un pequeño número de personas y familias controlan la mayor parte de la riqueza del país, en tanto que millones de mexicanos están condenados a la pobreza que de acuerdo a cifras oficiales creció en este sexenio más que en los anteriores y que con las políticas de entrega hacia los intereses privados trasnacionales, crecerá exponencialmente en los siguientes tres años que queda del gobierno.
Los actuales gobernantes insisten en no ver que están creando el caldo de cultivo de los próximos gritos de los mexicanos contra el mal gobierno y los muera a los contratistas favoritos de Peña Nieto que se sirven con la cuchara grande el presupuesto nacional.
El paquete económico que está en la Cámara de Diputados, de acuerdo a la primera revisión de sus datos, trae una serie de recortes a los programas sociales que agudizarán aún más el descontento social de la población, porque no se prevén recortes en los salarios de los altos funcionarios y en las plazas que estos ocupan, para destinar dichos recursos a las prioridades de la Nación.
Desde Los Pinos siguen subastando al país con la entrega de más contratos para la explotación de las zonas petroleras del Golfo de México y los mexicanos no dejaremos que se venda a la Nación.
La insurgencia popular crece en las calles, colonias, pueblos, ciudades y municipios de México, donde se organizan para defender al país de las políticas que están llevando a la miseria a la mayoría de los mexicanos, mientras unos cuantos, como en la Colonia, concentran las riquezas de todos.
*Dirigente social

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