12 abril, 2026

Reporteros en Movimiento

Información sin censura

Jesús Tolentino Román Bojórquez

En los días que corren, se está llevando a cabo “la elección” de los comités seccionales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el Estado de México.  Esta renovación se efectúa estatutariamente cada tres años con el propósito, se supone, de legitimar y de revitalizar la presencia del partido entre la militancia priista, pues, se afirma, los comités seccionales son la célula básica de representación partidaria entre las masas, ya que su jurisdicción y ámbito de competencia coinciden, exactamente, con las secciones electorales que avala oficialmente al Instituto Federal Electoral para cada municipio, distrito, estado, incluso a nivel nacional. 

Tal renovación trianual, según reza la convocatoria que emite el Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI mexiquense, debe de realizarse mediante dos mecanismos, que deben agotarse sucesivamente, en aras de garantizar la unidad intrapartidaria y el respeto entre las muy diversas expresiones políticas: primero, que los distintos actores que coinciden en cada sección electoral busquen ponerse de acuerdo para conformar una panilla única (integrada por doce carteras) en donde, con madurez y civilidad, se otorgue a cada expresión el número y tipo de espacios de acuerdo con su peso político específico.  Segundo mecanismo: en el dado caso de que dichas fuerzas vivas no logren ponerse de acuerdo, luego entonces, se procederá a una elección democrática en la sección respectiva, donde “se garantizará el respeto a la decisión mayoritaria de las bases tricolores”.

Lo dicho hasta aquí pareciera razonable e inobjetable. Y en efecto, ¿Quién en su sano juicio se opondría a una autentificación, o sea,  a una oxigenación de la representación partidaria desde sus bases? ¿Quién posee otro mecanismo electivo superior, más racional, democrático y efectivo que el planteado por las autoridades partidarias estatales? Francamente, me parece que, en teoría, tanto el objetivo que se busca como los procedimientos para lograrlo resultan impecables. Pero, ¡oh sorpresa! Salvo honrosas excepciones, este esquema teórico, en la práctica, no se cumple.  Es más, en muchos aspectos, los jerarcas del PRI hacen exactamente lo contrario de lo que pregonan.

Pruebas al canto. En el caso del municipio de La Paz, no obstante que los antorchistas ganamos en las pasadas elecciones de autoridades auxiliares, varios Consejos de Participación Ciudadana y Delegaciones, es decir, que en dichas contiendas derrotamos limpiamente a nuestros adversarios priistas, incluso perredistas, hoy resulta que el delegado comisionado por el C.D.E., no nos permite participar ni por la vía del consenso y menos aún por la ruta democrática. Lo mismo hizo el C.D.E., en Texcoco, en donde, por ejemplo, se comete un atropello del tamaño del Popocatépetl (imposible no verlo), al entregarle a la diputada local, Lourdes Aparicio Espinoza, la representación del seccional número 4687, en donde a lo sumo reúne a cuarenta familias, en tanto que los antorchistas hemos trabajado y brindado una opción de vivienda a ¡dos mil novecientas familias!  (Claro, por eso el miedo a que se haga una elección). Incluso, la convocatoria del C.D.E., exigía que los contendientes asistieran a un curso de capacitación, como requisito sine qua non para tener derecho a participar en el proceso y los únicos que se presentaron a tomarlo fueron, precisamente, los aspirantes antorchistas; sin embargo, ¡hoy son los únicos que se quedaron fuera del proceso y con “representantes” espurios en sus seccionales! Aún hay más: en el municipio de Ixtapaluca, donde la alcaldesa por el PRI es la antorchista Maricela Serrano Hernández,  resulta que hasta el momento de redactar estas líneas, también aquí el C.D.E., ha ignorado a nuestra organización y se sabe que todos los comités seccionales se entregarán en charola de plata a Armando Corona Rivera y otros liderzuelos, que a ojos vistas son una ínfima minoría, y además  traidores, puesto que votaron por el Partido Acción Nacional y contra Maricela Serrano en julio del 2012.

En contrapartida con todo este desaseo y violación flagrante a la convocatoria del partido, en el municipio de Chimalhuacán, donde gobierna Antorcha y se nos permitió conducir el proceso, sí que se han respetado escrupulosamente, tanto el objetivo como los procedimientos para integrar los comités seccionales. Es más, en los seccionales donde no hubo consenso y por tanto habrá elecciones el próximo domingo, en varios de ellos, la contienda será contra Antorcha;  la competencia será apasionada pero amistosa, sin represalias para nuestros adversarios y con absoluto respeto al resultado final, aunque la diferencia del cómputo sea por un solo voto, tal como ha sucedido en procesos similares. Cualquiera que guste puede corroborarlo en el terreno de los hechos.

En conclusión, el CDE del PRI continúa con sus prácticas antidemocráticas y autoritarias;  sigue en la misma postura de que una camarilla maneje nuestros estatutos y declaración de principios, simplemente, como adorno, para engañar a ingenuos y como material de consumo para la prensa, en tanto que en el terreno de la realidad, como ya dije, se hace exactamente todo lo contrario y se auspicia un partido de élites en donde sólo penetra aquel que pertenece a tal o cual mafia política. Y hoy que el PRI recuperó la Presidencia de la República, al menos entre la cúpula mexiquense, dicha práctica se ha potenciado, se ha tornado más cínica y ofensiva. ¿Qué se observa?: nula autocrítica y altanería desbordada; la visión de que en el año 2000, quien se equivocó no fue el partido sino el pueblo y de que éste es quien debe arrepentirse y pedir perdón. Todo lo contrario a la opinión de los antorchistas, que si bien admitimos que en nuestra crítica al PRI somos directos, incluso rudos, lo hacemos así porque tenemos la firme convicción de que es mil veces más útil una amarga verdad que una piadosa mentira. Y porque –como alguien dijo-, si los aduladores en el PRI volaran, seguramente nos quedaríamos a obscuras. Ciertamente nuestra opinión crítica es más incómoda pero mucho más leal.

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