Por: Israel Pérez Valencia
En unos días dará comienzo el nuevo ciclo escolar en la mayoría de las universidades de todo el país. Miles de jóvenes comenzarán una nueva aventura en la que las tareas, trabajos, exámenes y desveladas serán la constante, y en la que la complejidad del estudio será cada vez mayor.
Durante muchos años, se ha manejado el concepto de que ‘los universitarios serán los líderes del mañana’ y es verdad. El acceso al conocimiento académico y científico genera una perspectiva diferente y la gran encomienda de aplicarlo en beneficio del país. Es una gran responsabilidad y un privilegio ser universitario, más en México, donde el panorama político, económico y social está lleno de incertidumbre.
Así pues ¿Cuáles son los retos que deben enfrentar los universitarios?
El compromiso con el estudio
Como se ha señalado anteriormente, el ser universitario en México es un privilegio al cual pocos jóvenes tienen acceso. De acuerdo a estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el 73% de los jóvenes en el país carece de oportunidades para entrar a la universidad.
Por ello, el compromiso hacia el aprovechamiento total de los estudios es una responsabilidad de los estudiantes. En su lenguaje no debe de existir ese erróneo concepto de ‘materia de relleno’, pues en su etapa estudiantil no cuentan con los elementos -ni académicos, ni de experiencia profesional- para poder juzgar la utilidad del conocimiento.
La responsabilidad del estudiante es aprender todo lo que se da en el aula –lo bueno y lo malo- y ser autodidacta, es decir, no depender estrictamente de lo visto en clase, sino buscar las fuentes de información necesarias para ampliar su conocimiento. La gran escritora, Carol Miller, señala que en estos tiempos, los jóvenes ignoran lo que quieren ignorar, pues tienen a su alcance herramientas y tecnologías de la información suficientes para investigar todo lo no sepan y poder hacer análisis y juicios sobre el conocimiento adquirido.
El compromiso hacia el aprovechamiento de los estudios no puede esperar; resulta inadmisible, dado el acceso tan restringido que hay a las universidades públicas, el tener en las aulas ‘fósiles’ o estudiantes mediocres, que solo navegan por las aguas y no están comprometidos con su formación. En las calles, hay muchos jóvenes de gran aprovechamiento académico que se quedaron sin la oportunidad de acceder a ese lugar que el ‘fósil’ desperdicia.
En el caso de las universidades privadas, los jóvenes deben valorar la gran oportunidad que tienen de adquirir una formación profesional y sobre todo, el gran esfuerzo de sus padres para que ellos puedan estar en estas casas de estudio.
Compromiso con la sociedad
En la universidad se aprende el ‘deber ser’ de las profesiones, es decir, el decálogo de conocimientos y responsabilidades del universitario con su profesión y su entorno. Por su formación y esencia, los universitarios están en compromiso permanente con la sociedad; en el caso de las escuelas públicas, porque su sustento económico son los impuestos de los contribuyentes –independientemente de la autonomía universitaria–, en el caso de las privadas, porque existe en entorno político y económico –impulsado por la sociedad– para su desarrollo y futuro laboral.
Todas y cada una de las actividades de los universitarios deben contribuir al bien común, no es posible tener estudiantes o egresados que solo se dedican a contemplar de brazos cruzados las problemáticas sociales; tampoco es permisible que los universitarios utilicen su formación para dañar a la sociedad en aras de adquirir ganancias económicas o puestos de poder.
La opción preferencial por pensar
Los universitarios deben tener la consigna de proponer antes que depender; los empleadores dan prioridad a los estudiantes que sepan resolver problemas que a los que cuentan con grandes promedios académicos. El universitario no debe ser simplemente un maquilador u operativo, su formación lo obliga a aportar ideas y soluciones innovadoras.
El compromiso por el cambio
El universitario debe tener un involucramiento directo en las cuestiones políticas y provocar la dinámica social. Es evidente que nuestro país sufre de mucha ignorancia en lo que a cultura política se refiere, de ahí que los universitarios, por su conocimiento y formación profesional, sean los promotores de ‘la conciencia crítica de la sociedad’, como bien lo señala el rector de la Universidad Autónoma de Querétaro, Gilberto Herrera Ruiz.
Es una responsabilidad social inherente a su esencia y a su perfil. No hay que olvidar la máxima dirigida a los jóvenes que dice ‘Hay que ocuparse de la política, porque la política siempre se ocupa de uno’.
Así pues, todos a las aulas; los estudiantes, junto con los docentes son los principales actores de los procesos de enseñanza y de aprendizaje en el aula, por lo que cada uno debe poner lo que le toca: Los maestros, la exigencia permanente, preparación y el fomento de climas adecuados para el aprendizaje basados en el respeto, el constructivismo y la ética profesional; los estudiantes, el compromiso hacia el estudio, la responsabilidad y lo más importante: El hambre de aprender.


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