29 julio, 2026

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* México despide el Mundial con reconocimientos, recuerdos y la nostalgia de una fiesta que apenas terminó
Por. Lina González / Reporteros en Movimiento. Com.

17:30 hrs.
Zumpango, Estado de México. 28 de julio de 2026.- El Mundial ya terminó, las camisetas comienzan a guardarse, las banderas dejaron de ondear en las calles y aquella emoción de cada partido parece quedar un poco más lejos. Pero este martes, en Zumpango, el Gobierno de México volvió la mirada hacia quienes estuvieron detrás de la fiesta: miles de mujeres y hombres encargados de que el torneo transcurriera con seguridad.

En la Base Aérea Militar No. 1, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la gobernadora mexiquense Delfina Gómez Álvarez encabezaron la entrega de reconocimientos al personal que participó en el Plan Kukulkán, estrategia de seguridad desplegada durante la Copa Mundial de la FIFA 2026.

Más de 124 mil 500 elementos de instituciones federales, estatales y municipales participaron en las labores de seguridad y protección durante el torneo, que convirtió a México, junto con Estados Unidos y Canadá, en anfitrión de una Copa del Mundo histórica por su nuevo formato de 48 selecciones.
Pero más allá de las cifras y de los reconocimientos entregados este día, el acto en Zumpango también parece una especie de punto final para una historia que durante poco más de un mes mantuvo a buena parte del país pendiente de una pelota.
Porque el Mundial 2026 no fue solamente fútbol.
Fue volver a escuchar el grito de “¡México, México!” en un estadio; las reuniones familiares frente al televisor; las calles pintadas de verde, blanco y rojo; los aficionados extranjeros descubriendo la comida, la música y la hospitalidad mexicana, y una ciudad entera convertida en tribuna.

México abrió el torneo en casa con una victoria de 2-0 sobre Sudáfrica y posteriormente derrotó a Chequia y Ecuador.

El Tri llegó a los octavos de final con paso perfecto en la fase de grupos y después consiguió algo que durante décadas se había convertido en una deuda pendiente: ganar nuevamente un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo, al vencer 2-0 a Ecuador.

La ilusión volvió a crecer.

Y entonces llegó Inglaterra.
El 5 de julio, en el Estadio Ciudad de México, México quedó fuera del torneo tras caer 3-2 ante los ingleses en un partido que terminó con el sueño mundialista, pero no con una actuación que pudiera considerarse menor.

El Tricolor terminó noveno en la clasificación general del Mundial, como el mejor de los equipos eliminados en octavos de final, una posición que colocó a México entre las selecciones que más lejos llegaron en la primera Copa del Mundo de 48 participantes.
Y mientras México comenzaba a despedirse de su Mundial, el torneo continuó hasta encontrar un nuevo campeón.
El 19 de julio, España escribió la última página de esta edición al derrotar 1-0 a Argentina en tiempo extra, con gol de Ferran Torres, para levantar por segunda ocasión en su historia la Copa del Mundo.
Ahora, apenas unos días después de aquella final, el balón ya descansa y la fiesta mundialista comienza a convertirse en recuerdo.
En ese contexto, el reconocimiento entregado este martes en territorio mexiquense tuvo como protagonistas a quienes estuvieron lejos de los reflectores: militares, policías, personal civil y servidores públicos que participaron en el operativo de seguridad.

Durante la ceremonia fueron reconocidos los titulares de 34 dependencias involucradas en la planeación de la estrategia, además de las Direcciones de las Armas y Servicios de la Secretaría de la Defensa Nacional.
La presidenta Sheinbaum destacó la coordinación entre instituciones y estados, mientras que entre los asistentes estuvieron las gobernadoras de Quintana Roo y Baja California, así como los gobernadores de Jalisco, Nuevo León e Hidalgo.
Pero quizá lo más significativo de este día sea que, detrás de los números y de los reconocimientos, queda la memoria de un Mundial que México vivió de una manera muy particular.
El país fue sede por tercera ocasión en su historia; recibió a miles de visitantes y volvió a comprobar que el fútbol puede detener por unas horas las preocupaciones cotidianas para reunir a desconocidos en torno a una misma camiseta.
España se llevó la Copa.

México se quedó en el camino, pero llegó hasta los octavos y cerró el torneo como noveno del mundo.
Y ahora, cuando las pantallas ya no transmiten partidos y las calles recuperan poco a poco su ritmo habitual, queda esa inevitable nostalgia por lo que durante unas semanas pareció eterno: el Mundial en casa, los goles, los festejos, las decepciones y aquella sensación de que, por un instante, todo México estaba jugando el mismo partido.
El Plan Kukulkán fue parte de esa historia desde otro lugar: no dentro de la cancha, sino alrededor de ella, procurando que la fiesta pudiera vivirse con tranquilidad.
El Mundial terminó.

Pero las imágenes, las emociones y los recuerdos —esos que ningún marcador puede borrar— apenas comienzan a convertirse en nostalgia.

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