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22 enero, 2022

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LOS SONÁMBULOS/EL ODIO A LAS “DEUDAS ODIOSAS”‏

Pagar-las-viejas-deudasPor Jesús Delgado Guerrero

Su sola mención provoca convulsiones, como si un sacerdote jesuita estuviera expulsando a “El Maligno” del cuerpo de un inocente, y quizás por eso se evita alguna referencia. Son las llamadas “deudas odiosas” generadas por la libertina actuación de una díada corrupta: acreedores y gobiernos, signo de esta y otras épocas.

Grecia, como aquí en Coahuila con el clan familiar Moreira, o el Fobaproa con todos los especuladores locales (hoy hombres Forbes) y externos (también en esa lista), resume ese fenómeno que un economista definió con precisión pero del que, tal vez para no ser satanizado ni perseguido como “nuevo populista” por los curas neoliberales y sus propagandistas, se vio obligado a poner distancia:

“Una deuda odiosa es aquella contraída contra los intereses de la sociedad de una nación y con el completo conocimiento de los acreedores”.

El jurista y financiero ruso Alexander Nahum Sack trabajó en esa teoría (la denomino también “deuda execrable”) inspirado en la deuda que contrajo el emperador Maximiliano a nombre de México y que rechazó el gobierno liberal del prócer Benito Juárez, misma que ha sido desarrollada y aplicada   en casos como el de Irak tras la llamada “Guerra del Golfo” y otros países.

(Digresión fugaz, sólo por no dejar pasar la propaganda evidente: a los ojos del neoliberalismo vigente, el Benemérito sería un populista de lo peor, un blasfemo incendiario)

La pregunta esencial es: ¿por qué una sociedad debe pagar préstamos solicitados por sus gobiernos para acciones, obras o programas sin beneficio y de los cuales, para colmo, el prestamista estuvo informado pero, presa de su codicia, los concede?

Ni en broma el gobernante Alexis Tsipras, en franca reversa, menos los gobiernos de Alemania y Francia ni, claro, los acreedores de estos países, han sugerido auditar la deuda griega que, de concretarse otro rescate por unos 53 mil millones de euros, alcanzaría la friolera de más de 300 mil millones; es decir, en vez de “amor eterno”, como reza la canción, habrá odio por varias generaciones.

¿Qué hay detrás de esa fabulosa deuda? A la vista, las célebres pirámides, mansiones, catedrales, becerros de oro altos como rascacielos, nuevos Midas, jirafas con cuello más o menos largos, graznidos de cuervos y cantos de ranas, juegos de sillas y concursos de belleza; la famosa “burbuja”, caballos sedientos y, en suma, todo el compendio metafórico keynesiano para describir la irracionalidad que sustenta la codicia y la corrupción.

En el caso de los griegos, y en otros viejos y nuevos, se ha actuado casi con apego a la filosofía de la contestataria niña Mafalda: lo que cuenta es lo urgente, no lo importante (no quieren ver que el edificio requiere una profunda reconstrucción, con reglas claras y precisas, no de maquillajes, fundamentalísimos ni teologías)

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