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CAMPAÑAS Y PECADOS CAPITALES

para_sda_foto_de_la_nota_1Por Ernesto Alonso López / CriticaPolitica.MX

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Pues nada, que la campaña ya está aquí y por increíble que parezca, luego de tanto trajín, reunión, nervios y una montaña rusa de emociones humanas, usted en realidad siente como que no dirige, sino que más bien una corriente de río le arrastra de manera embravecida. Sí, se le ha venido encima todo. Y es que todo urge… Todo falta… Y el mundo sigue igual, pero usted SIENTE que de pronto la Tierra ha comenzado a girar con una velocidad y de un modo que nadie comprende, más que usted, por todo lo que se está jugando en esto. Finalmente, usted piensa: pues mi equipo de campaña no da la cara en la candidatura y yo tengo que poner mi carita de buena gente, para que hasta me tiren de tomatazos, si es preciso. ¡UFFF!… Y aparte, aguantarse…

La verdad es que toda esta zozobra se debe a que no tiene clara la campaña, porque han sido tantas las cosas que le han dicho tantas personas que no saben nada de nada, que ya le tienen a usted en la confusión total. Mire. Es muy simple: una campaña consta de apenas siete aspectos. Sí, así como lo lee: apenas siete aspectos. Estos son: La definición de los objetivos de la candidatura, que incluyen la autoevaluación de fortalezas y debilidades, el análisis del electorado y el análisis de la competencia. La identificación de problemas y oportunidades. La evaluación de opciones y escenarios políticos. Definir una estrategia, tomando en cuenta los electores que usted quiere convencer de que le den su voto, así como los temas que debe informar. La comunicación política que debe implementar. El tipo de organización jerárquica de su equipo de campaña. Y el área de evaluación de la campaña. Ya. Es todo. A estas alturas, usted ya debe tener bien claro este asunto. Si no es así, que su equipo se haga cargo, ya, especialmente su coordinador.

Por cierto, mi sugerencia, ahora que ya está en campaña, es que vaya con mucha calma y disfrute. Nadie quiere saber que tiene enfrente a alguien que se ve con mucho stress. Su carácter debe sentirse agradable. Nadie quiere ver a una figura prematuramente envejecida y que no “comunica bien” ni el saludo. Eso sucede porque las candidatas y candidatos olvidan que gran parte de sus actividades en la campaña son evitar cometer los siete pecados capitales de los políticos, aunque sean candidaturas independientes, por muy ciudadanas que parezcan. ¿Sabe cuáles son esos pecados?…  Van: “Ignorancia”, “Inocencia”, “Ceguera Política”, “Soberbia”, “Imprudencia”, “Falsedad”, y “Olvido”…

La ignorancia ocurre cuando usted no sabe por qué quiere una candidatura, mucho menos ganarla, tampoco sabe bien por qué quiere la diputación, ni la gubernatura, o cualquier otro puesto de elección popular. Si usted piensa que es porque “ya le toca”, “así le dijeron”, “tradición familiar”, o “porque sí”. La verdad es que ya empezó muy, pero muy jodidamente mal. Ni modo, las cosas por su nombre. Disculpe, señora candidata, o señor candidato… Otra cosa: No sea “inocente” con lo que ve y le dicen. Mire: la inocentada pecaminosa comienza cuando usted ve a mucha gente en sus mítines y luego escucha a su equipo de campaña decir que “el evento estuvo excelente” y que “nada nos detiene”, porque “la gente nos quiere mucho”… Mmmm, OK… A quienes les dan ánimos a usted, deles las gracias, pero luego, por favor, métase esto en su cerebro, como si fuera una verdad de fe: LA MAYORÍA DE LA GENTE ABORRECE A LA POLITICA Y A LOS POLÍTICOS, AUNQUE SEAN INDEPENDIENTES. Es triste decir esto, pero es un fenómeno universal. No es privativo de un país ni de una región. Es generalizado. En este artículo no voy a analizar el por qué sucede esto. Quizás usted se puede imaginar muchas cosas, pero lo central del punto del pecado de ser “inocente” es desentender que usted tiene a su disposición una estructura electoral, prestada o proporcionada, grande o chica, que actúa en función del interés del líder social que MUEVE A ESA ESTRUCTURA, porque este líder social trata de sostener los beneficios que le significan que usted llegue al poder. Más claro: casi todas las personas que acuden a mítines tienen el “compromiso” de asistir, pero la gran mayoría de las personas no lo harían por cuenta propia. Así es. De verdad. Si usted considera que ver mucha gente en sus eventos de campaña le hace sentir mucha confianza de ganar, entonces su pecado tendrá una penitencia muy alta que comienza con perder las elecciones. Así de duro, eh. Es ley.

Otro pecado es la ceguera política. Esto empieza con creer que su campaña es un exitazo en la internet y las redes sociales. O sea, a usted se le olvida que la vida real está más allá de las pequeñas pantallas conectadas a internet, aunque la imagen se presente en HD y con ultra 4K. Mire, voy a ser, otra vez, muy claro: usted sólo tiene la oportunidad de convencer, sin internet de por medio, a uno de los tres segmentos en que se divide el electorado: 1.- Los que van a votar por usted. 2.- Los que no van a votar por usted. Y 3.- Los indecisos… Es obvio que usted ya tiene una base de seguidores (la del número 1), por ello debe afianzarla, cohesionarla, sostenerla, animarla y hacerla crecer. Con los electores del número 2, los que ni en 4 vidas resucitadas votarían por usted, no hay mucho que hacer. Ya tienen una decisión y ahí hay muchas razones. A usted le llevaría por lo menos 10 campañas siquiera convencer al 2 por ciento de que opten por su candidatura, a menos que su mensaje conecte, de forma milagrosa, en el último minuto, con el electorado que no le quiere, pero hasta ahora no se sabe de un cambio tan radical.

Su área de oportunidad está en el de los indecisos, aunque con ellos hay un aspecto fundamental y es el de las estructuras de los partidos políticos, cuyas bases operan de formas peculiares y muy complejas. Así que en esta parte, su estrategia será la definitoria. Mala estrategia, malos resultados electorales. Eso es seguro. Además, las definiciones de candidaturas en algunos partidos hacen que la supuesta base del candidato elegido no sea tal, porque hay grupos que se oponen y esos grupos pueden ayudarle a usted. Ponga ojo. La suma de cero es nada, la suma de uno, puede ser el voto ganador

Por si todo lo anterior le ha parecido poco, hay un pecado político monumental: la soberbia. Es el “síndrome del ganador prematuro”. Es decir, ni siquiera ha comenzado la campaña y ya patea verbalmente al que se le ponga enfrente, incluso a sus electores los trata como súbditos, no acude a los mítines de campaña, no saluda a la gente porque su campaña no es de tierra. Este tipo de campañas, con esa clase de candidatas o candidatos, van directo al fracaso. Lo que ocurre es que nadie les avisa a las candidatas ni a los candidatos, porque los equipos de campaña temen perder sus canonjías o de plano, también se contagiaron del mismo síndrome. Si alguien le insinúa algo al respecto, ponga atención. Alguien, seguramente sin ninguna otra intención, le hablará francamente y le dirá dónde anda mal, ¿no le parece?… Escuche… Digo, si es que quiere ganar…

Para evitar el pecado de la imprudencia sólo debe usted dominar las emociones. Una sola declaración, en el lugar y momento menos pensado, a veces derrumba una campaña que hasta ese día era la mejor y de ahí en adelante comienza el descenso. Las candidatas y candidatos no se pueden permitir exabruptos. Cuestan muchos votos…

 Otro pecado recurrente es “transformarse” y presentar como cierto algo que es rotundamente falso, en maneras de hablar, de vestir, o de conducirse hacia los demás. Ocurre cuando usted – o su equipo – mal entienden que el marketing político es presentarlo ante la gente como lo que usted NO es. Si usted quiere que voten su candidatura y ganar, empatice con sus electores. Muéstrese de acuerdo al contexto cultural en que vive. ¡Chihuahua, hable como la gente!… Nomás no se pase de franco, porque las personas conservadoras podrían rechazarle ipso facto.

Finalmente, el pecado más grave de los políticos es el olvido. O sea, van repartiendo promesas por ahí, diciéndole a la gente que van a arreglar el mundo, pero nomás pasa la elección, se les olvida lo que dijeron. Si usted ya hizo eso, cuidado, porque aunque le digan que el pueblo no tiene memoria, sí la tiene. No insulte la inteligencia de las personas. Si usted nunca ha tenido una candidatura, pues siento decirle que eso a la gente no le importa y aunque tomarán en cuenta su inexperiencia, le tratarán con la misma desconfianza que a los políticos más mentirosos que han conocido. Así que el camino es cuesta arriba, sin duda… Y la meta está a un día después de las elecciones.

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