21 junio, 2026

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ABEL PÉREZ ZAMORANO, Investigador

imageLa ciudad de Kiev, capital de Ucrania es hoy escenario de protestas contra la decisión del gobierno depostergar la firma de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE) y fortalecer en cambio sus relaciones con Rusia. Como era de esperarse, esas manifestaciones, calificadas en Europa como “protestas populares”, han recibido el apoyo entusiasta de autoridades europeas y de agencias de prensaoccidentales. Pero no nos engañemos. Esa lucha por la “integración europea” está encabezada por organizaciones de ultraderecha, como “Svoboda” y UNA-UNOS, y ex funcionarios de los recientesgobiernos neoliberales; o sea, la clase alta ucraniana, ciertamente con alguna influencia popular. pero las cosas se entienden mejor cuando consideramos que entre Rusia y Ucrania han existido profundos vínculos históricos que unen estrechamente a ambas naciones: primero como parte del imperio zarista y luego de la URSS.

De los 45.5 millones de habitantes de Ucrania, 8.3 millones son rusos. Al colapsarse la URSS en 1991, Ucrania se convirtió en república independiente. En el año 2004 ocurrió la llamada “Revolución Naranja”, de integración a Europa y el FMI y de alejamiento de Rusia. Pero a partir de 2010, con el ascenso al poder de Víktor Yanukóvych, empezó a gestarse un viraje, de independencia con respecto al FMI y de acercamiento a Rusia.

Como consecuencia de las recetas del Fondo, la economía ucraniana está hoy en crisis: con susreservas internacionales agotadas y un grave déficit en la balanza fiscal. Un factor que los noticieros occidentales ocultan al explicar la actual política ucraniana es la pobreza, que crece desde los años de la “Revolución Naranja” pro capitalista: registra hoy uno de los niveles más altos entre los países que formaron la URSS (Naciones Unidas, citado por Librered, 4 de diciembre de 2013); según esta última fuente, uno de cada ocho ucranianos vive en pobreza extrema. Asimismo, su tasa de desempleo superael 8.1 por ciento y el precio de la electricidad ha aumentado en 139 por ciento desde 2011. Y si se hubiera concretado la asociación con la UE, se habría impuesto la privatización de sectores como la energía, el transporte, la aviación y la minería (Ucrania es uno de los principales productores de carbón,y el 93 por ciento de las minas pertenecen al Estado); además, la asociación con la UE, hubiera obligado al gobierno, por indicación del FMI, a aumentar en 40 por ciento el precio del gas. Por si no bastara, el Banco Mundial pronostica para este año un crecimiento de cero en el PIB, y otras instituciones esperan un crecimiento negativo en los próximos dos años. Para superar temporalmente esta crisis, Ucrania requiere de una inyección de 10 mil millones de euros, y la UE le ofrece sólo la décima parte.

Al inclinarse por la opción rusa, el gobierno espera encontrar beneficios mayores en materia de desarrollo económico y bienestar social, gracias a que entre ambas naciones existen ya fuertes vínculos económicos. Por ejemplo, se estima que si Rusia impusiera los aranceles prescritos por la OMC, Ucrania perdería el equivalente al 1.7 por ciento de su PIB; de hecho, el déficit de la balanza comercial con Rusia es de 60 por ciento; Rusia es el principal destino de las exportaciones ucranianas (25.7 por ciento), y el principal origen de sus importaciones, 32.4 por ciento (OMC, 2012). Adicionalmente,Rusia, Bielorrusia y Kazajstán constituyen una unión aduanera, que podría incluir a Ucrania. Aunque como heredera de buena parte de la infraestructura nuclear soviética Ucrania tiene 15 reactores nucleares que aportan más de la mitad de la electricidad generada, se requiere de otras fuentes energéticas, y ocurre que el 70 por ciento del gas natural que consume procede de Rusia (US EnergyInformation Administration), y con serias dificultades: Naftogaz, la gasera ucraniana, debe dos mil millones de dólares a la rusa Gazprom. Y algo similar ocurre en el petróleo: Ucrania produce sólo 82 mil barriles de los 300 mil diarios que consume; el resto lo recibe casi en su totalidad de Rusia.

Pues bien, al decidirse por la opción rusa, pareciera que el gobierno ucraniano ha procedido razonablemente. Hoy 17 de diciembre se reunieron en Moscú Vladimir Putin y Víktor Yanukóvych para signar un amplio convenio de colaboración que aportará a Ucrania importantes beneficios económicos, como: la rebaja de un tercio en las tarifas del gas, y un crédito por 15 mil millones de dólares para financiar la recuperación económica. Antes de esto, el 5 de diciembre, Yanukóvych en visita de Estado a China había ampliado con el presidente Xi Jinping convenios que fortalecen lasrelaciones bilaterales, en el marco de la asociación estratégica signada hace dos años, principalmente en materia de infraestructura, energía, agricultura y finanzas; el gobierno chino declaró que las relaciones entre ambos países “han entrado en una vía rápida en su desarrollo”.

Pero no sólo Ucrania se beneficia; también Rusia. Cruza por territorio ucraniano el 70 por ciento del gas ruso con destino a Europa (la quinta parte del total que Europa consume), a través de un gasoductoque data de la era soviética; cruza también un oleoducto que transporta 300 mil barriles diarios de petróleo hacia Europa oriental (El Periódico, diario español, 6 de diciembre); sin embargo, el estratégico gasoducto es causa de conflictos, como el que en 2009 interrumpió el flujo del gas aEuropa. Los acuerdos recién firmados darán mayor seguridad y orden al comercio de gas con Europa.

​Finalmente, aparte de los factores económicos, poderosas razones políticas han movido a Rusia a procurar el acercamiento con Ucrania, y es que por estar ésta geográficamente ubicada entre Rusia y la Unión Europea, el tratado de asociación con esta última hubiera ofrecido a la OTAN una posición privilegiada con grave riesgo para la seguridad rusa; un peligro no tan remoto, pues ya en 2008, con los gobiernos neoliberales, Ucrania solicitó formalmente su ingreso a la OTAN, petición que encontró fuerte oposición popular. Según encuestas citadas por RIA-Novosti, 60 por ciento de los ucranianos rechaza el ingreso de su país a la alianza atlántica, que ofrecería, según los expertos, un territorio ideal para instalar el sistema de defensa antimisiles norteamericano.

​Con la decisión del gobierno de Yanukóvych se abren grandes posibilidades de desarrollo para Ucrania y su pueblo, contrariamente a lo que habría ocurrido en caso de firmarse la asociación con la Unión Europea. Rusia también resulta beneficiada en sus posibilidades de progreso económico y en su seguridad. Por otra parte, esta experiencia confirma cómo, tanto en las relaciones internacionales como entre partidos y clases sociales, en las decisiones políticas se impone la fuerza económica, paradójicamente aquélla que la antigua URSS no tuvo, y que le llevó a la bancarrota, pero que ahora Rusia posee, y que la convierte en una potencia emergente.

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