José Sergio Barrales Domínguez/tomado de Facebook
La utilidad del plebiscito como mecanismo de decisión democrática no está en discusión, pero al quedar en manos de gente deshonesta, es una garantía para que éstos permanezcan en el poder por el tiempo que quieran, al haber desarrollados mecanismos de corrupción efectivos dentro de la institución.
En la Universidad Autónoma Chapingo, el plebiscito se planteó como un instrumento para destituir del cargo a las autoridades que no cumplieran las expectativas de la comunidad universitaria, pero da la casualidad, que se ha utilizado para eliminar a rectores que afectan los intereses personales de un grupo que ha medrado con sus recursos. En Chapingo se han hecho a nivel de Rectoría, cuando menos cuatro plebiscitos, todos impulsados y organizados por profesores identificados con principios de derecha, con prácticas de apropiación de los recursos universitarios, quienes muestran el colmillo para torcer desde su origen la implementación del plebiscito.
Por ejemplo, el último plebiscito organizado en la universidad, solicitado el 22 de septiembre del año 2004 por 20 consejeros universitarios, se basaron en el argumento de que el Rector no tenía capacidad para dirigir a la institución. Al solicitar pruebas de su argumento, los impulsores del plebiscito no permitieron discusión alguna. “La decisión está tomada señor Rector, y punto”, dijo gallardamente Pedro Ponce Hernández, Consejero Universitario por Ingeniería Agroindustrial.
Desde el principio se mintió con tal de lograr su objetivo. En la solicitud de plebiscito se mencionaban 2600 firmas que la respaldaba, dando entrada al proceso mediante el acuerdo 688-1 del consejo universitario. Lo inaudito fue, que se negaban a cotejar firmas, al considera ese hecho como un acto que dañaba su reputación; sin embargo, algunos de sus seguidores votaron a favor de cuantificar el número real de firmas recabadas, sin antes corregir el número inicial de firmas, mencionando que entregaban 2510 firmas, pero que a raíz del conteo, aún no del cotejo, en realidad eran 2500, es decir, inflaban en 0.12% el número de firmas.
El cotejo consiste en verificar cada una de las firmas, para tener la certeza de que son universitarios vigentes los que solicitan el plebiscito. La comisión encargada de este proceso, identificó que solo había firmas de ocho profesores, de un total de 1297. Se pudo comprobar la deshonestidad con que se condujeron los promotores del plebiscito, entre los que estaban José Reyes Sánchez y Mario Galena, entre otros, ahora también consejeros universitarios. Se introdujeron 12 firmas de estudiantes con baja temporal (0.48%), 17 firmas de estudiantes dados de baja por mal aprovechamiento e indisciplina (0.68%) a quienes se les ofrece incorporarlos como universitarios activos a cambio de su activismo político durante el proceso de plebiscito. El colmo de la deshonestidad fue incluir firmas de 7 egresados (0.28%) y de 32 personas inexistentes en la comunidad universitaria (1.28%). También se detectaron 27 firmas sin relación ni con el nombre ni con el número de matrícula (1.08%) y 384 casos de firmas duplicadas (15.38%), y 262 falsas.
Respecto a las firmas duplicadas, después de discusiones y titubeos entre quienes promovían el plebiscito, y que de momento mostraban un poco de rechazo a tantos actos de deshonestidad, aceptaron la eliminación de sólo 384 firmas, es decir a la mitad, cuando en realidad debieran ser eliminadas todas, por incurrir en actos de falta de probidad. La suciedad estaba en los ojos, el cerebro, en sus maneras de actuar, que los llevó a desechar argumentos válidos para eliminar a todas las firmas duplicadas. Lo interesante es que la decisión para eliminar las 262 firmas falsas, no se basó en argumentos sólidos para defender lo indefendible, sino que fue una acción aritmética de su líder, quien sin cuidar las formas, dijo en voz alta: “¡está bien!…¡quitémoslas!, de todas maneras tenemos el 21.3% de firmas, ¿quiere más señor rector? Como resultado de todo ello, se aceptaron 2,018 firmas como válidas, con lo que se cubría el 24.5% de firmas, de un total de 8235 miembros de la comunidad.
Al final se eliminaron 741 firmas de valor original, que representaban el 29.68%, prueba fehaciente de la deshonestidad con que se conducen quienes promovieron ese plebiscito, característica mostrada a lo largo de su vida en Chapingo. Lo anterior es muestra de la capacidad para manipular a estudiantes y profesores portadores de baja autoestima que los hace cooptables. También mostraron su fuerza cuando se presentaron varios estudiantes a la sesión del consejo universitario para solicitar el retiro de su firma, debió a que fueron engañados para obtenerla, pero simplemente su denuncia fue ignorada y, con gritos pidieron continuar la sesión. Si se hubieran eliminado todas las firmas duplicadas, las firmas con validez legal serían únicamente 1634, que representan el 19.8% de la comunidad universitaria, y por tanto, no se debió realizar el plebiscito. Al llevarse a cabo, se legitimaron los actos delictivos y se fortaleció la impunidad que se tiene en la universidad para violentar las normas.
Ahora, con lo que está sucediendo en la universidad, no deben sorprender los actos de deshonestidad e irresponsabilidad que se expresan en el consejo universitario. El más grave es haber impuesto un plebiscito que no estaban en la discusión, porque para no respetarse los acuerdos de la asamblea universitaria en la que se incluye el nombramiento de la rectora interina, el consejo universitario propuso la elección de un rector interino mediante plebiscito, situación que originó el paro estudiantil, Ahora, ya no es el propósito hacer un plebiscito para elegir un rector interino como manera de ningunear el valor democrático que tiene la asamblea universitaria, sino para volcar a la comunidad universitaria en contra de los estudiantes que sostiene el paro en la universidad. Dijeron tener más del 20% de firmas de los miembros de la comunidad universitaria que piden el levantamiento del paro estudiantil, pero no las mostraron y mucho menos fueron cotejadas. Independientemente de lo que suceda con el plebiscito acordado para consultar si el paro continua o se levanta, éste hecho nuevamente surge de la deshonestidad y probable delito de falseamiento de firmas.
No le extrañe a algunos, que tan pronto se tenga el resultado de su plebiscito implementado para el 18 de marzo, acordado sin el respaldo concreto y público de las firmas, se tomé la acción de destruirlas, si es que existen, porque con seguridad son huella de un acto delictivo que daña gravemente a la institución.
San Bernardino a 17 de marzo del año 2015

Te puede interesar
Profesores y estudiantes de la Universidad Autónoma Chapingo rechazaron el cierre temporal del propedéutico en el Centro Académico Regional San Luis Acatlán, Guerrero
Texcoco fortalece seguridad en Santa Catarina del Monte y celebra talento infantil
Volcadura de camión en la autopista Peñón–Texcoco