19 junio, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

May 30, 2013 by miguelggalicia

Caminaba por el brazo de una montaña. Yo era un ente perdido, salí a buscarme y te encontré. Todo sucedió el día que morí: El frío de la mañana levantaba huracanes miniatura que se enredaban entre mis pies; eso me hacía sentir ligero. Yo no pensaba en nada, no podía ni lo deseaba, en mi mente sólo tenía fija una imagen: Un monolito gigantesco al que debía llegar.

Tardé muy poco. El sendero me llevó sin ningún problema. En la cima, estabas tú aunque no eras tú del todo. Una piedra tan grande como un ahuehuete antiquísimo me esperaba paciente. Una lluvia espesa empezó a caer. Yo frente a tu granitidad deslumbrante. Tú gigantesco sueño. Nubes del tamaño de una luna se deshacían al contacto con la punta de tu perfil rocoso.

Sin saber cómo, empecé a frotar tu superficie gris. Igual que hacen los coleccionistas de piedras suiseki acaricié y tallé con mis garras tus formas dormidas debajo del granito milenario. Del mismo modo que los nahuales cuando hechizan fijé mis ojos en tu cabeza, y desprendí tus sobrantes hasta encontrar tu rostro, perfecto; luego hallé las serpientes que hacen de tu pelo. Dos cuencos sin luz asomaron y me recorrieron la espalda con el filo helado de una espada. Una boca prodigiosa de cuyo interior surgió tu voz como la evoco hasta ahora en mi mente me advirtió: te amo, te cielo.

Seguí quitando de tu exterior los sobrantes, hasta dar con tu verdadera forma: silueta fragmentada. Figura femenina con cuatro brazos, cuello de durazno. Tu pecho roto, dador de vida, abierto en canal, empezó a palpitar. Tus brazos se movieron y me apresaron. ¿Te quieres ir?, dijiste. No, no puedo, ni quiero, quiero hacerme inmortal junto a ti, respondí. Que así sea, remataste.

Me hice de piedra al tiempo que te besaba. La lluvia cesó, sin embargo en tus ojos nació un manantial. Yo únicamente atiné a llorar. Caí a tus pies mientras las serpientes de tu cabeza me devoraban justo a la mitad de mi cuerpo, degustándome como hacen los niños de pecho al alimentarse.

Mi sangre y tus lágrimas se mezclaron formando una galaxia nueva que nadie conoció. Los seres de ese planeta donde nos encontramos nos hallaron un día, pero éramos tan pequeños para ellos, que en lugar de adorarnos como los dioses que habíamos sido, nos arrojaron al precipicio…

Share this:

 

Discover more from Reporteros en Movimiento

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading