16 junio, 2026

Reporteros en Movimiento

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gato-y-luna-llenaAlex Sanciprián

Para hacer una lectura de la realidad es conveniente, primero hacer una sintonía entre los libros y el sentido propio de la vida. Es lo que algunos llaman el saber y el hacer, el conocimiento y la acción inspirada.

El siguiente es sólo un fragmento de “Entrada en materia”, un extenso y estupendo poema de Octavio Paz:

Ciudad de frente indescifrable memoria que se desmorona tu discurso demente tejido de razones corre por mis arterias y repica en mis tímpanos tu sílaba tu frase inacabada Como un enfermo desangrado se levanta la luna sobre las altas azoteas La luna como un borracho cae de bruces Los perros callejeros mondan el hueso de la luna Pasa un convoy de camiones sobre los cuerpos de la luna Un gato cruza el puente de la luna Los carniceros se lavan las manos en el agua de la luna

La ciudad se extravía por sus callejas se echa a dormir en los lotes baldíos la ciudad se ha perdido en sus afueras Un reloj da la hora ya es hora no es hora ahora es ahora ya es hora de acabar con las horas ahora no es hora es hora y no ahora la hora se come al ahora

¿Se fijaron cuando “un gato cruza el puente de la luna”?

Se dice que de no haber palabras no habría esa extensión de la imaginación que son los libros y por añadidura ni rasgos de emotividad o raciocinio creciente en la naturaleza humana.

En “Sombras de las letras” (Breve panorama de las letras mexicanas. Notas sobre el libro, la lectura, obras y autores contemporáneos.), de Arturo Trejo Villafuerte, hay un pertinaz aliento de generosidad y reconocimiento para quienes con su labor literaria han impulsado a que otros mantengan y compartan la llama del deseo por hacer de la difusión cultural una razón de ser. Es el caso, justamente, del maestro Arturo Trejo.

Él persiste en hacer de su quehacer literario y de sus autores favoritos un gran pretexto para continuar en la brega de compartir a los demás el mensaje de que a través de la denominada “literatura de imaginación” (donde se le da preminencia a los géneros literarios, diferenciándola de la literatura en

general, plenamente desarrollada por autores como Alberto Chimal) es posible tomarle el pulso al mundo e intentar recrearlo.

La hechura de “Sombras de las letras” me recuerda ese proverbial texto de Rosario Castellanos, publicado en 1975, donde el lector consigue abismarse en la intensidad de la prosa de la autora merced a la selección que hizo, donde reúne 32 ensayos aparecidos en diversas publicaciones entre finales de los 60 y principios de los 70, la mayoría de ellos publicados en esa época en el genuino periódico Excélsior.

Al respecto, vale la pena dejar asentado lo siguiente: la diferencia entre literatura en general y la literatura de género está en el humus, el sentido primigenio que el escritor (a) establecen para desarrollar su obra, más que en su resultado, la obra en sí; es decir, los modos de ser entre generalidad y especificidad, entre la libertad creativa o la sumisión a ciertos esquemas convencionales. En ambos derroteros recordemos que se abordan aspectos significativos (siempre contrastantes) de la condición humana y las contradicciones del ser.

Pero no es el momento ni el contexto de dilucidar acerca de las teorías literarias, sino de cómo la prolífica trayectoria de un autor corre paralela al tesón de asumirse como amigo de la cultura en su vertiente de promotor cultural.

Arturo Trejo ha escrito múltiples libros de poesía, crónica, relatos, ensayo y novela.

En este libro, “Sombras de las letras” configuró una afortunada suma de ensayos literarios que engloba asuntos como El libro y la lectura, Dos novelas

de la Revolución, Dos autores de “La onda”, Tres poetas tabasqueños, Narrativa policial y negra, y Dos autores de la Universidad Autónoma Chapingo, entre otros. He aquí, de nueva cuenta, la importancia de la especificidad literaria y los guiños a la “literatura de imaginación”.

Así las cosas, habrá que interponer una de sus cualidades que se añaden al empeño de convalidar los quehaceres literarios: hacer literatura a partir de la combinatoria del presente imperfecto y el automático establecimiento de conjeturas que, probablemente, son la génesis de poemas de anticipación, de la recreación de situaciones pretéritas, de compartir filias y anécdotas con la mayoría de los autores que aborda en este libro.

Y lo hace desde la charla informal hasta el apunte, cuando lo amerita, en el salón de clase con sus alumnos de la Universidad de la Ciudad de México o de Chapingo. Hace literatura de la literatura, con la plena certeza de que las palabras son como piedras preciosas de incalculable valor.

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