En el contexto de la presentación de su poemario “Gatatumba”, este jueves 24 de octubre, a partir de las 16:00 horas, en la Sala de Conciertos del área de Talleres del Centro Cultural Mexiquense Bicentenario (CCMB), Eduardo Villegas comparte júbilo y emociones por la edición de este su reciente libro.
Eduardo Villegas es como el gato que cruza el puente de la luna que aparece en aquel memorable poema de Octavio Paz que tanta sorpresa genera entre quienes le intuyen, lo miran y lo leen.
Es decir, Eduardo Villegas ha desmenuzado parte de aquel misterio esbozado por Octavio Paz en cierta parte del poema “Entrada en materia”.
Como un enfermo desangrado se levanta
la luna
sobre las altas azoteas
La luna
como un borracho cae de bruces
Los perros callejeros
mondan el hueso de la luna
Pasa un convoy de camiones
sobre los cuerpos de la luna
Un gato cruza el puente de la luna
Los carniceros se lavan las manos
en el agua de la luna
La ciudad se extravía por sus callejas
se echa a dormir en los lotes baldíos
la ciudad se ha perdido en sus afueras
Un reloj da la hora
ya es hora
no es hora
ahora es ahora
ya es hora de acabar con las horas
ahora no es hora …
Hasta aquí ese fragmento del poema de Octavio Paz.
Regreso a la propuesta poética de Eduardo Villegas en “Gatatumba”:
“Voz que mi muerte calla”
Tu piel es mi casa; tus sueños mi santuario.
Las flores melancólicas sueltan su ponzoña
Y alientan el fango que sostiene mis tardes.
Si tu presencia fuera la mitad de un instante
Me conformaría con la luna, pero no es así.
Cruzo por un puente que me aleja de tu alma.
Soy la mitad de ti, pero con este pulmón vasta.
Soy otro peregrino más injertado en tus lunas.
Mi silencio comienza cuando cierras la boca.
Diáfana es la voz que mi muerte calla.
Sin duda, aquí hay intuición del instante vital. Hay también cadencia, música, imágenes, tiempo en ventisca que sacude esas inercias que como sanguijuelas se adhieren a la piel. Y también se vislumbran presagios, golpe y rumbo poético.
Conviene recordar que en estos menesteres de tomarle el pulso a lo insondable, a los misterios del alma, no se trata únicamente de lograr afortunadas consonancias con el lenguaje, acomodar palabras al empaque de la métrica y después echar las campanas al vuelo.
El poeta es un ser temerario que busca asideros y se arma de valor y entonces emprende el viaje por la línea del horizonte.
Lleva en su íntima bitácora el designio de que a menudo “lo importante del viaje no es tanto el destino, sino la travesía”, tal y como lo advertía el maestro Álvaro Mutis.
Además, conviene dejar asentado que aquella cultura de la quejumbre ha dado ya de sí. Vale la pena desbrozar el camino a golpe de timón y no de lamentos, inclusive avanzar en la ruta con el auxilio, con la guía de satelitales indicios y no parar, nunca detenerse en la inapropiada condición de quienes asumen el martirologio como ruta de escape ante los desafíos de la vida misma. Hacer poesía es tan difícil y gratificante como leerla y compartirla.
Hacer poesía, también, es sencilla tarea que parte de intuiciones y de insaciables búsquedas. Así como de las dudas nace el conocimiento, la poesía emana de lo emotivo, cruza por los senderos de la psique y en ese tránsito ilumina, purifica, humaniza.
En el poemario “Gatatumba”, decía, hay alguien que avanza entre intuiciones y certezas. He aquí una muestra:
“Plena mañana con sendero”
No hay otro laberinto a la mano
Más que el tuyo para perderme.
No hay otro parque ni otra banca
Para que transcurra la tarde de mi vida.
Y si adoro este sendero en penumbras
Es porque me lleva directo a tu sonrisa.
Se llama locura: Tocarte y que me toques.
Saber que no hay certezas en la vida;
Salvo lo que siente el corazón y el mío…
Está latiendo de acuerdo a tus besos.
Nótese en la lectura o cuando se escucha este poema, en la parte final, se puntualiza la trascendencia del silencio como herramienta poética, como bálsamo ante el misterio, el infortunio o la plenitud del placer. Es una experiencia parecida a la de voltear de pronto al cielo y mirar un atardecer o el alba. En ese paréntesis de eternidad coexisten, se agolpan en el pecho presentimientos y certezas, brillos y sombras, colores que mudan su razón de ser.
Sin duda, Eduardo Villegas ha contribuido a la microhistoria del quehacer poético que nos determina. Es cosa de nosotros corroborarlo o desmentirlo con la lectura. Lo cierto es que, mientras tanto, él avanza y cruza el puente de la luna sin pedirle permiso a nadie.
——————————————–
“Gatatumba”, Eduardo Villegas. Ed. Cofradía de Coyotes y Sediento Ediciones. México, 2013.


Te puede interesar
Niños de Texcoco celebran su día con salud y diversión gratuita en la Feria del Caballo
¡Atención productor del campo! Gobierno del EdoMéx inicia este 6 de mayo inscripciones para programas de apoyo
En Texcoco se construye la olla de captación más grande del Edomex; con capacidad para 50 millones de litros de agua