CUANDO CARLOS NAVARRETE PUSO SOBRE LA MESA LA RENUNCIA DEL GOBERNADOR DE GUERRERO ANGEL ELADIO AGUIRRE RIVERO POR LOS HORRENDOS ACONTECIMIENTOS DE IGUALA, QUE HAN ESTREMECIDO AL PAÍS, lo hizo con un amplio sentido político, como expresión de esa suerte de triple esquizofrenia que permea a todos los funcionarios, que dicen una cosa, mientras piensan otra y concluyen haciendo otra muy diferente. Mendaz como pocos, el nuevo dirigente del Partido de la Revolución Democrática lo que menos pensó fue en la renuncia del ex priista y ahora flamante “izquierdista” del PRD, responsable de la interminable sucesión de asesinatos de estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa y de la tremenda descomposición social que prevalece en esa entidad. No olvidemos que en Guerrero hay crímenes políticos consuetudinariamente: hace un par de semanas mataron a un dirigente estatal del PAN en Acapulco; hace unos meses también mataron a la nuera de un empresario en Chilpancingo, asesinan a dirigentes campesinos en La Montaña, la Costa Chica, la Costa Grande y Tierra Caliente. El pan de cada día en Guerrero es el “ajuste de cuentas” entre los caciques empresariales y políticos, que han prohijado a las bandas del crimen organizado estableciendo amplias zonas donde no manda el gobierno, mandan los malos mientras el pueblo es el que padece la inseguridad, el cobro de cuotas de “protección” o extorsiones como el famoso “cobro de piso”, pero también el horror de las matanzas y el coraje por la impunidad de que gozan sus agresores, plenamente identificados como gente del poder.
NAVARRETE NO QUIERE QUE ELADIO RENUNCIE Y POR ESO EXIGIÓ AL GOBIERNO FEDERAL LA RENUNCIA DE LOS GOBERNADORES DE LOS ESTADOS DE MÉXICO Y TAMAULIPAS, Eruviel Ávila Villegas y Egidio Torre Cantú. El primero, responsable al fin y al cabo de que el crimen organizado se haya apoderado de amplias franjas del territorio mexiquense, no solamente al sur de la entidad, también en el norte, en la zona oriente y en la zona poniente. La misma ciudad de Toluca se ha visto invadida por las bandas de delincuentes que se pasean a sus anchas y con guardias armados hasta los dientes, entre Almoloya de Juárez y Metepec, donde tienen sus regias mansiones. Del triste Egidio qué más se puede decir, si su entidad tiene el primer lugar en delincuencia organizada, donde las balaceras son el pan de todos los días, donde los empresarios agrícolas han debido ceder ¡ante notario público!, la propiedad de sus tierras y negocios. También se ha hablado de la renuncia del gobernador poblano Rafael Moreno Valle, responsable también del artero asesinato de un adolescente al momento de una acción represiva por parte de la policía estatal a un grupo de campesinos inconformes. El mismo Moreno Valle salió a la palestra para decir estúpidamente que el muchachito había caído víctima de los petardos con que los campesinos se defendieron de las hordas hitlerianas que les echó encima su gobernador. Las investigaciones desmintieron el dicho de Rafael Moreno Valle. “Si se va el mío… también se van los suyos”, quiso decir el dirigente del PRD y estableció así el apoyo que necesita Eladio. La eterna cadena de complicidades del PRIANRD.
