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EN CHIMALHUACÁN, EXIGIMOS UN TRATO COMO CIUDADANOS DE PRIMERA Y NO DE CUARTA CATEGORÍA

Jesús Tolentino Román Bojórquez

En la actual sociedad capitalista, la política demográfica que se sigue es harto irracional  y contradictoria, en perjuicio casi siempre de los mexicanos que se ubican en la base de la pirámide social. Una primera gran contradicción, es la que se da entre la ciudad y el campo, consistente en que, en tanto el medio rural tiende a despoblarse cada día más y más, por otro lado, las ciudades tienden a crecer, también día con día, a gran velocidad; ello provoca que, en tanto las comunidades rurales languidecen en todo, no hay empleos, los salarios son miserables, faltan salud, educación, carreteras y, en fin, todo aquello que se necesita para llevar una vida más o menos digna, por otra parte, las grandes ciudades crecen tan aceleradamente y sin planeación, que la gran aglomeración de seres humanos provoca la contaminación del aire, el agua y el subsuelo, y otros males anejos como la escasez de empleos (por la gran demanda), míseros salarios, exceso de tráfico de personas y automotores, escasez y carestía de vivienda, estrés generalizado y falta de identidad entre los citadinos que desconfían entre sí, aunque viva uno junto o frente a otro. Como consecuencia de ello, el campo está prácticamente despoblado (de 116 millones de mexicanos que somos, 87 millones vivimos en el medio urbano y sólo 29 millones lo hacen en el campo, o sea, el 25%) y se prevé que en 30 años sólo el 5% de la población vivirá en la provincia; entre otras razones, ésta es una de las causas principales por las que el campo se encuentra cada día más abandonado y nuestra agricultura y ganadería son cada vez menos productivas. Un verdadero acto de irracionalidad de la  sociedad “moderna” de nuestro tiempo. 

La otra contradicción, no menos evidente que la primera, es la que se presenta en el seno de las grandes urbes. En tanto que el centro o primer cuadro de las enormes ciudades se colman de majestuosos edificios donde se desarrolla la actividad gubernamental, comercial, bancaria, turística y cultural, con todas las comodidades y lujos a favor de los barones del dinero, por otra parte, la llamada zona habitacional se divide esencialmente en dos áreas: una de ellas, la de los ricachos donde se levantan verdaderos castillos de una manzana o más, con seguridad pública privada, con servicio de limpia impecable, con jardines y superficies reforestadas en abundancia para garantizar la calidad del aire, con todos los servicios de todo tipo funcionando al ciento por ciento. La otra zona, la de los pobres, en donde menudean los bolsones de miseria con casas pequeñas  y peor construidas, donde la inseguridad está a la orden del día, con calles sucias y exceso de perros callejeros, donde falta agua, drenaje, pavimento, electricidad, escuelas, etc., y donde los parques y áreas jardinadas son escasos o de plano brillan por su ausencia; y encima de todo esto, abundan los tiraderos de basura al aire libre y es patente la falta de una adecuada canalización del drenaje pluvial, así como del drenaje sanitario. En otras palabras, en una misma ciudad tenemos dos tipos de ciudades: una ciudad para los mexicanos de primera categoría y otra ciudad para los mexicanos de segunda… o cuarta categoría.

Esta reflexión viene a cuento, porque en todos los municipios de la zona Oriente del Estado de México se presenta este último escenario aunque más acusadamente en el municipio de Chimalhuacán. En efecto, aunque ya he referido cómo recibió el gobierno antorchista a este municipio en el año 2000 y también he consignado las grandes transformaciones que en catorce años hemos alcanzado, no obstante, existe un gran pendiente que a la fecha no se ha resuelto porque el H. Ayuntamiento está total y absolutamente rebasado en lo financiero para hacerlo; y es que nuestro populoso municipio, con más de 750 mil habitantes, está circundado por dos ríos y dos grandes drenes por donde circulan, a cielo abierto, las aguas grises de lluvia y las aguas negras del drenaje sanitario, a lo largo de 24 kilómetros. Se trata de obras muy costosas, que significan varios miles de millones de pesos, cuya ejecución sí está al alcance del gobierno estatal y sobre todo del gobierno federal, que nada más en este año manejará la astronómica cantidad de 4.56 billones de pesos. Sí, leyó usted bien, ¡cuatro punto cincuenta y seis millones de millones de pesos!

A consecuencia de estos gigantescos escurrimientos de agua, que arrastran materia fecal y materia orgánica en descomposición, que captan además las aguas grises y negras de otros grandes municipios como Chalco, Valle de Chalco, Ixtapaluca, La Paz, Chicoloapan y Nezahualcóyotl, en tiempos de lluvias siempre está latente el peligro (más de una vez consumado) de que se desborden e inunden a Chimalhuacán y, en tiempo de secas, como sucede en estos días en los que sólo circulan las aguas negras por dichos drenes, las altas temperaturas y la ausencia de agua pluvial, provocan olores tan pestilentes que impactan severamente a quien va sólo de paso o, peor aún, a quien vive, estudia o trabaja junto a estos drenes, donde la actividad humana se vuelve absolutamente intolerable, pues prosperan a su antojo las enfermedades gastrointestinales, respiratorias y de la piel, aparte de las enfermedades mentales y espirituales que estas cloacas producen en la autoestima de la gente.

Resolver tal situación se torna hoy particularmente urgente en Chimalhuacán, en el tramo que comprende el río de la Compañía desde el barrio San Lorenzo hasta la colonia Arturo Montiel, pasando por las instalaciones de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), que se ubican a tan solo 125 metros del río de la Compañía. ¿Por qué razón? Porque enfrente de la UAEM, que ya es territorio del municipio de Nezahualcóyotl, se ha permitido a ciencia y paciencia de las autoridades de Neza, del gobierno estatal y del gobierno federal (Comisión Nacional del Agua) que se depositen enormes cerros de basura y sobre todo de cascajo que, por su gran peso, han provocado tres bufamientos, o sea, el levantamiento del fondo fangoso del río de la Compañía hasta seis metros por arriba de la superficie del agua, taponando por completo la circulación de dicho río. El último incidente ocurrió el 6 de diciembre pasado y muy poco faltó para cubrir con aguas putrefactas a varias colonias aledañas, incluida la UAEM.

 En conclusión y por este medio, hago un llamado a todos los habitantes de Chimalhuacán y municipios aledaños, primero, para que juntos, unidos, organizados y en pie de lucha, le exijamos a nuestras autoridades estatales y federales que metan en cintura a quienes hacen un gran negocio con el depósito irresponsable y criminal de basura y cascajo, justo en el margen del río de la Compañía, del lado de Neza. Segundo, para que todos los chimalhuacanos dignos, capaces de llenarnos de indignación como decía el Ché Guevara, “ante cualquier injusticia que se cometa en contra de cualquier ciudadano en cualquier lugar del mundo”, le exijamos al gobierno federal que se entuben todos los drenes insalubres que rodean a Chimalhuacán, ya que para las autoridades nacionales el costo de estas obras es tanto como quitarle un pelo a un gato. A condición, claro, de que abandonemos nuestra actitud pasiva e indiferente y que nos decidamos, en serio, a exigir nuestro derecho a ser tratados como ciudadanos de primera y no de cuarta categoría. De nosotros depende.

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