2 septiembre, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

Por José Luís Hernández Jiménez

0Sin duda alguna, es muy importante que se haya detenido al “enemigo público número uno”, “al hombre mas buscado del orbe”, “al criminal mas poderoso de cuantos han existido”, “a uno de los delincuentes más enriquecidos del mundo”, “al que superó a Pablo Escobar, el capo de capos de Colombia, hasta en la hazaña de llegar a figurar en la lista de los más enriquecidos, publicada en la Revista Forbes”. O sea, al “Chapo” Guzmán.

Y no se le deben regatear méritos a los que participaron en su captura, concretada el pasado sábado 22 de febrero: a los Marinos mexicanos que ejecutaron la detención, a la DEA gringa, que pasó la información, al Ejército nacional que durante años debilitó su estructura criminal, a los Presidentes de la República que ordenaban su persecución, en particular al que le tocó concretar tal detención, a los medios de comunicación que no quitaban el dedo del renglón, acicateando la persecución de tal personaje, aún de aquellos que parecían aliarse a él.

Igualmente, no se debe dejar de criticar y exigir su correspondiente castigo, a los altos funcionarios que durante trece años lo estuvieron ayudando (al menos 700 de estos, fueron detenidos).

¡Qué bueno que sucedió tal detención! Tan solo por lo que el mismo Chapo dijo, poco después de ser detenido: “maté a dos mil o tres mil, ya ni me acuerdo”.

Pero no debe olvidarse que la nueva aprehensión de Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo” (creo que así le apodaron sus cuates por “chaparro”), el principal de los maleantes de su tipo, debe considerarse apenas como la punta del iceberg (iceberg: enorme masa de hielo flotante, que es arrastrada por las corrientes marinas y del cual, sobre la superficie del mar, solo se mira su punta) de ese tipo de actividades delictivas existentes en México. Así que, como dijo Peña Nieto: “no ha lugar a triunfalismos”.

Y ahora que con tal aprehensión, la popularidad de EPN fue a dar a los cuernos de la luna, hay que exigirle que lo que sigue es investigar los nexos de ese delincuente con personajes de la política y del mundo empresarial, que hicieron posible que la “empresa” del Chapo, o sea, el Cartel de Pacífico o de Sinaloa, pudiera generar al año, ¡3 mil millones de dólares! Y a los involucrados, castigarlos como dios manda.

Además, con el mismo ímpetu difundido a propósito de tal captura, combatir a los otros grupos, también muy poderosos, del crimen organizado. A ver cuándo acaban

con Los Caballeros Templarios, con La Familia Michoacana, con Los Zetas, con el Cartel del Golfo, con el de Jalisco Nueva Generación, con el de Ciudad Juárez, con el mismo del Chapo, cuya estructura ahí sigue, sin cabeza pero ahí sigue, con …

¿Cómo ha sido posible que ese tipo de actividades haya crecido tanto, al grado de incrustarse en segmentos de instituciones empresariales y políticas y, en general, de la sociedad mexicana?

Porque ahí aparece lo fuerte de ese problema que padecemos los mexicanos. El Chapo solamente es una parte pequeña, de todo un engranaje social, económico, político y hasta cultural, involucrado en ese tipo de actividades delictivas.

En el crecimiento del problema comentado, la clase política mexicana, en particular la que es y la que proviene del PRI, tiene gran responsabilidad. Dicho problema surgió y se desarrolló, en los buenos tiempos del PRI. Hoy, hay complicidades en todos los partidos.

Y no se diga de la gran responsabilidad de que exista ese problema, de los medios de comunicación masiva.

¿Cómo es posible que hoy, para miles (¿o millones?) de jóvenes, en especial, el Chapo sea un ejemplo a seguir? Ello es posible, gracias a los medios de comunicación masiva. Cuando esos medios – desde la Revista Forbes, hasta las estaciones de radio y canales de televisión mas modestos, pasando por las grandes cadenas televisivas y los medios impresos mas importantes – publicitan que un personaje que apenas cursó el tercer grado de primaria, asesino confeso, de apariencia normal, ha sido capaz de enriquecerse como pocos, y poner a medio mundo de cabeza, lo que hacen es dar el mensaje de que ese es el camino a seguir. La trayectoria del Chapo (y de otros delincuentes) es el camino del éxito; es el camino, parecen decir, que garantiza riqueza, bienestar, lujos, influencia en el mundo empresarial y político. ¿Para qué seguir otro, por ejemplo, el del estudio, el del trabajo creativo, cotidiano?

Muchos jóvenes, miles o millones, ya piensan así. Parecen decir: es mejor vivir así, como el Chapo, aunque sea poco tiempo. Son los Chapos, los nuevos Chapos. Esta debiera ser la preocupación principal de todos nosotros. ¿Y ustedes, qué opinan, estimados cuatro o cinco lectores?

Notitas: Una.- Que la “nueva noticia” es que, según un ex Director regional de la DEA (la agencia antidrogas de EU), el Chapo metió dinero a la campaña presidencial nacional. Aunque de “nueva” no tiene nada, pues en el presente y pasado reciente, se han conocido personajes de la política del país, involucrados en el crimen organizado,

provenientes de todos los Partidos. Dos.- Que al DF, la principal ciudad mexicana, le fue mal en la calificación que otorga la Consultora Mercer, en cuanto a qué ciudades del mundo, actualmente, tienen mejor calidad de vida. De 223 calificadas, a los chilangos nos tocó el lugar numero 122. Ash. ¡Ahí te hablan, Mancera! Tres.- Que no olviden, mis estimados, incluir en sus hábitos, el ejercicio cotidiano. Cada día me llegan más noticias, de amistades y otros conocidos, incluso jóvenes, afectados por males de salud relacionados con el sedentarismo, como estrés, sobrepeso, diabetes, infartos. Y si, además, este año sembramos un árbol, cada uno de nosotros, mejor nos va a todos. ¿Va? Correo E hernandez-jimenez2012@hotmail.com

México D. F. a 26 de febrero de 2014.

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