3 junio, 2026

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MONJE LOCO

Miercoles 10 de Julio

Jugar con fuego

 

Tultepec es un polvorín.

No sólo por ser capital de la pirotecnia donde se concentra el 40 por ciento de los permisos nacionales para elaborar, comercializar y transportar “castillos”, “toritos”, “carretillas”, “tracas”, “culebras”, “ruedas de fuego”, “cometas”, “abejas silbantes” o “crisantemos” multicolores… con los cuales solemos iluminar noches de ilusiones patrias… y románticos festejos (bodas, XV años, graduaciones o aniversarios)

En Tultepec, además de pólvora estallan pasiones y furia.

 

polvorin 

El oficial Raúl Reséndiz Bretón, supervisor de la policía municipal, –gravemente lesionado por una mentada de madre chifladora– de puro coraje disparó a matar contra cuatro jóvenes. Se llevó a dos, Israel y Jesús Bautista Juárez, e hirió a Juan Carlos, hermano mayor de ellos… Otro menor, Adrián (N) sobrevivió para contarla.

Los hechos detonaron la ira de la turba.

Un centenar de vecinos enardecidos intentó linchar al policía asesino. Para evitar otro de los 50 “delitos de masa” cometidos anualmente en el país, varios uniformados le cubrieron la huida. Ahora trece gendarmes están acusados de permitir la evasión de su superior.

En desquite por la fatal agresión, tultepequenses quemaron cuatro patrullas y destrozaron nueve más. Nadie estuvo para evitarlo.

Mientras el gobernador priísta Eruviel Ávila condenaba la acción del topil mexiquense –no se atrevió a censurar la conducta vandálica de vecinos y “bandas”–, el alcalde perredista Sergio Luna Cortés acusó negligencia de las fuerzas estatales para evitar la violencia.

En el funeral de Israel (cuya pareja está embarazada de siete meses) y Jesús, la gente cierra el paso a policías, y amenaza: “si los vemos acá arriba (Lomas de Tultepec) vamos a ir con todo contra ellos”.

Tultepec es una estrella roja más en canal de la violencia, donde los malos policías son peores y la gente no está harta de jugar con fuego.

POSDATA: El jefe policíaco, asesino y prófugo, reprobó los exámenes de control y confianza, y también la escuela… pero seguía en activo. Total, como siempre, no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre.

José Cárdenas

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