Heberto Castillo falleció el 5 de abril de 1997 a los 68 años de edad, como consecuencia de afecciones cardiacas derivadas de la diabetes, fue un líder político y científico, un caudillo, honesto, carismático; congruente, era además escritor, le gustaba pintar y jugar el beisbol.
Empecé a escuchar su nombre en 1968, cuando yo tenía trece años de edad, leía la revista ¡Por Que! Y había sido testigo del movimiento estudiantil, donde decenas de estudiantes habían sido masacrados por el ejército y varios de los líderes del movimiento, entre ellos el propio Heberto, estaban en prisión.
Le volví a ver, cuando se proyectó en la prepa 6 la película “el Grito”, de Oscar Menéndez, en donde aparece dando el Grito el 16 de Septiembre del 68 en Ciudad Universitaria, y luego el documental lo muestra en el hospital, después de una golpiza que le propinaron los policías, y a pesar de ello, denuncia los hechos y acusa el gobierno de Díaz Ordaz, de la represión.
Años después por sus artículos, decidí afiliarme al Partido Mexicano de los Trabajadores. Localice las oficinas ubicadas Bucarli 20, en el sexto piso; en la recepción encontré a una jovencita muy simpática, que que se sabía toda la historia de Heberto y de Demetrio Vallejo; ella me afilió, en el mes de marzo de 1975.
El sábado siguiente; a las 10 de la mañana puntual asistí a la asamblea, en un pequeño salón en el octavo piso. Llegaron Heberto Castillo, Demetrio Vallejo, Salazar Castillejos, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Javier Santiago y Flora Huerta Gómez; entre los que recuerdo que ocuparon el presídium.
Las reuniones se realizaban cada sábado, lo que propiciaba el acercamiento y la comunicación con los dirigentes. Vallejo levantaba el acta de la sesión, y el orden del día, siempre incluía, temas políticos nacionales, tareas y asuntos generales. Todos podríamos participar dando nuestras opiniones. Para los inexpertos como yo, era una escuela donde aprendíamos de manera intensiva.
Heberto cada que podía insistía que debíamos estudiar, estar informados, que debíamos conocer nuestra historia. Cuestionaba a aquellos que se decían de izquierda y que sabían más acerca de la revolución rusa o china, que de la revolución mexicana. Confrontaba a aquellos que proponían que el partido se definiera marxista, cuando que los principios del mismo establecían la lucha por que los medios e instrumentos de producción fuesen de propiedad social.
No era, como alguna vez escuche decir a Enrique Zemo – en un homenaje en la Casa de la Cultura de Coyoacán-, un nacionalista como los del PRI, nada que ver. El estaba claro de la manipulación que se hacía desde el gobierno de nuestra historia y valores.
Heberto era antiimperialista, y proponía la socialización del poder y una sociedad que se estructurase sobre bases de igualdad y de justicia. Después del triunfo de la revolución cubana y para defender el proceso, participó en la construcción del Movimiento de Liberación Nacional; con el General Lázaro Cárdenas, Genaro Vázquez Rojas, Carlos Fuentes, Eli de Gortari, Danzós Palomino, Vicente Lombardo Toledano, Rubén Jaramillo, Heriberto Jara, José Mújica, Arnoldo Martínez Verdugo entre muchos otros.
Heberto no creía que nuestro futuro fuese la integración con los Estados Unidos de Norteamérica, veía más hacia las naciones latinas. Durante alguna de sus campañas acuño la frase “queremos seguir siendo mexicanos”. Recordaba siempre, lo escrito por Gastón García Cantú en su libro sobre las invasiones norteamericanas en México.
Coincidió con otros presos políticos en la posibilidad de utilizar nuestra Constitución para organizar al pueblo y transformar a la sociedad, por ello convocaba a estudiarla, y a usar en nuestra actividad política los artículos 6,7 ,8 y 9 que establecen las garantías individuales de libertad de expresión, reunión, asociación y petición.
Se refería siempre a la necesidad de defender los contenidos del artículo 27 sobre la propiedad de la nación sobre el territorio; él subsuelo, los recursos naturales, y el derecho de la Nación de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público. Siempre insistía en buscar hacer valer el 39, que establece el derecho del pueblo mexicano para en todo tiempo el d alterar o modificar su forma de gobierno
El Partido Mexicano de los Trabajadores, fue el instrumento de lucha para concientizar y movilizar al pueblo en defensa de nuestros recursos naturales, se logró explicar por todos los medios posibles, la importancia de defender el petróleo, sobre la base de hacer saber de dónde viene y para qué sirve.
Se difundió la necesidad de transformarlo, para incorporar valor agregado y no venderlo como materia prima; se orientó por que debíamos cuidarlo para satisfacer las necesidades de energía de las futuras generaciones Además se hizo ver con toda claridad, como los Estados Unidos de Norteamérica gastan energía de manera irracional y necesitan el dominio de los hidrocarburos para mover a sus industrias, automóviles, aparatos domésticos, y su maquinaria de guerra.
Afirmaba por otra parte, que en nuestro país las contiendas electorales presidenciales podrían movilizar al pueblo de México. Soñaba con ser candidato de la izquierda a la Presidencia de la República, y a pesar de ello habló con Cárdenas y le ofreció la posibilidad de la candidatura por el PMS; pero éste rechazó la oferta.
Heberto entonces, continuó su precampaña y logró ser candidato del Partido Mexicano Socialista, a los pocos días, Cárdenas apareció como candidato del Partido Autentico de la Revolución Mexicana, y luego del Partido del Frente Cardenista, antes Partido Socialista de los Trabajadores y del Partido Popular Socialista; los tres venían actuando como comparsas del PRI.
La campaña de Cárdenas empezó a prender y la de Heberto no despegaba, a pesar de su molestia personal y política con el hijo del general, por no haberle hablado con la verdad y franqueza, que se suponía debía existir entre ellos. Heberto declinó su candidatura y se constituyo el Frente Democrático Nacional.
Años después se comprometió con el EZLN y en la defensa de los pueblos y comunidades indígenas de Chiapas; y jugó un papel fundamental para la formulación y aprobación de la llamada ley de la Cocopa que recogía la mayor parte de los Acuerdos de San Andrés.
Ha sido para mí un honor y un privilegio haber estado cerca de él ; y de los compañeros Eduardo Valle, el Búho, Luis Tomás Cabeza de Vaca, Alfredo del Valle, Demetrio Vallejo entre otros, que formamos parte del Partido Mexicano de los Trabajadores, con quienes compartimos luchas, vivencias personales, esfuerzos, sueños e ilusiones .
A los 59 años de edad, cuando rendimos homenaje a Heberto Castillo; sigo siendo un aprendiz de la política, sigo defendiendo utopías, creo que ¡otro mundo es posible! Que debemos seguir estudiando el pasado, para proyectar el futuro.
jorgemoscosopedrero@yahoo.com.mx


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