5 septiembre, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

“Maldito el ejército que apunta sus armas al pueblo”. Simón Bolívar.

José Francisco Gallardo Rodríguez / Reflexiones de un general posdoctorado

generalgallardo1946@gmail.com

Antecedentes

En otro tiempo de impunidades –decía el texto sobre el ombudsman militar, convertido en un  clásico por el autoritarismo militar– el buen gobierno no descuida la formación del Ejército Nacional como factor clave del poder estatal. “Los cimientos del poder no sólo dependen de las buenas leyes, sino de los buenos ejércitos. Las principales bases de todos los Estados, nuevos, antiguos o mixtos, son las buenas leyes y los buenos ejércitos; y como no puede haber buenas leyes donde no haya buenos ejércitos, y donde éstas no existen aquéllos tampoco.” (Maquiavelo).

La fuerza del Estado por tanto, se organiza en beneficio de su propio vigor y conservación para evitar que los conflictos, luchas y pugnas, vulneren su capacidad de dirección, mando y soberanía. La organización de las fuerzas militares en el Estado es factor fundamental para retener el poder con eficiencia política. Por ende, el bien público depende de la seguridad política y nacional del Estado. De ahí la importancia de que la fuerza militar sea utilizada en provecho de los gobernados. (Forum número 22, octubre de 1993).

Función

La propuesta del ombudsman militar tiene por objeto abrir al Ejército al escrutinio social y a la rendición de cuentas, establecer una nueva relación civil-militar, donde el poder militar esté sometido al poder civil, que ha sido ungido por la voluntad popular, un principio que caracteriza a los países democráticos.

Nadie sabe qué sucede en el seno de las fuerzas armadas, los militares se comportan como si hubieran sido paridos por la providencia, como si fuera una institución conformada por extraterrestres, un poder de facto que históricamente ha trastocado el orden jurídico e institucional de la nación;  hoy convertido en una amenaza a la seguridad del Estado, pues nunca ha cumplido con su función mandada por la Constitución General: la defensa nacional.

El incumplimiento de esta función pública debería estar tipificada como un delito de traición a la patria. ¿Cuándo el alto mando militar ha cumplido con este mandato constitucional? Nunca.

El ombudsman militar operaría como una institución del Congreso para contrapesar al Ejecutivo en su rama militar, jamás el alto mando ha rendido cuentas a nadie, ni al mismo presidente, ni al Congreso, ni a la sociedad, pero actúa perversa y subrepticiamente dentro de las estructuras políticas y de poder, lo que inhibe los avances democráticos del país. El debate en la democracia es político, no militar.

Actividades

Atento a la división de poderes que contempla la Constitución, ninguna persona o corporación puede reunir dos o más poderes; el alto mando, la corporación militar tiene más poder que el mismo comandante supremo o cualquier otro poder del Estado: administra y procura la justicia, aplica la ley, persigue el delito, incumple las resoluciones de amparo que emite la Suprema Corte y  realiza actividades que son de la exclusiva competencia de las autoridades civiles; en su función policiaca, acumula estadísticas escandalosas de violaciones a los derechos humanos, que han puesto a México en el escarnio internacional.

Antes y después

Si bien la masacre estudiantil de 1968, perpetrada por el Ejército todavía impune hasta la fecha, rompió paradigmas dentro de la organización militar que pudo haber cambiado su rumbo hacia la función de defensa nacional, la publicación hecha por la revista Forum en octubre de 1993, sobre la creación del ombudsman militar, melló en lo más profundo de las cloacas y estructura castrense, pues no sólo cimbró al Ejército sino al sistema político y al Estado en su conjunto.

Las fuerzas armadas históricamente han dedicado su capacitación, adoctrinamiento y equipamiento a los asuntos de orden interno, su permanencia dentro del Estado se justifica por las acciones represoras y disciplinadoras en contra de la población; el poder estatal no gobierna, se somete con el objeto de soportar a las oligarquías y a los poderes de facto.

La actitud persecutora del mando militar contra la revista Forum y el que suscribe, cayó como ácido en el engranaje de la maquinaria militar, se suma  como maleficio el levantamiento zapatista del 1 de enero 1994 y las matanzas de indígenas hechas por militares que exhibieron a México a nivel global como uno de los más sistemáticos violadores de los derechos humanos; lo que confirma la validez de la propuesta delombudsman militar. Como condena a esa acción, el Ejército está corrompido hasta la médula, un germen de su destrucción que en su caída puede arrastrar al mismo Estado.

Sin embargo, en estas dos décadas hay avances importantes dentro de la institución armada: se admitieron defensores civiles dentro de los juicios militares, en los programas de educación militar se contempla el tema de los derechos humanos, se crearon la Subprocuraduría de Derechos Humanos, la Dirección de Comunicación Social, la Dirección General de Derechos Humanos, todo soldado trae consigo una cartilla sobre los derechos humanos, se incorporaron los militares que fueron dados de baja por padecer VHI-sida, se han presentado diferentes iniciativas de reforma de ley sobre el tema del Ejército, entre ellas la propuesta del ombudsman militar.

No obstante ello, hay un abismo entre la actuación militar y las violaciones a los derechos humanos más graves aún que hace veinte años. Hoy el Ejército carga con más de 18 mil denuncias ante la CNDH y otras que se ventilan en las cortes internacionales por actos infamantes. En la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se discutieron varios casos sobre los abusos del Ejército, destaca entre ellos el caso Radilla.

Conclusión

A dos décadas de conocido el proyecto, confirmo la necesidad de la creación delombudsman militar, pero no sólo eso, sino la formación de un ejército nacional, obediente, profesional y no deliberativo; el que ahora tenemos está convertido en policía.

Finalmente, parafraseando a los clásicos: se puede hacer frente a un ejército invasor, pero no a una idea cuyo tiempo ha llegado. El cultivo de un pensamiento osado, independiente e imaginativo es de la mayor importancia si se desea aumentar la seguridad de la nación. Es tiempo de tocar lo prohibido en México.

Discover more from Reporteros en Movimiento

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading