Por: José Alberto Zea Domínguez.
«Eterna Iztaccihuatl, poderosa volcana de nieve, amor sublime del monte que humea, apacible mujer dormida, vigía del Valle de México, yo me postro a tus faldas y con respeto te digo, estoy enamorado de ti, cuando llega el amanecer bendigo todos los días que te puedo tener y admirarte cada mañana, Eterna Ixtaccihuatl, las cumbres más altas te envían todo el amor del universo, ya que, siempre estaras en la mente y la historia de los mexicanos»,