POR ESO, PORQUE LOS PERREDISTAS HAN HECHO DE LA POLÍTICA UN MULADAR EN EL QUE LA MENTIRA, LA DEMAGOGIA, LA PROSTITUCIÓN DEL VOTO Y LAS ALIANZAS INCONFESABLES CON EL CRIMEN ORGANIZADO, el pasado jueves 8 de octubre, mientras se realizaba una multitudinaria manifestación convocada por la Coordinadora Nacional de
Trabajadores de la Educación (CNTE), con la exigencia de la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la derogación de la mal llamada “Reforma Educativa”, un grupo de marchistas agredió al fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, persiguiéndolo incluso por algunas calles del centro histórico, arrojándole objetos, líquidos y gritándole improperios y una palabra que el hijo de Tata Lázaro jamás hubiera pensado oír: “asesino”. Acaso no lo sea, pero es clara su identificación con las peores prácticas de la política mercantilizada del PRD, partido y dirigencia protectores de Ángel Eladio Aguirre Rivero y del prófugo de la justicia, presidente municipal de Iguala José Luis Abarca, su esposa y los familiares de ésta, conocidos narcotraficantes de la zona. Eso es lo que protegen Carlos Navarrete y el Partido de la Revolución Democrática, izquierda diluida en el mar de las complicidades de una clase política sin distinción partidaria pero con plena identificación con el crimen organizado.
AL PRENDERLE FUEGO A LA “CASA GUERRERO”, LUGAR DONDE DESPACHA EL DESGOBERNADOR GUERRERENSE, LOS ESTUDIANTES DE LA NORMAL RURAL DE AYOTZINAPA EXPRESARON SU HARTAZGO y el de todo el pueblo de esa entidad sureña, por tantos años de explotación, opresión política y represiones sangrientas, como la que envió a la sierra después de un mitin de copreros en la Costa Grande, a otro egresado de la normal rural de Ayotzinapa, al maestro Lucio Cabañas Barrientos, de donde finalmente bajó para ser asesinado, igual que asesinaron a otro maestro, dirigente de la Asociación Cívica Nacional Guerrerense, Genaro Vázquez Rojas, también obligado a la rebelión. La historia de la ignominia lo señala claramente: desde el asesinato a los 33 años de vida, del dirigente social y político de verdadera izquierda, Juan Ranulfo Escudero Reguera y de sus hermanos Francisco y Felipe, fundadores del Partido Obrero de Acapulco, que desde el año 1913 se enfrentaron a los caciques gachupines y latifundistas, que tenían el absoluto control de la producción agrícola, del comercio y producción textilera, gracias a la incomunicación que prevalecía en la entidad pues aún no existía, ni permitían que se construyera, la carretera México-Acapulco. En las primeras horas del 21 de diciembre de 1924, a poco más de un año de haber ganado por segunda ocasión las elecciones para el Ayuntamiento del puerto acapulqueño, serían fusilados en el poblado de El Aguacatillo, asesinados hasta con tiro de gracia, por militares al mando del capitán Fausto Morlet y pistoleros enviados por los caciques gachupines, verdadera mafia del crimen organizado de principios de siglo, de apellidos Sutter, Luz, Muñúzuri, Marcelino Miaja, Juan Rodríguez, Pascual Aranaga y Ángel Olazo, quienes pagaron 60 mil pesos en oro por la villanía.
VEMOS A UN ENRIQUE PEÑA NIETO DESESPERADO POR FRENAR LA CRECIENTE INCONFORMIDAD. Porque todo esto impacta directamente al gobierno federal. Por eso envió (en medio de una nube de guaruras y con un templete preparado exprofeso para el lucimiento de los funcionarios), al Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong y al subsecretario Luis Enrique Miranda Nava, para “negociar” en plena calle de Bucareli con los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, quienes también se están movilizando multitudinariamente y mantienen el paro total de sus planteles, también hartos de tantas imposiciones de directivos retrógradas, reglamentos obtusos y ahora un nuevo plan de estudios abusivo que deteriora el nivel educativo del IPN ciñéndolo también a los dictados del Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el “Desarrollo” Económico, organismos que le están ordenando al gobierno mexicano la implantación de una supuesta “Reforma Educativa” que nos encadena al subdesarrollo que ordena
la metrópoli colonial del imperialismo norteamericano. Pero los muchachos no se dejaron engañar pues saben lo falaces que son los políticos y no aceptaron las propuestas de “botepronto” que les formularon desde gobernación. Ahora serán atendidos por otro mentiroso, el Secretario de Educación Pública, el también mexiquense Emilio Chuayffet Chemor, mejor conocido como “El asesino de Acteal”, Chiapas. Un vasto incendio alumbra la terrible noche del territorio mexicano…


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