Jesús Tolentino Román Bojórquez
Todos los mexicanos sabemos que la situación económica social del país es bastante mala y delicada. Es mala, porque investigadores serios de nuestra economía, registran recientemente que de 116 millones que somos en México, el número de pobres sigue creciendo y hoy somos nada más y nada menos que 97 millones de mexicanos, el ¡83 porciento! Es decir, somos el penúltimo país donde la riqueza se reparte más mal en el mundo. Tal situación la sufrimos los mexicanos por la falta de empleos, los bajos salarios, que no alcanzan para cubrir la canasta básica, por el continuo aumento de los productos de primera necesidad, por la falta de alimento, vestido, calzado, educación, salud y vivienda de calidad, por la carencia de servicios elementales y, para colmo de males, por la inseguridad creciente que pone en riesgo, a todas horas, nuestra integridad física y de nuestra familia, así como nuestras modestas pertenencias.
Frente a este sombrío panorama, al cual se añade la reciente mala noticia del gobierno federal en el sentido de que la economía nacional no crecerá al 3.9 por ciento durante el año 2014, sino que el pronóstico ya descendió al 2.7 por ciento (igual que el año pasado, y bajamos finalmente hasta el 1.1 por ciento), se infiere, sin mucha dificultad, que la calidad de vida de los mexicanos se irá deteriorando cada día más.
Lo más grave del problema, a decir de Antorcha, es que riqueza para combatir el mar de pobreza en que vivimos, sí la hay. Prueba de ello es que de 200 países que existen en el planeta, según la ONU, México ocupa el lugar número 13, o sea, únicamente 12 países nos ganan. ¿Cuál es el problema entonces? Pues que tanto la riqueza social como la natural de la patria, está muy mal repartida. Otros datos que nos sirven para darnos una idea de los enormes recursos que posee el país, son los siguientes: 1) el Presupuesto de
Egresos de la Federación (PEF), o sea, el dinero que maneja la Presidencia de la República, asciende a 3.5 billones de pesos anuales, o sea, 3.5 millones de millones de pesos al año; 2) el presupuesto que maneja anualmente el gobierno del estado de México es de 189 mil millones de pesos y, 3) el presupuesto que está asignado para el municipio de Ecatepec rebasa los 3 mil millones de pesos al año. Son, como se mira, verdaderas montañas gigantescas de dinero que producen los trabajadores mexicanos con sus manos, de las cuales, sólo le tocan miserable migajas y cuyo reparto más equitativo, sólo se consigue educando, organizando y poniendo en pie de lucha a ese gigante dormido que llamamos pueblo, tarea en la cual Antorcha lleva trabajando ya 40 años en todo el territorio nacional.
Y la situación social se torna más delicada cada vez, primero, porque bien que se da cuenta la gente de que la mayoría trabaja pero no adquiere lo justo por su trabajo, en tanto que los que no trabajan se hinchan de dinero como sanguijuelas; segundo, porque al abstencionismo (no votar), tan elevado por la crisis de credibilidad del pueblo hacia los partidos, ahora se suman acciones ciudadanas espontáneas y desesperadas por todo el país, donde la gente expresa su hartazgo y desconfianza hacia las autoridades, por ejemplo, el surgimiento de “ policías comunitarias “ y “grupos de autodefensa”; múltiples intentos de linchar tumultuariamente a los delincuentes; el crecimiento incesante de la delincuencia organizada; en fin, estamos pasando de la crisis económica a una crisis política cuyas consecuencias futuras son impredecibles pero nada halagüeñas.
Estos comentarios vienen a cuento, porque hay pésimos gobernantes que le echan gasolina al fuego. En efecto, la semana pasada denuncié que Pablo Bedolla, alcalde de Ecatepec, se niega en redondo a cumplir los acuerdos de obras y servicios que pactó con Antorcha durante su campaña política (que firmó ante notario público) y tampoco cumple con la minuta que firmó de su puño y letra. Denuncié que lo pactado es absolutamente legal e indispensable, como son obras de agua potable, drenaje, electrificación, construcción de escuelas, pavimentación, centros de
salud y, particularmente, apoyo para combatir la tremenda inseguridad que se presenta en Ecatepec, que a todos nos tiene con el Jesús en la boca, y temerosos de salir siquiera a la calle.
Pues bien, a estas mentiras que exhiben la monumental falta de ética política de Bedolla, se le añade que al señor le tiene sin cuidado que afuera del palacio municipal estén en plantón por tiempo indefinido, mujeres, hombres, niños y ancianos, exigiendo sus derechos; le importa un soberano cacahuate, que sufran de hambre, asoleadas y lluvias, que dejen familia y a veces su trabajo. Pero eso sí, Bedolla, como buen arribista que ha sido toda su vida, ya se prepara para ocupar un nuevo cargo en las elecciones del año próximo; para saltar, como es su costumbre, a otro “hueso” que le permita continuar viviendo del erario y engañando, ¡una vez más!, al pueblo de Ecatepec.
Pero Bedolla se equivoca de palmo a palmo si cree que nuevamente se saldrá con la suya. Antorcha, que siempre está con el pueblo, continuará y arreciará su labor de exhibir el fiasco que resultó el señor como alcalde de Ecatepec, durante todo el año que resta para las siguientes elecciones, de ser necesario, y lo hará con su fuerza municipal y también estatal. Y llamará al inconforme pueblo de Ecatepec, a que abra los ojos y a que no se deje engañar otra vez. Que conste

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