3 junio, 2026

Reporteros en Movimiento

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libroAlex Sanciprián

Hoy jueves 25 de abril se presenta este libro de Miguel Ángel Leal Menchaca en el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario, a partir de las 15:00 horas, en el marco de la XII Feria Estatal del Libro.

Miguel Ángel Leal Menchaca tiene vicios públicos y virtudes privadas: de los primeros cabe destacar su capacidad de hacer amigos, de observarles y escucharles e inclusive tolerarles si es el caso.

Pero también se afana, al paso de los días, en preparar sus clases e intentar darlas (las materias que imparte) con creciente esmero, con el gusto de quien ha descubierto el modo de devolverle a las palabras su justo valor, su sentido genuino y recrearlas.

En relación a sus secretas cualidades no me queda más remedio que compartirlas, como un sencillo pero devocional homenaje a su íntimo decoro: conoce y aún práctica, un domingo sí y otro también, el beisbol. Lo hace sin la convencional faramalla de los adictos que quieren convencerte de sus certezas, habilidades con el manejo de trivia, ni tampoco por su actual promedio de bateo.

Otras de sus castidades son que no fuma, lee y colecciona libros e irremediablemente, de unos años a esta fecha, le ha dado por tejer historias en su mente y justo cuando considera pertinente ir a teñirse el cabello y después comer carnitas y degustar una six de cerveza helada frente al televisor mientras mira el beisbol, prefiere sentarse a escribirlas, de una vez antes de que se enfríen o se calienten más las dichosas historias.

Recapitulando, el maestro Miguel Ángel Leal hace honor a su primer apellido: es puntualmente franco con sus amistades y también con sus estudiantes.

No es de los que ostentosamente quieren marear al escucha ni tampoco impresionar ni refrendar su dote de nobleza y sabiduría.

Asimismo, produce libros con la paciencia del artesano y los presenta ante el público con la satisfacción del deber cumplido y ofrecerle al potencial lector un racimo de historias pletóricas de singular atractivo.

Es decir, los libros del profesor Leal Menchaca, no llevan ese recalcitrante mensaje o moraleja convenenciera de superación personal ni tampoco el sello de un estridentismo trasnochado, ni de realismo mágico de bisutería, por ejemplo, ni de la fórmula mágica para canalizar en Fa mayor sus escritos (previo a jugoso contrato) a un pool de argumentistas que los transformarán en telenovelas o películas clasificación B.

Y es que al toparse con la producción más reciente del maestro Leal Menchaca, por su título de “Amantes Frígidas”, no es posible escatimar la hipótesis de que va con todo, ahora sí, por su estelar nombramiento como el “insuperable escritor de temporada que ha vendido la friolera de más de 500 mil libros y está en camino de producirse su versión cinematográfica de indudable éxito”.

Sin embargo, al adentrarse en las páginas de “Amantes Frígidas” es verídico el trance de que de veras atrapa su lectura, por su anunciada similitud en cuanto a que se está leyendo una historia que alguien te platicó o escuchaste o conoces de hace tiempo.

Las “Amantes Frígidas”, de Miguel Ángel Leal, es un perfecto pretexto para reconciliarse con la literatura mexicana que se produce en la actualidad.

Casualmente son once relatos (como el número de miembros de un equipo de beisbol que con todas las de la ley salta el campo de juego, incluidos los coaches de primera y tercera) que a las primeras de cambio, al mirar sus títulos, sospechas que se trata de más de lo mismo: “Blanca Nieves, “Cómo contártelo…”, “Del acoso al ocaso”, “Clodo”, y así sucesivamente.

Pero más pronto que tarde se descubre que estás internándote en la excelsa fatalidad de una pareja que ha vivido pasionalmente y está por desencadenarse un brutal ajuste de cuentas entre ellos, en excéntricos modos de vida de algunos personajes que están ahí, en cualquier barrio o colonia residencial, no exentos de descaro, hostilidad y proverbiales insultos.

Las leperadas que emanan en cada uno de los relatos son golpes de realidad y no falsarios guiños típicos de una comedia de enredos.

La soledad de no pocos de los personajes que se mueven alrededor de “Amantes Frígidas” es una clara representación del desahucio que caracteriza a la gente “normal” y que por cortesía de la acumulación de rencores se convierte en protagonista de escenas de extrema crueldad y emotivos desdenes toscos.

Así como la palabra desahucio entraña una suerte de expulsión legal de la persona que ocupa una casa o un terreno o la estimación del médico de que un enfermo no tiene ninguna posibilidad de curación, en “Amantes Frígidas” la mayor parte de los protagonistas están desahuciados. Esto es, habitan sus miserias vivenciales con el optimismo de que probablemente las cosas cambien.

Ciertamente, aquí se miran seres humanos que sufren, pero que han tenido paréntesis de felicidad e inclusive porciones de aleccionadora pasión negra, esa que de no derrumbarte te convierte en otro. Hay fatalidad, plazos que se cumplen, deudas o mejor dicho compromisos que desbordan a sus hacedores.

Al internarse en los relatos de “Amantes Frígidas” se sufre, pero también se aprende y goza de las desventuras y en los reducidos espacios de felicidad. Igual que en los partidos de beisbol cuando se gana o pierde. Recuérdese que no hay empate ni en el beisbol ni en la vida misma.

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