DE LA POLÍTICA SIN ÉTICA Y DE LA ÉTICA SIN POLÍTICA. “Ni política sin ética, ni ética sin política”, sentenció el maestro Adolfo Sánchez Vázquez en su famoso libro “Filosofía de la Praxis”. Concordando totalmente con el viejo pero joven marxista (atento a la frescura de su pensamiento), quiero comentar que están llegando en el Partido de la Revolución Democrática, a una situación límite. Cuando, en 1988, se formó el Frente Democrático Nacional para apoyar la candidatura presidencial del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, en este movimiento se integraron diversas fuerzas que iban desde la Corriente Democrática del PRI, los partidos satélite PPS y PARM, hasta partidos y grupos de izquierda como el PMS, que surgió como una fusión del PMT y PSUM (donde ya se habían integrado el Partido Comunista Mexicano y el Movimiento de Acción Popular, entre otros). También estaban los herederos de los despojos del partido de Rafael Aguilar Talamantes: el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional.
TODOS ELLOS Y MUCHOS OTROS MÁS, ALGUNOS QUE PROVENÍAN DE LA SEMICLANDESTINIDAD INCLUSO, así como organizaciones populares de la izquierda social como la Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Istmo (Oaxaca), la Unión de Colonias Populares, la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata y la Asamblea de Barrios (del Valle de México), dieron paso a la fundación del Partido de la Revolución Democrática el 5 de mayo de 1989. El parto fue difícil, fueron momentos de intensa discusión: la Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas, luego de un congreso en el Distrito Federal, se partió en dos. Una parte, sobre todo los militantes del Valle de México y del estado de Veracruz, se integrarían al PRD, en tanto que los demás formaron filas en lo que sería posteriormente el Partido del Trabajo.
UN PARTIDO CON ESTA CONFLUENCIA TAN AMPLIA Y TAN DISÍMBOLA NO PODÍA MENOS QUE MOTIVAR ESPERANZA EN SUS FUNDADORES y la mofa de los detractores. En los círculos políticos gubernamentales se especulaba sobre el destino de esta emergente formación partidaria. Temían que los expriístas fueran contaminados por las ideas izquierdistas. Pero pasó el tiempo y se dieron cuenta de que la contaminación había sido a la inversa, que los contaminados fueron los militantes de izquierda que, en un vertiginoso aprendizaje, se apropiaron de todas las mañas antidemocráticas de un partido que nació en el poder como una aceitada maquinaria para retenerlo. Y se operó la transformación. Al interior del partido se generaron nuevos grupos organizados como empresas, muy al estilo de las “pirámides” utilizadas para exaccionar incautos: el de arriba controla a los de abajo, éstos a su vez controlan a otros muchos y así, sucesivamente. El de arriba, el líder, se maneja al estilo gerencial. Sólo él tiene todos los hilos y concede a su arbitrio favores o impone castigos, mientras los de abajo, acatan interesadamente sus designios para granjearse el favor del poderoso, dador de la vida o de la muerte políticas, que otorga como premio a la lealtad perruna el ascenso político o la “vida en el error” como castigo a la “indisciplina”.
PARA HACERSE DEL PODER NO IMPORTAN LOS MEDIOS. SE UTILIZAN TODAS LAS FORMAS, MÁS AUN AQUELLAS QUE PROSCRIBÍA LA MORAL REVOLUCIONARIA, aquella que varias décadas atrás era el “leit motiv” de la izquierda no solo en México, sino en todo el mundo. Nos mimetizamos con el enemigo, nos volvimos lo opuesto a nuestros principios… De esta forma, las organizaciones empresariales, encabezadas por los líderes-gerente, se apoderaron de las candidaturas y, por ende, de los cargos públicos. Todo era bueno: diputaciones, regidurías, presidencias municipales y últimamente las gubernaturas. Muy lejos quedó la idea de la democratización del país y del cambio
de las políticas económicas para ponerlas al servicio del pueblo. “Esto no lo para nadie”, dijo en un momento de euforia el ingeniero César Buenrostro, al concluir un mitin del Frente Democrático Nacional, en 1988.
HACERSE DEL PODER POLÍTICO, AUN EN PEQUEÑAS CUOTAS COMO UNA PRESIDENCIA MUNICIPAL, SIGNIFICÓ LA OBTENCIÓN DE RECURSOS INIMAGINABLES para invertir en compra de militantes y de votos para la formación de ejércitos de ciudadanos prestos a depositar un sufragio a cambio de despensas y apoyos económicos, todo esto prohibido por la ley… y por la moral. No existe la vida orgánica, las agrupaciones o corrientes de corte empresarial no realizan una sola asamblea con sus correligionarios, porque estos no existen, los han convertido en una suerte de esclavos sin voluntad alguna, que solo aceptan la limosna llovida del cielo en tiempos electorales a cambio de una disciplina interesada. Se ha corrompido a los ciudadanos… y a la política. Si, muy atrás quedó la idea de un partido como instrumento de la sociedad para el cambio. Muy lejos quedaron los ideales de quienes forjaron la patria. A cambio tenemos ahora un partido expropiado a la inmensa base de militantes que los fundaron, un partido-empresa para beneficio de sus dirigentes, donde prevalece una rampante carencia de legitimidad, donde se impone la cultura del fraude y la acumulación ilícita del poder.
CON ESTE BASAMENTO ENDEBLE LLEGAMOS A LAS ELECCIONES INTERNAS DEL PRD EL MES DE MARZO DE 2008. Elección cuestionada por todos los actores, donde campearon las acusaciones entre uno y otro bando, con el asalto al poder partidario por parte de una de las facciones, con la intromisión de un Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación interesado en servir al ilegítimo presidente de la República, dividiendo al partido que más problemas le había ocasionado. Jesús Ortega, desde su posición al frente del partido, estaba listo para apropiarse del PRD y de sus prerrogativas, para ponerlo al servicio de Felipe Calderón, para la virtual eliminación del López Obradorismo. Eso era lo que más interesaba que la consolidación de un amplio movimiento social que reivindicara los derechos del pueblo. Viene pronto la elección de Consejeros Nacionales al interior del PRD. Para evitar “el cochinero” será ahora el Instituto Nacional de Elecciones quien organice el proceso comicial interno de donde saldrá el órgano de poder interno que elegirá al nuevo Comité Ejecutivo donde serán beneficiadas solamente dos fuerzas: los Chuchos de Nueva Izquierda, y la Alianza Democrática Nacional de los hermanos Bautista.
ATRÁS QUEDARON LOS MÁS DE QUINIENTOS PERREDISTAS ASESINADOS EN SU LUCHA POR EL CAMBIO SOCIAL DEMOCRÁTICO. En forma evidente, no se están generando las condiciones para el tan anhelado cambio en la conciencia nacional que sirva para impulsar una transformación política verdaderamente democrática y esto lleva al grueso de la militancia de buena fe a la frustración, a la desesperanza y falta de credibilidad en la política, aunque también a la confusión respecto de los objetivos e imperativos éticos, al olvido de los principios que nos identifican como “izquierda”, a la corrupción política con todo lo que ello implica de negación de lo que nos hace diferentes, idealistas. Complementa la idea don Adolfo Sánchez Vázquez, al decir que esta falta de ética en la política ha llevado a miles de militantes de izquierda a adoptar posturas críticas de repudio hacia las formaciones político-partidarias, los ha llevado erróneamente a dejar de hacer política. Por eso es tan importante puntualizar su sentencia: “Ni política sin ética, ni ética sin política”.


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