9 junio, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

Salinas-ZedilloPor Jesús Delgado Guerrero

La definición sobre lo que es Wall Street y su principal objetivo, es del economista John Kennet Galbraith: es una prostituta manipuladora que hace posible sustituir un mercado anémico y frágil en uno saludable y robusto, cuya misión fundamental es poner cómodos a los especuladores y facilitar su actividad.

Pues bien, ese fue más o menos el papel que desempeñaron los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y de Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) durante la ola especulativa de 1994 que estuvo acompañada de robos y timos por parte de banqueros, y que ayer cumplió 20 años.

(Es inevitable que al primero lo acosen los fantasmas de los tesobonos indexados al dólar en su afán de seguir la máxima de “Presidente que devalúa, se devalúa”, y al segundo el cerril manejo devaluatorio al informar a especuladores domésticos, quienes se apresuraron a hacer lo suyo y que hoy encabezan listas como dueños de enormes fortunas)

Todas esas “armas de destrucción masiva”, por seguir la expresión del magnate Warren Buffett sobre los fraudulentos “derivados” de las hipotecas subprime que mantienen de cabeza al mundo desde el 2008, alimentaron a ese adiposo engendro que ni la novelista Mary Shelley imaginó mediante las pesadillas científicas de su doctor Frankestein, y que se conoce como Fobaproba, hoy IPAB.

Conforme al canon del capitalismo salvaje, camuflado de “neoliberalismo” o “liberalismo social”, esas estafas y especulaciones se endosaron a todos los mexicanos. Inicialmente el adefesio sumó unos 620 mil millones de pesos y actualmente alcanza más de 800 mil millones de pesos, a pesar de que se han pagado más de 500 mil millones de pesos.

Así como se evita hablar del verdadero oficio de Wall Street, ese acontecimiento se ha querido mantener en el olvido o disimularlo con eufemismos como “el efecto tequila” o “el error de diciembre”, como si se hubiera tratado de una simple y jovial melopea -“peda navideña”, dicho en términos comunes-.

La economía como “ciencia del placer y el dolor”, consecuencia de las acciones humanas, a decir de Jevons, procuró más lo segundo.

Los veinteañeros de hoy quizás nada saben de ese gran fraude y tal vez sólo  han escuchado alguna referencia, pero igual los marcó significativamente, como a los protagonistas.

Por la magnitud de la devastación que dejó entre miles de familias que vieron esfumarse sus empleos, casas, automóviles -incluso vidas de parientes desesperados-, y que canceló oportunidades de una vida mejor a los jóvenes de hoy (y a los de mañana, porque todavía hay que seguir pagándola), esa defraudación tendría que haber movido a una profunda modificación de las estructuras financieras.

Pero, aunque hay efemérides detestables, también hay lecciones que no se aprenden. La simulación es parte de los impulsos transformadores.

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