Jesús Tolentino Román Bojórquez
Desde hace ocho años, diversos grupos de pequeños transportistas que viven modestamente de prestar este servicio, algunos desde hace 60 años, en la región norte de la entidad (más específicamente en el Valle de Cuautitlán) han solicitado, desesperada pero decididamente, el apoyo de Antorcha porque se ha tornado insoportable para ellos, continuar bajo la tutela esclavizante del llamado “pulpo transportista”, que comanda Axel García Aguilera, conocido gánster del ramo que, con toda impunidad (ya lo hemos denunciado reiteradamente), lo mismo impone cuentas exorbitantes a los pequeños transportistas, que los agrede verbal y físicamente, con el claro propósito de amedrentarlos y expulsarlos del medio, y así realizar su sueño dorado, consistente en expandir su ya de por sí gigantesco monopolio, que por lo visto representa un negocio muy lucrativo para él y sus padrinos políticos. Como se sabe, las agresiones han consistido en tremendas golpizas, en el robo, en el destrozo y quema de unidades, en el secuestro y hasta en el asesinato, tal como ha ocurrido en agravio de Antorcha, que tan sólo en el último año perdió a cuatro compañeros, cuyos nombres y carpetas de investigación son del pleno conocimiento del gobierno estatal, sin que hasta la fecha haya un solo detenido, ni siquiera por equivocación. Éste es el primer gran obstáculo contra el pequeño transportista; el hecho de que en esta actividad económica (como en todas las demás, pero aquí más brutalmente) rige la ley de la selva, donde el más fuerte se come al más débil. ¿Consecuencia? Más desempleo y más concentración del capital.
El segundo obstáculo, poderosísimo además, es la cobertura y los privilegios desmedidos que el gobierno estatal, a través de la Secretaría de Transporte, le presta a los barones del ramo. En efecto, es un secreto a voces que sólo los grandes empresarios tienen acceso a los créditos para comprar unidades nuevas; que les otorgan concesiones cuando les viene en gana, aunque no exista convocatoria previa tal como lo marca la normatividad; que pueden introducir unidades irregulares, sin permisos ni placas, tal como lo ha probado Antorcha con fotografías y videos, en el caso de Axel; se les garantiza absoluta impunidad cuando arremeten en contra de los vehículos y la integridad física de los pequeños transportistas, pues los mismos ministerios públicos, jueces y varios directores regionales de la secretaría aludida, fueron y son empleados de los gánsteres del volante. En cambio a los pequeños, se les niega o se les regatea por años y años la entrega de sus concesiones y, en el dado caso de que asome la más mínima protesta, de inmediato se les califica de “irregulares”, de “piratas”, aunque en muchos casos presenten trámites e incluso recibos de pagos añejos para regularizarse. Al menos, esto ocurre con Antorcha, con quien se han firmado minutas con el actual Secretario de Transporte y con el licenciado Luis Enrique Miranda Nava, en su carácter de Secretario General de Gobierno en el sexenio anterior y hoy, como negociador, en la Secretaría de Gobernación federal. Y lejos de resolverse el conflicto, al contrario, ahora se agrava, pues hace dos semanas que el gobierno estatal secuestró 79 unidades de transporte, algunas de ellas regulares y otras en proceso de regularización, sin embargo, nuestras flamantes autoridades se pasan los acuerdos por el arco del triunfo. ¡Ah, y ni siquiera se dignaron hacer la entrega del inventario de cada unidad, que por ley procede, por lo que nuestros compañeros quedaron a merced de los desvalijadores!
En síntesis, el ámbito del transporte, pues, es una verdadera perla para observar cómo el Estado es el primero que violenta la ley, no cumple con sus funciones de árbitro en los conflictos que se presentan entre particulares y, por el contrario, como dijo el clásico, el poder político está al servicio del poder económico.
El tercer gran obstáculo, salvo honrosas excepciones, lo constituyen los medios de comunicación. Éstos, sin ningún rubor ni recato se ponen al servicio del poder económico y político y, al unísono, como una verdadera jauría en contra de los levantiscos antorchistas (que recientemente protestamos por los atropellos arriba comentados), arremeten, como siempre, tomando en cuenta sólo el punto de vista de la parte gubernamental, recogiendo las “quejas de los ciudadanos por la perturbación del tráfico”, como siempre, pero ignorando olímpicamente las justas demandas de los quejosos; ignorando los compromisos reiteradamente incumplidos de las autoridades y llamando al linchamiento moral, político y, eventualmente, físico, de los que en este conflicto, dígase lo que se diga, somos las víctimas. Sí, debemos reconocer que el poder de esta trinca es tan enorme como perverso. Pero las almas justicieras, también sabemos, que es inmensamente superior el poder del gigante dormido, del pueblo, que en su despertar arrolla todos los obstáculos. Denunciar con paciencia, con oportunidad, con inteligencia y con valor estas y otras arbitrariedades, tarde o temprano despertarán al gigante, aunque lleve varias generaciones lograrlo. Así lo demuestran los pueblos y su historia remota y reciente. Vale.

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