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10 abril, 2021

Reporteros en Movimiento

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LOS SONÁMBULOS: SOBRE UNA ESTAMPA ACUSATORIA

Por Jesús Delgado Guerrero

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La “Primavera Árabe” fue el resultado de la combinación de gobiernos dictatoriales, sin libertades ni democracia, propensos a aplicar recetas “neoliberales” privatizadoras que dejaron a millones en la miseria. En algunos países el movimiento culminó con el derrocamiento de clanes como el de Egipto, con Hosny Mubarak, un moderno faraón elogiado por el capitalismo en sus reuniones de Davos como un paladín de la apertura y de las ”reformas estructurales”.
Ese movimiento influyó a Siria justo por las mismas dolencias de los habitantes de las demás naciones árabes, y desde enero del 2011 la situación escaló hasta derivar en una guerra en la que las grandes potencias (Rusia y Estados Unidos, sin dejar de lado el concurso de Inglaterra, Francia, Alemania, Japón, las dos Coreas y otros) patrocinan a uno u otro bando, procurando más sus intereses comerciales que otra cosa, incluidas miles de vidas humanas y millones de desterrados.
La imagen de Alan Kurdi, un niño de tres años, casi un bebé, hallado muerto boca abajo en la arena de la playa mientras las olas lamían su cabecita ladeada en una costa de Turquía, es la estampa acusatoria de esa barbarie sostenida por dogmas ídem: desde el religioso, con el surgimiento incluso de califatos, hasta económicos (un pleonasmo salvaje)
“No lamentar, no reír, no detestar, sino comprender” decía Spinoza. Pues bien, para comprender hay que explicar, y si bien es cierto que el pequeño huía de la guerra junto con sus padres y su hermano Galip (de cinco años de edad y también muerto, igual que su progenitora) esa conflagración tiene sus orígenes y son esos resortes los que se han querido pasar por alto en forma deliberada.
Alan no es uno de los personajes del novelista alemán Patrick Süskind (“El Contrabajo”, específicamente), es decir, una figura aislada, ante la cual en algunos casos el conservadurismo ha querido reducir a un estado de “daño ocasionado por la guerra”, por eso en muchas partes del mundo, incluso en nuestro país, se omitió su difusión o se “cumplió” nada más por no dejar.
La visión neoliberal-conservadora de Edmund Burke justificó la omisión: “nos deleitan, en no poca medida, los sufrimientos de los demás” (por eso es preferible hablar de las pérdidas de los pobrecitos magnates en su nueva juerga casinera, que tratar el drama de millones reflejado en esa gráfica de Kurdi)
La imagen del pequeño Alan muerto, con sus pantalones cortos azules, camiseta roja y bracitos hacia atrás, con la cadera hacia arriba en una de las típicas posiciones de un bebé dormido, es cuando menos intolerable (como en su momento fueron otras, como la de la niña Kim Phuc, de 9 años en la guerra de Vietnam, conocida como la “Niña del Napalm”) y contemplándola, diría alguien que las erizadas puntas del mar arden ahora sobre las cabezas de los bárbaros. No hayan qué hacer.

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