
No hay presencia del “pueblo bueno y sabio” en el parque ecológico de Texcoco
Juan Lázaro
TEXCOCO, Edomex, 19 de enero de 2026.-
En los terrenos donde alguna vez se proyectó el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM), hoy se extiende el Parque Ecológico del Lago de Texcoco. La zona, marcada durante décadas por el abandono, el polvo y la desecación del antiguo lago, cambió de rumbo tras la cancelación del megaproyecto aeroportuario, pero su nueva vocación ambiental todavía enfrenta serios retos.
El NAIM buscaba convertir a Texcoco en el principal nodo aéreo de América Latina. No obstante, el plan estuvo rodeado de controversias: sobrecostos millonarios, impacto ambiental, hundimientos del suelo y una fuerte oposición social. Con la llegada a la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador, el proyecto fue sometido a consulta ciudadana y finalmente cancelado en 2018, una decisión que dividió al país.

En su lugar surgió el Parque Ecológico del Lago de Texcoco, concebido como un ambicioso proyecto de restauración ambiental para recuperar humedales, regular el agua y reducir las tolvaneras, además de crear uno de los espacios verdes más grandes del Valle de México. Sin embargo, la realidad cotidiana del parque dista del ideal planteado.
Mucho espacio, pocos visitantes
El sol cae con fuerza sobre las extensas hectáreas del parque. La poca gente que asiste se dispersa entre canchas deportivas casi vacías. La tierra sigue siendo seca y árida; el agua solo es visible en el Lago Nabor Carrillo y en algunos canales. Los árboles aún son pequeños y la falta de sombra, sumada al concreto de las canchas, incrementa la sensación de calor.

Llegar cuesta
El acceso no es sencillo ni barato. Para llegar es necesario pagar casetas: alrededor de 60 pesos desde la Ciudad de México y una cantidad similar desde la región de Texcoco. Esto limita la visita a quienes cuentan con automóvil o a quienes se arriesgan a cruzar la autopista Peñón–Texcoco en transporte público.
Aunque el parque es enorme, la presencia del llamado “pueblo bueno y sabio” es mínima. Durante un tiempo, los gobiernos de Nezahualcóyotl y Texcoco dispusieron autobuses gratuitos para trasladar vecinos, pero el programa fue cancelado ante la falta de recursos. Hoy, al interior del parque predominan vehículos particulares, desde camionetas de lujo hasta autos modestos, de quienes pueden pagar el traslado.

Atractivos sin detonador social
Entre las principales atracciones están el puente colgante, los brincolines y las áreas para patinaje. También existe un edificio de madera con mirador donde algunos comerciantes ofrecen productos derivados del ex lago de Texcoco, como alga espirulina, sal del salitre, miel y suplementos alimenticios, además de comida tradicional. Las ventas, sin embargo, son bajas.
Una comerciante de Acuexcomac, en San Salvador Atenco, señala que los sábados las ventas son casi nulas y que solo los domingos se observa una ligera mejora. La mayoría de los vendedores solo acude viernes, sábado y domingo, con resultados limitados.
Un proyecto en pausa social
Para los visitantes, lo más común es caminar bajo el sol, andar en bicicleta o patinar. Las canchas de fútbol y básquetbol permanecen, en su mayoría, vacías.
El Parque Ecológico de Texcoco simboliza un cambio de visión: del concreto al intento de restauración ambiental, de un aeropuerto internacional a un pulmón verde. Sin embargo, en los hechos, sigue siendo un espacio poco accesible y escasamente habitado por la población popular.
El parque existe, pero aún no despega como un espacio verdaderamente público y social. Para algunos, es una oportunidad perdida; para otros, una apuesta ambiental inconclusa que todavía espera cumplir la promesa hecha tras la cancelación del aeropuerto.

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