25 junio, 2026

Reporteros en Movimiento

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la foto 3-3 la foto 1-2 la foto 2-4 la foto 2(5) la foto 1(6)La familia Susano Hernández quedó unida para siempre. Padre, madre y los tres niños quedaron en la misma tumba en el panteón de San Felipe, donde hoy por la tarde se le dio el último adiós. A un lado el cuerpo del compadre que los acompañó a un viaje sin retorno.

El pasado 15 de septiembre salieron en una camioneta Lobo de doble cabina que acaba de adquirir el señor Adrian Susano en la frontera y la quería estrenar con un viaje al santuario de Juquila, en el estado de Oaxaca.
Pero ya no llegaron, la familia, fue encontrada en el fondo de una barranca a la altura del kilómetro 88 de la autopista Puebla Oaxaca, luego de nueve días de búsqueda por parte de sus parientes y amigos.
La tarde de este jueves se realizo el sepelio en el cementerio de San Felipe, en donde primero fue enterrado el compadre que acompaña a a la familia, Israel Morales de la Rosa, a que su familia dio el último adiós.

Fidel Morales de la Rosa, señaló que su hermano era trailero, que conocía las carreteras, pero no supo el motivo del accidente en Oaxaca.

Los cinco integrantes de la familia Susano Hernández,  quedaron unidos para siempre en una sola fosa, “última morada para esta familia, que sólo dios sabe porque se los llevó a todos juntos”.

Con un llanto silencioso, los familiares vieron como uno a uno fueron bajando los ataúdes a la fosa familiar, colocando en cada extremo los cuerpo de los padres y en medio el de los tres pequeños, “eran muy unidos, por eso dios se los llevó juntos”, dijo uno de los asistentes.

Adrián Susano Ramírez, jefe de la familia fallecida, se dedicaba a procesar la sangre de los animales de los rastros, “ese era su negocio y le iba  bien”, comento Fidel Morales, quien dijo que cada años viajaba a Juquila con su familia, a San Juan de Los Lago, a la basílica de Guadalupe, para agradecer que le iba bien en su trabajo.

Consuelo Hernández Barrera, hermana de Mónica, la madre que pereció con su familia, no dejaba de llorar abrazada a su madre, quienes se encontraban inconsolables por la muerte trágica de la familia.

Pese a la desgracia, se mostraban conformes, porque luego de la semana habían aparecido, “se acabó la incertidumbre de no saber que les había pasado, al menos ahora sabemos en donde esta, en donde podemos venir a rezarles, atraerles una veladora o flores”, dijeron familiares quiénes buscaban consolarás por el trágico fallecimiento.

Luego de que los ataúdes acabaron de ser a bajados a la fosa. Los familiares lanzaron su “puño de tierra” una flor, se bendijeron los ataúdes, pero uno de los pariente, con una muñeca en la mano y la voz entrecortada, pidió que la pusieran en el ataúd de la pequeña Evelín, “para que la acompañara”, como una forma de rendir tributo al amor que recibió de la niña.

Al final, la gran fosa familiar fue cerrada, y sobre ella colocaron las flores y coronas, quedando no como una tumba más, si no como un jardín que alberga cinco corazones que se mantuvieron unidos hasta en la muerte.

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